Clichés románticos

Llevo años siendo una fiel lectora de novela romántica. No sé si es porque soy una ñoña empedernida o qué pero me encanta leerla y acabo sufriendo mucho con los personajes. Pues, ¿puedes creerte que nunca he detectado un cliché? Es más. Creía que no existían en la novela romántica.

Llámame lela, si quieres, pero no me había dado cuenta.

Así que he hecho una pequeña labor de investigación para saber cuáles eran los clichés de la novela romántica que otros lectores habían detectado. Cuál ha sido mi sorpresa cuando he descubierto que hay montones y montones de clichés. Creía que me iba a dar algo, pero eso ya te lo explicaré más adelante. Por ahora voy a ponerte una pequeña lista con algunos de los clichés más comunes. Ahí van.

  • Personaje femenino principal es virgen.
  • Hombre sobreprotector.
  • Segundo hombre interesado en la protagonista.
  • El chico se pone celoso.
  • Las mujeres son propiedad del hombre.
  • Los personajes no pueden estar juntos por alguna razón.
  • El chico cambió al conocer a la chica principal.
  • Los personajes se conocen en una situación incómoda.
  • Hay una segunda mujer que es toda una maldita.
  • Todos mueren por la chica principal.
  • Tienen un malentendido que lleva al chico a disculparse en un lugar público.

Vale, ahora es cuando los que aspiramos a ser escritores de novela romántica tiramos dramáticamente el lápiz al suelo y nos echamos a llorar. ¿Cómo voy a escribir una novela romántica sin caer en ninguno de estos clichés? Tú dirás: “Ten un poco de imaginación”. Puede que tengas razón, pero demasiada imaginación hay que tener para no creer en ningún cliché del mundo. Tienes que tener en cuenta que esta es sólo una pequeña lista, la que hice inicialmente era mucho más larga pero no he querido aburrirte más de lo necesario.

Creo que esta va a ser otra de las cosas que voy a tener que asumir cómo escritora. Tendré que aprender que repetir clichés no siempre es malo, que lo importante es la forma de contar la historia. Pero créeme cuando te digo que no es algo fácil.

Cuando leo este tipo de cosas me entra la inseguridad y empiezo a pensar que nunca llegaré a conseguir nada con mis libros.

¿Tú qué piensas de los clichés? ¿Conoces alguno más de la novela romántica?

Los zapatos de Elisa

Javier se despertó a las siete de la mañana desvelado, no podía seguir durmiendo por más que lo intentaba. Llevaba un par de horas dando vueltas en la cama, sin embargo, hacía demasiada calor como para intentar volver a dormir. Con un gran bostezo y los ojos vidriosos entró en el baño para lavarse la cara, aunque en realidad no le hacía falta despejarse. Se secó la cara con la toalla que tenía junto al lavabo y al levantar la cabeza vio en el reflejo del espejo que había unos tacones blancos en el suelo del baño.

Se giró para comprobar que era verdad que esos tacones estaban en su baño, que no eran imaginaciones suyas, que no era un extraño sueño. Cogió uno de los tacones y lo observó detenidamente. ¿Quién había dejado esos zapatos en su baño? ¿Era posible que alguien hubiera entrado en su casa durante la noche? Intentó recordar si alguna de sus últimas conquistas había llevado unos tacones blancos pero al hacer memoria sólo se le venía una cara a la cabeza.

Suspiró pesadamente mientras pronunciaba el nombre de la dueña de los tacones. Elisa. Esa rubia de ojos oscuros había puesto su vida patas arriba incluso en su propio baño. Acarició el zapato suavemente con la yema de los dedos rememorando el último día que estuvieron juntos. Todo fue perfecto, aquel día fue maravilloso…hasta que se despertó a la mañana siguiente y ella no estaba. Parecía que nunca había estado en su casa, que nunca habían hecho el amor en su cama, que no se había amado ni una sola vez. Puede que Elisa nunca le hubiera amado, pero sin duda Javier la había querido hasta el punto de querer darlo todo por ella sin pensarlo ni una sola vez.

Por mucho que le doliera, no podía evitar sonreír al mirar los tacones. El final de su corta relación fue sin duda lo peor que le había pasado, pero fue muy feliz durante el tiempo que pasaron juntos. Javier nunca cambiaría el tiempo que había pasado junto a Elisa por nada del mundo. Se llevó los tacones a su habitación y los colocó junto a la ventana por la que entraba el sol todas las mañanas. A partir de ese momento, cada vez que se despertara, quería ver esos tacones cada mañana y así recordaría todos los buenos momentos vividos junto a Elisa. ¿Quién sabe si algún podría devolvérselos y retomarían lo que dejaron entre aquellas paredes?

El show debe continuar

Tras terminar de maquillarse los ojos cogió una barra de labios en un tono rojo sangre y se la pasó lentamente por el labio inferior para seguidamente pasarla por el superior. Colocó el pintalabios en su lugar, cogió su ondulada peluca castaña y se la puso sobre el cuero cabelludo. En ese momento se permitió admirarse en el espejo del camerino. Cada noche le pasaba lo mismo, no le gustaba prestarse atención en el espejo hasta que no había terminado de arreglarse, le parecía como si en un juicio hiciera sólo la mitad de la defensa. En su vida diaria Roberto apenas se arreglaba, sin embargo, en el momento de salir a escena se transformaba en Mariana y se preocupaba de salir perfectamente peinada y maquillada.
Salió del camerino caminando lentamente con sus altos y finos tacones sintiéndose la reina de la noche mientras se dirigía a la parte de atrás del escenario para salir a actuar en cuestión de minutos. Inspiró hondo durante unos instantes intentando no ponerse demasiado nervioso hasta que la voz de su jefa le presentó al público una vez más, la cortina color burdeos que le separaba del escenario se levantó tan despacio que parecía no tener prisa por mostrarle a los invitados de esa noche.
A partir de ese momento se olvidó de que se llamaba Roberto, que de día trabajaba en un bufete de abogados y que su novia no le hablaba desde que el día anterior se había enterado de que era drag queen por las noches. En su mente sólo existía el nombre de Mariana y la canción que tenía que interpretar para su público.
Comenzó a dar pasos por el escenario, sentía que la música empezaba a invadir todo su cuerpo, desde la punta de los pies hasta la raíz de su peluca. De su boca brotaba la letra de la canción, parecía que la había estado cantando toda la vida, no le hacía falta esforzarse para recordar cada palabra de la canción. De repente, su vista captó algo entre el público o más bien a alguien, una cabellera negra que conocía muy bien. Karen estaba entre el público, su novia había venido a verle. No pudo evitar que por un momento la voz se le quebrara y los ojos le empezaran a brillar de la emoción. Sin embargo, el show tenía que continuar, como siempre decía su jefa.
Durante toda la actuación Roberto no apartó la vista de los marrones ojos de Karen, quería dedicarle la canción a ella y sabía que, a través de sus ojos, ella iba a saber que era la destinataria de la canción que dibujaban sus labios. Una vez terminó de cantar pudo respirar tranquilo y pudo observar como Karen levantaba su redondo cuerpo y subía a la plataforma que usaban de escenario. Se acercó a él sin ninguna prisa. De repente, Roberto se quedó petrificado, el local se había quedado en absoluto silencio. Karen acarició el rostro maquillado de Roberto y lo besó en los labios apasionadamente hasta casi dejarle sin respiración. Cuando se separaron sólo podían oír a su alrededor los aplausos de todo el público. Karen sonrió a Roberto y le susurró al oído “Estoy muy orgullosa de ti”.