Los zapatos de Elisa

Javier se despertó a las siete de la mañana desvelado, no podía seguir durmiendo por más que lo intentaba. Llevaba un par de horas dando vueltas en la cama, sin embargo, hacía demasiada calor como para intentar volver a dormir. Con un gran bostezo y los ojos vidriosos entró en el baño para lavarse la cara, aunque en realidad no le hacía falta despejarse. Se secó la cara con la toalla que tenía junto al lavabo y al levantar la cabeza vio en el reflejo del espejo que había unos tacones blancos en el suelo del baño.

Se giró para comprobar que era verdad que esos tacones estaban en su baño, que no eran imaginaciones suyas, que no era un extraño sueño. Cogió uno de los tacones y lo observó detenidamente. ¿Quién había dejado esos zapatos en su baño? ¿Era posible que alguien hubiera entrado en su casa durante la noche? Intentó recordar si alguna de sus últimas conquistas había llevado unos tacones blancos pero al hacer memoria sólo se le venía una cara a la cabeza.

Suspiró pesadamente mientras pronunciaba el nombre de la dueña de los tacones. Elisa. Esa rubia de ojos oscuros había puesto su vida patas arriba incluso en su propio baño. Acarició el zapato suavemente con la yema de los dedos rememorando el último día que estuvieron juntos. Todo fue perfecto, aquel día fue maravilloso…hasta que se despertó a la mañana siguiente y ella no estaba. Parecía que nunca había estado en su casa, que nunca habían hecho el amor en su cama, que no se había amado ni una sola vez. Puede que Elisa nunca le hubiera amado, pero sin duda Javier la había querido hasta el punto de querer darlo todo por ella sin pensarlo ni una sola vez.

Por mucho que le doliera, no podía evitar sonreír al mirar los tacones. El final de su corta relación fue sin duda lo peor que le había pasado, pero fue muy feliz durante el tiempo que pasaron juntos. Javier nunca cambiaría el tiempo que había pasado junto a Elisa por nada del mundo. Se llevó los tacones a su habitación y los colocó junto a la ventana por la que entraba el sol todas las mañanas. A partir de ese momento, cada vez que se despertara, quería ver esos tacones cada mañana y así recordaría todos los buenos momentos vividos junto a Elisa. ¿Quién sabe si algún podría devolvérselos y retomarían lo que dejaron entre aquellas paredes?