Bajo el rosado árbol

Sentada en el frío banco, siento como mis doloridos huesos se resienten por el húmedo temporal. Me pesan las arrugas de mi rostro y las pieles se desprenden de mi cuerpo debido a el paso de los años. Las rosadas hojas se caen de los árboles, al igual que mis cabellos se vuelven grises y mis ojos pierden su brillo.

A lo largo de mi vida he visto demasiadas cosas, algunas han sido maravillosas, y sin embargo otras han sido terribles, tanto que me cuesta reproducirlas en mi memoria. He creado una familia maravillosa, que el día que tenga que abandonarla me va a doler más a mí que a ellos. He luchado desde que tengo uso de razón y he conseguido grandes cosas gracias a ello. Es verdad que mi vida ha sido bastante dura, pero no me arrepiento de nada de lo que he vivido y no cambiaría nada de ella.

El viento me acaricia el rostro recordándome que la noche se va acercando y que debo volver a casa antes de que sea totalmente de noche. Me levanto con dificultad apoyándome en el bastón y vuelvo a casa caminando junto al río, el mismo río que me vio nacer, con el que crecí y en el que espero abandonar este maravilloso y, a la vez, desdichado mundo.