Encuentros en la oscuridad

La oscuridad me rodea mientras oigo mi propia respiración agitada. Mis ojos intentan examinar cada rincón en el que haya un ápice de luz y sin embargo, no hay nada que me sirva de entretenimiento. Llegué con mi novio a este raro club en el que entras a un cuarto oscuro, separada de tu pareja obviamente, y esperas a que otra persona entre en la habitación. Estoy muy nerviosa, no sé qué es lo que va a pasar, ni lo que me va a hacer esta persona. Creo que ni siquiera debería haber aceptado venir, está claro que es divertido probar cosas nuevas, pero ¿no podríamos haber ido a ver una obra de teatro como hacen las parejas normales? No, teníamos que ir a un club de intercambio de parejas donde te puede pasar cualquier cosa.

De repente, mis pensamientos se detienen al escuchar como se abre la puerta, pero la luz que entra por la rendija se extingue antes de que pueda observar el rostro de mi reciente acompañante. Una tenue luz empieza a alumbrar la estancia, pero no lo suficiente como para distinguir a mi susodicho.

– ¿Cómo te llamas? – me pregunta con una voz suave.

– Adela. ¿Y tú? – le pregunto con la voz temblorosa

– Giorgio. No tengas miedo de mi. No haré nada que no quieras que haga.

Acerca su boca a la mía y me la besa dulcemente, posa sus manos en mi cintura y me acerca a él. Poco a poco, empiezo a besarle yo, al principio lo hago con timidez y después al sentir emanar el calor de su cuerpo me envalentono y acabo besándole como si me faltara el aire. Le empujo hasta llegar a la cama, le tumbo sobre el colchón y me coloco sobre él. Le beso por el cuello con dulces besos, preparándome para lo que se que debo y quiero hacer. No sé si Sebastián se estará acostando con otra chica, pero yo si lo haré. No puedo evitar sentir cosas tan ardientes.

Cojo su miembro, lo guío hacia mi cavidad y monto sobre él una y otra vez sin detenerme. Ambos jadeamos al unísono, y cuando llegamos al clímax damos tal grito que creo que se nos ha oído en toda la ciudad. Sudada y jadeando caigo sobre Giorgio y dejamos que la calma nos alcance mientras no paramos de besarnos y la oscuridad de la noche se cierne sobre nosotros.