La isla y la cueva

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El barco iba dando tumbos intentando esquivar las olas del mar, pero apenas podía conseguirlo con éxito. Mateo izaba la vela una y otra vez, pero el barco era tan grande que, para él sólo, era complicado hacer frente a aquella marea asalvajada.

De pronto, Mateo vio que a unos kilómetros de él había tierra. No estaba seguro de si se trataba de una isla o un país entero pero por fin iba a poder pisar tierra firme después de tantos meses navegando por el océano sin rumbo.

Al llegar a la arena, soltó el ancla y saltó del barco. Mateo estaba casi seguro de que aquel lugar era una isla pero no podía saber si se encontraba habitada o no y qué clase de personas habría allí. Caminó adentrándose en una cueva que había junto a un espeso bosque. Hacía mucho frío dentro y se escuchaba cómo caía el agua por las paredes de la cueva.

Habían crecido flores en las esquinas en las que se encontraba el suelo con las paredes. Aquellas flores era diminutas y estaban llenas de colores violetas, azules y rosas. Mateo tocó sus pétalos y, al llevarse la mano a la nariz, percibió un olor dulce parecido al de la canela y la vainilla.

Siguió adentrándose en la cueva y encontró una pequeña laguna que cubría todo el fondo de la cueva. Al acercarse, Mateo vio su reflejo en el agua azulada. De repente, un hombre salió a la superficie. Un hombre que en lugar de tener piernas tenía una cola de pez.

El hombre le indicó a Mateo que se metiera en el agua con él. Lo hizo sin cuestionarse para qué quería aquel ser que se metiera en el agua. Tampoco se quitó la ropa. El hombre se acercó mucho a Mateo, pero éste no se alejó ni se quejó. Aunque hubiera querido hacerlo no podía.

Comenzaron a aparecer más hombres-pez. Se arremolinaron alrededor de Mateo y le miraron con ojos brillantes pasándose la lengua recorriendo sus labios inferiores. Se acercaron a Mateo lentamente y comenzaron a morderle, arrancando su carne, y se la comieron como si de un delicioso manjar se tratase siguieron comiéndose a Mateo hasta lograr acabar con su vida. El esqueleto de Mateo aún se encuentra hundido en el fondo de la laguna de la cueva.

La chica del agua

Me desperté al sacar la cabeza del agua y al fin pude respirar y llenar mis pulmones de oxígeno. No tenía ni idea de dónde estaba, sólo sabía que todo estaba lleno de agua y lo único que mi vista podía alcanzar era un frondoso bosque que parecía no tener fin, pero que tampoco podía llegar hasta él, ya que estaba demasiado lejos.

Comencé a nadar durante unos minutos sin saber qué más podía hacer, hasta que noté un movimiento extraño bajo el agua. Retrocedí un poco con curiosidad por saber qué había bajo el agua, pero a la vez sentía un poco de temor, ya que no sabía con seguridad lo peligroso que era lo que podía haber debajo. En el reflejo podía observar como emergía una sombra hasta aparecer un ser humano, o más bien una chica. Me miró fijamente a los ojos y yo no pude evitar adentrarme en ellos. Era una chica bastante atractiva, sus ojos eran negros e intensos, su piel morena tostada, su cabello era rubio que al tocarlo el sol lanzaba destellos dorados, sus manos eran gruesas, como si estuviera acostumbrada a hacer trabajos en los que se usaba la fuerza.

Se acercó a mi rostro, pegando su cuerpo al mío, acariciando mi pecho suavemente, lo que me hizo suspirar de placer incapaz de controlarme. Besó mis labios adentrándose en mi boca haciendo que mi entrepierna se humedeciera y empezara a experimentar un calor que atravesaba todo mi cuerpo. No paraba de besarme ni yo quería que se detuviera. De pronto dejó de besarme, me miró a los ojos y comenzó a descender hacia el interior del agua sin dejar de observarme. Empecé a sentir que me separaba las piernas, y su lengua me recorría toda la vagina. Me costaba respirar, y no podía controlar mis ruidosas jadeos. Llegó hasta mi clítoris y cuando estaba a punto de llegar al orgasmo…me desperté entre sudores.

No podía creer que todo hubiera sido un caliente sueño, me sentía muy frustrada tanto que no pude evitar que mi mano de deslizara entre mis pliegues para acabar lo que la mujer de mi sueño había empezado.