La pitonisa

En la feria había demasiada gente dado que eran las cinco de la tarde y otros años en esa época el recinto solía estar casi vacío. A Marcos le encantaba ir a la feria cada año, el pueblo rebosaba de vida en cada esquina y los puestos eran cada vez más encantadores.

Fue al puesto de libros antiguos y de segunda mano y vio un libro que no había visto nunca antes. Era un diario que había hecho una escritora del siglo XVII y Marcos no dudó ni un segundo en comprarlo. De repente, se dio cuenta de que había un puesto nuevo ese año. Se trataba de una carpa de color morado oscuro, pero no tenía ni idea de quién había dentro ni de qué hacía.

Sin embargo, la curiosidad pudo con él. Con su diario en mano, se dirigió a la carpa y se adentró en ella lentamente. El interior de la carpa era de un color rojo sangre y en el centro había situada una pequeña mesa redonda con una bola de cristal. Pensó que se trataría de la típica pitonisa que intentaría adivinarle el futuro, y creyó que sería divertido escuchar lo que tenía que decirle.

De una cortina salió la pitonisa. Creía que sería una anciana como la del cuento de blancanieves, pero era todo lo contrario. Era muy joven, dudaba de que fuera mayor de edad, muy hermosa, pelirroja y con los ojos azules.

– ¿Me puede decir qué va a pasar? – le preguntó Marcos nervioso.

– Hola a ti también

– Lo siento

– No te preocupes. Déjame que atienda a tu petición.

Pensaba que no iba a aparecer nada en el cristal de la bola, pero todo lo que veía la pitonisa también lo veía Marcos. Vio la puerta de su propia casa, vio que había un hombre que forzaba la puerta de su casa y empezaba a robárselo todo.

– ¿Esto es lo que pasará en el futuro? – le preguntó Marcos acongojado.

– Esto es lo que está pasando en este instante.

Marcos se levantó corriendo y, olvidándose el libro en la  carpa, se fue a su casa como alma que lleva al diablo. Tardó 20 minutos pero al llegar a su casa ésta estaba desvalijada. Se dirigió a la puerta del portal con la esperanza de que aún tuviera tiempo para alcanzar al ladrón, pero sólo pudo alcanzar a ver cómo se subía a un taxi.

Sin embargo, no consintió en rendirse. Cogió un taxi sólo le dijo una frase “¡Sigue a ese taxi!”. Estuvo media hora en el coche hasta que el taxi del ladrón se detuvo y se abalanzó sobre él. Al mirar su rostro pudo ver que se trataba de la pitonisa de la feria. Se había estado burlando de él descaradamente.

La infidelidad y el robo

Robó la joya movida por los celos y la escondió en el bolso mientras seguía paseando por la casa. No sólo era la casa de su mejor amiga, era la casa de la amante de su mujer. No podía evitar sentir una inmensa furia hacia ella, aunque en el fondo sabía que la culpable de todos sus enfados era su esposa.

Siguió a la amante hasta su habitación. Por lo visto tenía algo que darle. Le daba lo mismo, no pensaba devolverle la joya aunque se la pillara en el bolso. Era el collar que le regaló a su mujer en su primer aniversario y pensaba tirárselo a la cara en cuanto llegar a casa.

La amante la sujetó de las manos, se la quedó mirando fijamente a los ojos y, de improviso, la besó apasionadamente en los labios. No se lo esperaba, pero cuando se separó de ella empezó a sentir un intenso frío. Bajó la vista y vio que tenía un cuchillo clavado en el estómago. Se desplomó en el suelo y antes de perder el conocimiento vio cómo la amante sacaba de su bolso la joya que había robado.

Al despertar, se encontró en una oscura habitación con una gran reja. Había vuelto a soñar con su último día de libertad.