La campesina y el sobre

La campesina metió el sobre en el buzón y salió corriendo despavorida antes de que alguien tuviera tiempo de verla. Una vez llegó a su cabaña, cerró la puerta y se apoyó en ella con un suspiro. Al fin había cumplido con su cometido y podría ser libre  de una vez por todas. El contenido del sobre sólo lo sabía la campesina, ni siquiera la persona que le había obligado a mandar ese sobre sabía lo que contenía. Ya sólo le quedaba esperar cómo se desarrollarían los acontecimientos.

Esperó un día, dos días y al tercer día tuvo noticias. Un paquete llegó a las puertas de su cabaña. Ansiosa lo cogió con cuidado de que no la viera nadie, y se metió en la cabaña. Le temblaban las manos, pero la curiosidad era más poderosa que su miedo. Dentro había una nota en la que ponía “Has cumplido con tu cometido. Aquí tienes lo que prometí. Ya no tendrás más noticias de mí.”.

Debajo de la nota había una bolsa de tela cerrada con un pequeño cordel. Al abrirlo estaba todo lleno de monedas de oro, tal cantidad de monedas de oro que no era capaz de contarlas. ¡Iba a poder irse de aquel maldito pueblo para empezar una nueva vida! De pronto, alguien llamó a la puerta. Rápidamente, metió las monedas y la nota en la caja y lo escondió debajo de la mesa.

– Aurora, ¿sabes lo que ha pasado? – le preguntó alterada Manuela, su anciana vecina.

– No, ¿qué ha ocurrido?

– El padre de Martita ha muerto

– ¿Cómo ha sido?

– Alguien le mandó una carta diciéndole que su hija estaba embarazada y le dio un ataque al corazón.

– ¿Y es verdad eso?

– No, Martita es una santa. Creo que alguien ha debido de enviarle esa carta sabiendo su enfermedad del corazón para matarlo.