Un final injusto…pero no es el final

Pasé por debajo del gran arco de flores con las manos entrelazadas a la altura del ombligo mientras observaba a mi futuro marido. Llegué hasta el altar, no le miré a los ojos más que un instante y nos pusimos de frente mirando al cura. No escuché nada de lo que decía, no podía parar de pensar en lo que me había llevado a esa situación, sentía impotencia por tener que estar junto a mi violador y tener que casarme con él.

Todo empezó la tarde que mi madre me mandó a hacer la compra al mercado, intenté convencerla de que era mejor que fuera por la mañana, ya que no me apetecía caminar veinte kilómetros sola, sin embargo no me escuchó absolutamente nada. Me fui a regañadientes, pero apenas llevaba veinte minutos caminando cuando un hombre apareció y me puso un cuchillo dentado al cuello. Me arrastró hacia un callejón, aunque no creí que hiciera falta, ya que no había nadie en ninguna parte.

Me empujó contra la pared sin despegar el cuchillo de mi cuello. Paralizada, no me atreví a gritar, empezó a abrirme las piernas, en un acto reflejo las cerré, a lo que me clavó aún más el cuchillo lo que hizo que empezara a notar un hilo de sangre. Con brusquedad se bajó los pantalones, me volvió a abrir las piernas de un tirón y me empezó a penetrar fuertemente. Quise gritar, quise hacerlo muy fuerte, tanto que todos los cristales se rompieran y a ese miserable le sangraran los oídos…pero no lo hice. Quería sobrevivir, tenía la esperanza de que lo meterían en la cárcel. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Al terminar conmigo, me dejó tirada en el suelo y me quedé quieta durante lo que me parecieron horas. Logré levantarme apoyándome en la pared y me dirigí a casa. Entré esperando poder refugiarme en los brazos de mi madre. Sin embargo, me miró de arriba abajo nada más atravesar la puerta y me cruzó la cara con la palma de la mano. Con los ojos inundados en lágrimas la miré sin comprender nada.

– Tú te lo has buscado, ya sabes lo que pasa cuando vas provocando – me dijo con un rudo tono de voz.

– ¿De qué estás hablando?

– De que si no hubieras ido vestida como una puta no te habría pasado nada, pero lo único que te interesa es provocar para luego hacerte la víctima, pues ya lo has conseguido.

Le conté a mi hermano como era físicamente mi violador junto con todo lo que recordaba de él, y se lo contó a mis padres, lo que tuvo como consecuencia que a la semana siguiente mi violador estuviera sentado en el salón de mi casa. Desde ese momento hasta la boda no salí de mi cama absolutamente para nada, no paraba de llorar y no podía comer. Y me encontraba allí, teniendo que responder si quería o no casarme con este monstruo. Miré a mi madre, pidiendo ayuda con la mirada y ella giró la cabeza.

– Sí, quiero

Sabía que la vida que me esperaba no era la que me merecía, pero no me iba a rendir tan fácilmente. Esperaría el momento adecuado.

Una bruja poco peculiar

Montada sobre la escoba paseo sobre el firmamento, haciendo que mi sombra cubra la mitad de la luna. Con suavidad, inclino el palo y aterrizo sobre la superficie terrestre. Avanzo con seguridad hacia una casa verde. No soy la típica bruja que lleva un gorro terminado en pico, ni llevo puesto un vestido cuadrado oscuro, sino que soy un poco diferente: aparento ser una mujer joven y normal, vestida con unos vaqueros y una blusa blanca, con el pelo moreno y la tez más bien pálida. Puede parecer que soy una simple chica buena, pero nada tiene que ver con la realidad. Obviamente es la realidad que quiero transmitir, pero sólo para mi propio beneficio.

Doy un par de suaves golpes a la puerta y se abre al instante.

– ¿Puedo ayudarte en algo? – me pregunta un hombre alto con una mirada lasciva recorriéndome de los pies a la cabeza.

– El coche me ha dejado tirada puedo usar tu teléfono para llamar a alguien para que me recoja.

– Claro, pasa.

Tras pasar y cerrar la puerta le miré directamente a los ojos y no dejé que apartara la mirada hasta pasados unos minutos. Entonces comencé a besarle apasionadamente, hasta casi dejarle sin respiración. Le tiré al suelo y le ordené que me bajara los pantalones, lo que hizo arrodillado mientras no apartaba la mirada de mis ojos. Le hice desnudarse, me coloqué sobre él y empecé a cabalgarle. Era yo la que en todo momento controlaba que era lo que pasaba, él estaba hipnotizado, no tenía voluntad, así que yo tenía todo el control.

En cuanto llegué al orgasmo y, sin esperar a que lo hiciera él, levanté ambos brazos hacia arriba, cayeron un par de rayos sobre la casa y el hombre se convirtió en una manada de murciélagos que salieron volando por todos lados. Estallé en unas sonoras carcajadas, cogí el móvil que se estaba sonando y dije una sola frase:

– Ya está hecho

 

Es lo que te mereces

Mientras camino sobre las rocas encojo mis pies por el frío del agua. El viento invernal ondea mi cabello, lo que no permite enfocar la vista en el paisaje. Me bajo de las rocas, para caminar por la tierra húmeda, sintiendo como el agua cristalina me alcanza las rodillas. De pronto, oigo a alguien que me llama, me giró rápidamente y veo a Damián, que se queda parado con la mirada fija en mi. Me dirijo a él, pero sin prisa, moviendo lentamente los pies, disfrutando de la sensación de sentir los pies helados mientras los muevo. Llego a la orilla, donde se encuentra Damián mirándome fijamente con los brazos cruzados. Me coloco en frente de él, nos miramos fijamente a los ojos y rápidamente nos pegamos para besarnos como si nos faltara el aire. Tiro a Damián al suelo y me coloco encima de él. Sigo besándole y cuando empieza a sonreír viene una ola y le ahogo en ella. Empieza a patalear, pero no le suelto hasta que no deja de moverse. Es entonces cuando me levanto y con una sonrisa de oreja a oreja me dirijo hasta la cabaña para quemarla. No me gusta dar explicaciones sobre mis acciones pero creo que en esta ocasión voy a disfrutar dándolas. Mi historia con Damián fue como cualquier película ñoña de amor, sin embargo terminó el día en el que no respetó mi decisión de no tener relaciones sexuales cuando tenía la menstruación, para ser más explícita, ME VIOLÓ, y fue en ese momento cuándo decidí vengarme.

Puede que no sea lo más ético, pero ha sido mi decisión porque no pensaba dejar que un hombre me mancillara y me humillara sin reaccionar.