Twitter y unas fotos

Alberto encendió un día más el ordenador con el estómago encogido por los nervios. Tenía que entregar un trabajo para clase y le quedaban pocas horas para que venciera el plazo. Comenzó a escribir cuando sonó su móvil. Era una notificación.

Desbloqueó el teléfono y observó que la notificación era de un nuevo mensaje privado de Twitter. El miedo dominó el cuerpo de Alberto. No quería leer aquel mensaje, sabía quién se lo había enviado. Decidió que lo ignoraría. Si no lo leía sería como si no existiera, pero le volvió a llegar otro mensaje.

Él se negaba a mirar el móvil siquiera, pero le volvió a llegar un tercer mensaje. Con un suspiro de resignación decidió leer los mensajes.

Nos vemos esta tarde en el hotel

Ya sabes lo que pasará si no vienes

Tengo fotos tuyas y se las enviaré a tus padres

No era la primera vez que aquella mujer amenazaba con enviar las fotos que el le había mandado a gente de su entorno. Sabía que tarde o temprano volvería a enviarle esos asquerosos y amenazantes mensajes. Sin embargo, ya no tenía nada de que temer. Su familia lo sabía todo. Habían ido a la policía y denunciaron lo que estaba haciendo aquella mujer.

Alberto estaba muy arrepentido. Había accedido a los chantajes de su ciber-acosadora, se equivocó al mandarle fotos suyas desnudo, pero mantuvo relaciones con ella bajo sus horribles amenazas. Su familia lo ayudó y lo apoyó. Lo acompañó a poner la denuncia contra esa mujer y sólo quedaba esperar que la justicia siguiera su curso y rezar para no difundiera las fotos entre ninguno de sus conocidos. Antes preferiría abandonarlo todo y fugarse muy lejos de allí.