La sombra

Me levanto de la cama al escuchar un extraño crujido. Intento agudizar el oído, pero ahora no consigo oír nada. Recorro la casa, miro por todos los rincones y, cuando estoy a punto de darme por vencido y volver a la cama, veo una sombra de reojo detrás de la ventana.

Me acerco despacio, abro la ventana y la única sombra que puedo ver es la del naranjo. Respiro con tranquilidad al ver que son imaginaciones mías, pero al darme la vuelta tengo enfrente de nuevo a la sombra.

El corazón se me detiene y de repente noto que no puedo respirar, el aire no llega a mis pulmones, creo que es la sombra, está intentando matarme.

– Por favor, no me mates – le suplico malgastando el poco aire que me queda en los pulmones.

La sombra se acerca a mí y deja de ser una sombra para mostrarse tal y cómo es: un monstruo. Su piel es amarillenta y rugosa, sus ojos son saltones y su boca está llena de colmillos en lugar de dientes, además, su cuerpo es esquelético, cubierto por una oscura túnica. Observa como me ahogo con cara de satisfacción.

– Tienes lo que te mereces.

Apenas oigo lo que el monstruo me dice, ya no me queda oxígeno y al desmayarme lo último que veo es al monstruo con una guadaña en la mano acercándose aún más a mí.