La tiza y el tren

Miro por la ventana del tren mientras juego con una tiza entre mis dedos. Es el único recuerdo que me queda de lo que fue mi familia, una simple tiza blanca.
Al mirar a través de la ventana, observo un gran árbol de hojas amarillas a punto de caerse al suelo, así me siento yo, a punto de caer al vacío.

Cuando tienes unos padres que son profesores la gente tiende a pensar que vas a ser una persona ejemplar con las ideas muy claras. Pero ese nunca ha sido mi caso, y creo que ese ha sido siempre mi problema, nunca he cumplido las expectativas de los demás. Y ahora me veo en un tren camino de un nuevo país, con los bolsillos vacíos y una tiza entre las manos. Doy un brinco de susto al oír mi teléfono sonar, al mirar el número no logro recordar de quién es, pero aún así contesto la llamada.

-¿Diga? ¿Quién?

-Ya te has ido, ¿no?

-Perdona, ¿quién eres?

-Te has olvidado demasiado pronto de mí, ¿no crees?

-Julián…

-Él mismo

-Siento no haberte avisado, ha sido todo de improviso.

-Ya…bueno sólo llamaba para decirte que el barco estará listo cuando llegues, mi hermano lo ha preparado todo.

-Sabías que me iría – digo con una sonrisa en la cara

-¿Acaso crees que no te conozco?

-Muchas gracias

-No tienes que darlas. Suerte.

Cuelgo y siento que puedo respirar mucho más tranquila, al menos cuando me baje del tren tendré algo asegurado. Espero que cuando me baje de ese barco tenga la suerte que me ha deseado Julián porque la necesito.

Paisajes Rosados

Una luz rosada me ilumina de la cabeza a los pies, mientras unos pétalos rojizos rozan mis piernas. Camino con tiento hacia un pequeño arbusto y al mirar tras de el encuentro una hoja de un libro mojada. No podía distinguir ninguna de las palabras, excepto la ultima frase en la que se podía leer: “abrió los ojos y se desvaneció”. En ese momento, un escalofrío me recorrió el cuerpo y mire a ambos lados de mi cuerpo. No me sentía segura en aquel lugar. Lo primero que se me paso por la cabeza fue empezar a correr, pero en cuanto lo intente lo pies se me quedaron pegados al suelo y no pude evitar caerme. Fue en ese instante cuando todo lo que estaba anclado a la tierra se volvió de color marrón y el cielo cambio a un tono grisáceo. Intente levantarme pero, al apoyar las manos en el suelo, se me quedaron pegadas al igual que los pies. Levante la cabeza y ante mi tenia a un pequeño ratón morado, se poso sobre mi mano derecha y note como empezaba a despegarse. Hizo lo mismo con todas las partes pegadas de mi cuerpo y al conseguir levantarme y despegar mis pies del suelo observo que todo vuelve a su color natural: el cielo vuelve a ser azul, la hierba y las copas de los arboles verdes…y el ratón ya no estaba.