No aguanto más

Abrí los ojos y miré la hora en el despertador situado a mi derecha. Las siete de la mañana. Por unos segundos me planteé cerrar los ojos y seguir en la cama. Sin embargo, eran muchas las cosas que tenía que hacer ese día. Como pude, me senté en la cama y, trabajosamente, me levanté de la cama para ir al baño.

Tras hacer las necesidades básicas de todo ser humano, me miré en el espejo. Tenía que echarme crema en la cara, ya se me estaba empezando a despellejar de lo seca que estaba, pero me daba mucha pereza hacerlo. Di un par de pasos hacia atrás y miré mi reflejo en el espejo. Mis piernas empezaban siendo finas pero conforme se iba subiendo la mirada por ellas se iban ensanchando hasta llegar a las caderas cuya anchura ya no disminuía. No era modelo, eso estaba claro y ya había aceptado que los estereotipos de belleza no eran para mí. Sin embargo, había que ser honestos…¡tampoco estaba tan mal!

Salí del baño y, apoyada en el marco de la puerta, observé mi cama. Romy ocupaba mi cama. Estaba tumbado de lado y casi no cabía en el colchón de lo grande que era, todo en él era grande. Con una sonrisa en la cara, fui sigilosamente a por mis zapatillas y mi bata y me dirigí a la cocina. Tenía tanto, pero tanto sueño que era totalmente consciente de que o me tomaba un café bien cargado o me iba a acabar durmiendo encima de la mesa de trabajo.

No tenía hambre así que no me esforcé en prepararme nada más. De repente, sentí que alguien me abrazaba la cintura por la espalda.

  • ¿Te he despertado? – le pregunté a Romy preocupada.
  • Sí, cuando me notado que no estabas en la cama – me respondió con la cara pegada en el hueco de mi cuello.
  • Tienes el sueño demasiado ligero. – le dije con un leve ronroneo al sentir como su mano derecha iba bajando por mi vientre.
  • O puede que tú debieras levantarte más tarde

Su mano siguió bajando hasta llegar al nudo de mi bata que desató, continuó por mi ombligo y llegó a la cintura de mis pantalones. Su mano se adentró en mi ropa interior y yo no pude aguantar más. Comencé a jadear como si un fuego abrasador me consumiera.

  • Romy…no debemos…no ahora – iba a volverme loca de un momento a otro.
  • Estás segura de que es lo que quieres – su mano se detuvo, y ya sólo podía pensar en el dolor que quería que me aliviase.

Me giré hasta quedarme frente a él, ya mi cerebro no era capaz de razonar absolutamente nada. Sin apartar mis ojos de los suyos me quité la bata, me bajé los pantalones y la ropa interior y me subí a la encimera.

Al ver que no pensaba continuar lo que había dejado, fui yo la que bajé mi mano y acaricié mi clítoris en círculos. Romy se metió la mano bajo el pantalón y sacó su pene para acariciarlo de arriba abajo y cuando llegué al clímax y grité, él lo hizo conmigo.

La lámpara rota

Pedro tiró la lámpara al suelo al entrar en su habitación y se quedó mirándola con terror en los ojos. Se arrodilló en el suelo y agarró uno de los trozos rotos entre sus dedos. Pedro le había regalado esa lámpara a Carmen cuando llevaban un mes viviendo en aquella casa, su primera casa. El lugar en el que al principio fue su nido de amor, pero con el tiempo se acabó convirtiendo en un verdadero infierno para Pedro. Todos aquellos golpes, los insultos, los gritos…

Esa lámpara se había roto al igual que su corazón hacía mucho tiempo. Sólo seguía al lado de Carmen por costumbre, había pasado muchos años junto a ella y no conocía otra cosa. Sin embargo, en aquel momento se dio cuenta de que tenía toda la vida por delante para desperdiciarla de aquella manera.

En aquel momento Carmen entró en la habitación y al ver la lámpara rota su expresión comenzó a tornarse enfadada y levantó el brazo para volver a pegar a Pedro, pero éste no lo permitió. Le sujetó la mano y le dijo una sola frase:

– Dame el anillo – Su mirada reflejaba todo el dolor y la tristeza que había acumulado durante años.

– ¿De qué hablas, gilipollas? No vales para nada, eres un maricón. – Carmen quiso desprenderse de su agarre, quería darle otra de sus palizas, le gustaba pegar a su novio aunque había dejado de quererle hacía mucho.

– No pienso repetírtelo dos veces, o me lo das o te lo quito yo. – Le dijo soltándole las manos con rabia.

Al ver que no estaba aterrorizado se quitó el anillo y lo tiró al suelo para después salir de la habitación. Se agachó por última vez y cogió el anillo para guardárselo en el bolsillo. Se quitó el suyo y lo colocó en la mesita de noche de Carmen.

No hizo las maletas, no tenía nada que llevarse de aquella casa, nada que mereciera la pena más que el anillo que llevaba en el bolsillo. Abrió la puerta de la entrada, observó la que había sido su casa por última vez y cerró la puerta tras de sí.

Nunca tenían que haber vivido juntos, había ido mal desde el principio.

Encuentros en la oscuridad

La oscuridad me rodea mientras oigo mi propia respiración agitada. Mis ojos intentan examinar cada rincón en el que haya un ápice de luz y sin embargo, no hay nada que me sirva de entretenimiento. Llegué con mi novio a este raro club en el que entras a un cuarto oscuro, separada de tu pareja obviamente, y esperas a que otra persona entre en la habitación. Estoy muy nerviosa, no sé qué es lo que va a pasar, ni lo que me va a hacer esta persona. Creo que ni siquiera debería haber aceptado venir, está claro que es divertido probar cosas nuevas, pero ¿no podríamos haber ido a ver una obra de teatro como hacen las parejas normales? No, teníamos que ir a un club de intercambio de parejas donde te puede pasar cualquier cosa.

De repente, mis pensamientos se detienen al escuchar como se abre la puerta, pero la luz que entra por la rendija se extingue antes de que pueda observar el rostro de mi reciente acompañante. Una tenue luz empieza a alumbrar la estancia, pero no lo suficiente como para distinguir a mi susodicho.

– ¿Cómo te llamas? – me pregunta con una voz suave.

– Adela. ¿Y tú? – le pregunto con la voz temblorosa

– Giorgio. No tengas miedo de mi. No haré nada que no quieras que haga.

Acerca su boca a la mía y me la besa dulcemente, posa sus manos en mi cintura y me acerca a él. Poco a poco, empiezo a besarle yo, al principio lo hago con timidez y después al sentir emanar el calor de su cuerpo me envalentono y acabo besándole como si me faltara el aire. Le empujo hasta llegar a la cama, le tumbo sobre el colchón y me coloco sobre él. Le beso por el cuello con dulces besos, preparándome para lo que se que debo y quiero hacer. No sé si Sebastián se estará acostando con otra chica, pero yo si lo haré. No puedo evitar sentir cosas tan ardientes.

Cojo su miembro, lo guío hacia mi cavidad y monto sobre él una y otra vez sin detenerme. Ambos jadeamos al unísono, y cuando llegamos al clímax damos tal grito que creo que se nos ha oído en toda la ciudad. Sudada y jadeando caigo sobre Giorgio y dejamos que la calma nos alcance mientras no paramos de besarnos y la oscuridad de la noche se cierne sobre nosotros.

Otro sueño igual

No te lo vas a creer. Hoy he soñado contigo. He soñado que nos volvíamos a ver, tras un mensaje de whatsapp habíamos quedado y, sin saber por qué, nos acabamos cogiendo de la mano. No recuerdo muy bien todo el sueño, pero recuerdo perfectamente lo dichosa que me sentía, lo feliz que estaba cogida de tu mano. Y al despertarme me di cuenta de que todo había sido un sueño, aunque yo lo sentía más bien como una pesadilla, ya que me desperté con un vacío en el pecho que en el sueño no sentía.

He buscado el significado de habernos cogido de la mano en Google y me ha dicho que lo que tengo es miedo a perderte, a alejarme de ti. Y es verdad, tengo mucho miedo, porque tú has sido una de las pocas personas que ha significado algo para mí, que me ha hecho reír y has sido un amigo en todos los aspectos, aunque llevo tiempo queriéndote como algo más que un amigo. Sin embargo, sé que tú no me ves así, por lo que sería una pérdida de tiempo ilusionarme con algo más.

Creo que no sólo ha sido el echarte de menos, sino que lo que en realidad echo de menos es el poder tener a alguien a mi lado, el poder estar junto a alguien que me quiera. No es la primera vez que tengo este tipo de sueños, y siempre me despierto con el mismo vacío, cosa que odio. Pero, ¿cómo puedes echar de menos algo que nunca has tenido? ¿Cómo podemos llegar a estar tan obsesionados con tener algo que pensamos en ello más de una vez al día y no paramos de soñar con ello?

Vaya tontería, soñar con coger a alguien de la mano, ¿no? Pues para mí no ha sido una tontería, ha sido la sensación más maravillosa del mundo y me encantaría volver a soñar lo mismo esta noche, pero creo que por más que lo intente no va a poder ser.