Muerte por miedo

Denis miró a su alrededor como si fuera la primera vez que se despertaba en aquella habitación. Observó las sombras que proyectaban los objetos que cubrían todo el lugar, no le parecían peligrosas, ya que no era la primera vez que las veía, pero tampoco se sentía seguro con ellas junto a él. Deslizó los pies en el interior de sus zapatillas de estar por casa, sigilosamente, avanzó por la habitación hasta llegar a la puerta y la cerró cuando cruzó el umbral. Aunque sentía que podía respirar tranquilo unos segundos, sabía que no podía permitirse confiar demasiado en ese lugar que llamaban casa.
Intentó serenarse un poco, diciéndose que todo lo que estaba percibiendo eran sólo imaginaciones suyas y que lo único que necesitaba era tomarse un vaso de leche con un calmante e irse a la cama. Sin embargo, en cuanto pisó el suelo del pasillo que le iba a llevar hasta la cocina sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo y le hizo girar la cabeza en dirección a la puerta principal, tras la cual se podían oír unos extraños ruidos que provenían del exterior de su casa.
Como si estuviera en una especie de trance, avanzó lentamente hacia la puerta y no se detuvo hasta posar la mano sobre el pomo. Estaba muerto de miedo, pero no podía evitar que la curiosidad, esa que a veces podía resultar tan mortal, le arrastrara hacia el exterior, por muchas ganas que tuviera de esconderse en su habitación, como cuando era pequeño en esos momentos en los que sus padres se acababan lanzando la vajilla de la cocina, literalmente.
Se tomó unos segundos para respirar hondo mientras estaba con los ojos cerrados, intentando reunir el valor suficiente para atreverse a girar el pomo de una vez por todas. Empezó a levantar los párpados a la vez que giraba el pomo y una vez abierta la puerta no pudo volver a cerrar los ojos por lo que tenía ante sus ojos.
En su corta vida Denis jamás había visto tanta destrucción. Apenas podía creer que pocas horas antes había vuelto del trabajo caminando por su césped perfectamente limpio y cortado y en ese momento lo único que podía verse eran restos de hierba quemada mezclados con piel, huesos y sangre humana. Empezaba a sentir que se mareaba por momentos, quería creer que estaba en un mal sueño, pero por mucho que se pellizcara el brazo como Alicia en el País de las Maravillas temía que no iba a poder despertarse. Avanzó temeroso, esquivando algún que otro fragmento del cráneo de alguno de sus vecinos.
Tuvo que apoyarse en uno de los árboles que tenía más cercano a él para no caerse al suelo, sentía que todo le daba vueltas y no pudo evitar vaciar el contenido de su estómago entre sus pies al ver a un gato muerto separado de su pellejo. Denis había acariciado muchas veces a ese lindo gato cuando había visitado a su amigo Marcos. Marcos. ¿Dónde estaría su vecino y amigo? Existía la posibilidad de que le hubiera pasado algo, si había matado a su gato era muy probable que le hubieran hecho algo a Marcos. Con las pocas fuerzas que tenía, caminó como pudo hasta la casa de su vecino.
La casa de Marcos estaba a cien metros de la suya, no era un camino muy largo, normalmente no le llevaba más de cinco minutos, pero se encontraba demasiado asustado y mal como para caminar más deprisa. Tras lo que le pareció veinte minutos, suspiró de alivio y cansancio al encontrarse delante de la casa de su amigo. No estaba preparado para lo que podía encontrarse al abrir la puerta de su casa. Avanzó hacia la entrada, la puerta estaba abierta, como si alguien la hubiera forzado, pero la cerradura estaba intacta. Era posible que Marcos se hubiera olvidado de cerrarla al volver a casa. Sin darse cuenta, Denis aguantó la respiración, tenía el corazón pegado a la garganta mientras empujaba la puerta.
Apenas había avanzado un par de pasos cuando percibió un fuerte olor a podrido que hizo que le empezaran a lagrimear los ojos y antes de que se diese cuenta tenía un cadáver clavándole los putrefactos dientes en el cuello. Denis empujó como pudo al cadáver, pero perdió el equilibrio y aterrizó en el suelo sintiendo que todo se volvía negro.
Denis abrió los ojos despertándose de la pesadilla con la respiración agitada. Se levantó de la cama y, como si el suelo le quemara, fue corriendo hasta la puerta principal para comprobar si su jardín estaba tan destrozado como en la pesadilla que acababa de tener. Respiró aliviado al comprobar que todo había vuelto a la normalidad, el césped estaba tan limpio como siempre pero al cerrar la puerta y mirarse en el espejo de la entrada vio que su reflejo era el de un muerto viviente.