Incumplimiento del trato

Estaba terminando de recoger la mesa cuando noté que se acercaba a mí por la espalda. Pegué un pequeño salto del susto al no esperarme que se acercara tanto a mi cuerpo. Podía sentir su piel mojada de la ducha y la toalla apenas servía de barrera entre su duro miembro y mi trasero.

-Te he echado de menos en la cama -me dijo dando pequeños besos en mi cuello que provocaron un escalofrío a lo largo de mi cuerpo.

-Tenía que levantarme temprano para…para…hacer…deporte -conseguí decir aunque sus caricias no hacían más que desconcentrarme.

Una de sus manos se deslizó por mi brazo, recorrió mi pecho, anduvo por mi vientre hasta alcanzar mi ropa interior. Mi estómago se encogió de placer ante las intenciones que Óscar tenía. Metió la mano dentro de mis bragas y alcanzó la abertura de mi vagina. Arrastró mis excitados fluidos hasta mi clítoris y comenzó a masajearlo en suaves círculos.

De mi boca no paraban de salir un jadeo tras otro. Las piernas me temblaban y tuve que agarrarme con más fuerza a la tabla de la mesa hasta provocar que mis nudillos se blanquearan.

-Óscar…

-Dime -dijo él con toda la tranquilidad que a mi me faltaba.

-No…pares. No pares, Óscar.

Cambió la intensidad de sus dedos. En lugar de círculos, comenzó a trazar rápidas y bruscas líneas horizontales que me llevaron a ver las estrellas en apenas unos minutos. Mis piernas dejaron de sostenerme y él tuvo que ayudarme para no caerme al suelo.

-¿Estás bien? -me preguntó con una burlona sonrisa.

-Sí. Mareada, pero estoy bien. ¿Por qué lo has hecho? -le pregunté al darme la vuelta y apoyarme en la mesa.

-No lo sé. Ya te he dicho que te he echado de menos cuando me he despertado sólo en la cama y al verte de espaldas…supongo que el cuerpo me ha pedido darte placer.

Lo miré totalmente confundida. Aquellos sentimientos no formaban parte del trato.