La visita

El verde de la hierba brilla con menos intensidad que de costumbre. El cielo tiene un color apagado. como si fuera a echarse a llorar de un momento a otro. En ese momento, veo aparecer una silueta que no desentona nada con el gris del paisaje. No puedo distinguir quién o qué es, no puedo oír ni un solo sonido de los que hace al andar pero puedo ver como mueve la boca intentando producir algún sonido. Quedándome petrificada observo como se va acercando lentamente, paso a paso, hasta que distingo su rostro…no tiene rostro. Dónde deberían estar sus ojos y su boca no hay nada, solo un oscuro hueco. El resto de su cuerpo está cubierto por una capa roja como la sangre. Acerca sus huesudas manos con sus largas uñas de casi cinco centímetros de largo a mi cuello y me lo aprieta hasta que la vida abandona mi cuerpo y se desploma inerte contra el suelo.