El show debe continuar

Tras terminar de maquillarse los ojos cogió una barra de labios en un tono rojo sangre y se la pasó lentamente por el labio inferior para seguidamente pasarla por el superior. Colocó el pintalabios en su lugar, cogió su ondulada peluca castaña y se la puso sobre el cuero cabelludo. En ese momento se permitió admirarse en el espejo del camerino. Cada noche le pasaba lo mismo, no le gustaba prestarse atención en el espejo hasta que no había terminado de arreglarse, le parecía como si en un juicio hiciera sólo la mitad de la defensa. En su vida diaria Roberto apenas se arreglaba, sin embargo, en el momento de salir a escena se transformaba en Mariana y se preocupaba de salir perfectamente peinada y maquillada.
Salió del camerino caminando lentamente con sus altos y finos tacones sintiéndose la reina de la noche mientras se dirigía a la parte de atrás del escenario para salir a actuar en cuestión de minutos. Inspiró hondo durante unos instantes intentando no ponerse demasiado nervioso hasta que la voz de su jefa le presentó al público una vez más, la cortina color burdeos que le separaba del escenario se levantó tan despacio que parecía no tener prisa por mostrarle a los invitados de esa noche.
A partir de ese momento se olvidó de que se llamaba Roberto, que de día trabajaba en un bufete de abogados y que su novia no le hablaba desde que el día anterior se había enterado de que era drag queen por las noches. En su mente sólo existía el nombre de Mariana y la canción que tenía que interpretar para su público.
Comenzó a dar pasos por el escenario, sentía que la música empezaba a invadir todo su cuerpo, desde la punta de los pies hasta la raíz de su peluca. De su boca brotaba la letra de la canción, parecía que la había estado cantando toda la vida, no le hacía falta esforzarse para recordar cada palabra de la canción. De repente, su vista captó algo entre el público o más bien a alguien, una cabellera negra que conocía muy bien. Karen estaba entre el público, su novia había venido a verle. No pudo evitar que por un momento la voz se le quebrara y los ojos le empezaran a brillar de la emoción. Sin embargo, el show tenía que continuar, como siempre decía su jefa.
Durante toda la actuación Roberto no apartó la vista de los marrones ojos de Karen, quería dedicarle la canción a ella y sabía que, a través de sus ojos, ella iba a saber que era la destinataria de la canción que dibujaban sus labios. Una vez terminó de cantar pudo respirar tranquilo y pudo observar como Karen levantaba su redondo cuerpo y subía a la plataforma que usaban de escenario. Se acercó a él sin ninguna prisa. De repente, Roberto se quedó petrificado, el local se había quedado en absoluto silencio. Karen acarició el rostro maquillado de Roberto y lo besó en los labios apasionadamente hasta casi dejarle sin respiración. Cuando se separaron sólo podían oír a su alrededor los aplausos de todo el público. Karen sonrió a Roberto y le susurró al oído “Estoy muy orgullosa de ti”.