Clichés románticos

Llevo años siendo una fiel lectora de novela romántica. No sé si es porque soy una ñoña empedernida o qué pero me encanta leerla y acabo sufriendo mucho con los personajes. Pues, ¿puedes creerte que nunca he detectado un cliché? Es más. Creía que no existían en la novela romántica.

Llámame lela, si quieres, pero no me había dado cuenta.

Así que he hecho una pequeña labor de investigación para saber cuáles eran los clichés de la novela romántica que otros lectores habían detectado. Cuál ha sido mi sorpresa cuando he descubierto que hay montones y montones de clichés. Creía que me iba a dar algo, pero eso ya te lo explicaré más adelante. Por ahora voy a ponerte una pequeña lista con algunos de los clichés más comunes. Ahí van.

  • Personaje femenino principal es virgen.
  • Hombre sobreprotector.
  • Segundo hombre interesado en la protagonista.
  • El chico se pone celoso.
  • Las mujeres son propiedad del hombre.
  • Los personajes no pueden estar juntos por alguna razón.
  • El chico cambió al conocer a la chica principal.
  • Los personajes se conocen en una situación incómoda.
  • Hay una segunda mujer que es toda una maldita.
  • Todos mueren por la chica principal.
  • Tienen un malentendido que lleva al chico a disculparse en un lugar público.

Vale, ahora es cuando los que aspiramos a ser escritores de novela romántica tiramos dramáticamente el lápiz al suelo y nos echamos a llorar. ¿Cómo voy a escribir una novela romántica sin caer en ninguno de estos clichés? Tú dirás: “Ten un poco de imaginación”. Puede que tengas razón, pero demasiada imaginación hay que tener para no creer en ningún cliché del mundo. Tienes que tener en cuenta que esta es sólo una pequeña lista, la que hice inicialmente era mucho más larga pero no he querido aburrirte más de lo necesario.

Creo que esta va a ser otra de las cosas que voy a tener que asumir cómo escritora. Tendré que aprender que repetir clichés no siempre es malo, que lo importante es la forma de contar la historia. Pero créeme cuando te digo que no es algo fácil.

Cuando leo este tipo de cosas me entra la inseguridad y empiezo a pensar que nunca llegaré a conseguir nada con mis libros.

¿Tú qué piensas de los clichés? ¿Conoces alguno más de la novela romántica?

El síndrome del impostor

Toda persona que se dedique a la escritura sabe el vaivén de emociones que es crear una historia: a veces piensas que tu historia es la mejor del mundo y otras que deberías tirarla a la basura. Esto último es lo que se suele conocer como el síndrome del impostor.

El síndrome del impostor puede definirse como el malestar emocional asociado al sentimiento de no merecer su posición a nivel laboral, académico o social. Aplicado al ámbito de la escritura, consiste en el miedo reiterado de que las personas que lean nuestras historias piensen que somos un fraude como escritores, confirmando nuestros peores temores. Suele tener que ver con la baja autoestima y el pobre autoconcepto que el individuo tiene de sí mismo.

Pero, ¿cuáles son sus síntomas?

  • Creer que no mereces los logros obtenidos.
  • Falta de confianza.
  • Miedo a que descubran tu fraude.
  • Inseguridad en el ámbito académico, laboral o en redes sociales.
  • Expectativas de fracaso ante situaciones que se habrían superado con éxito.
  • Reducción de la motivación a consecuencia de la falta de confianza.
  • Emociones negativas sin causa aparente.

Sin embargo, a pesar de estos consejos, muchos escritores afirman que el síndrome del impostor nunca se llega a superar. El miedo a la decepción y a que la gente descubra que eres un “farsante” siempre sigue ahí. Pero, yo creo que es algo con lo que hay que aprender a vivir y que, con el tiempo, se va asumiendo.

En mi (corta) experiencia debo decir que también he experimentado el síndrome del impostor: en la fase de corrección de una novela, cuando la gente empieza a leer tu novela y a comprarla. Uno de los momentos en los que lo sentí con más intensidad fue cuando una de mis amigas se lo leyó. Fue un momento de mucho nerviosismo, como si tuviera miedo de que se diera cuenta de que lo que escribía no valía ni para estar escondido.

De esto quiero sacar la siguiente reflexión que debo aplicarme más a mí misma: si escribimos una historia, tenemos que hacerlo porque nos guste a nosotros y no para que le guste al resto del mundo.