Aceptación

Camino despacio, dejando que mis pies desnudos se humedezcan con el rocío de la hierba, mientras mis pensamientos vagan y apenas me dejan respirar. Levanto levemente la cabeza, cierro los ojos y respiro profundamente. Intento bloquear mi cerebro para no pensar en nada más que en respirar y en sentir el calor del sol en mis brazos.

Detrás de mi oigo unos pasos tras de mi, abro los ojos levemente sin darme la vuelta, no necesito volverme para saber quién:

– ¿Estás lista? – me pregunta cuidadosamente

– No, pero vamos a ponernos a ello – digo volviéndome abrazada a mi misma.

– Si no quieres hacerlo solo tienes que decírmelo, Maca – dice Marta con un tono muy suave.

– Marta, necesito hacerlo, tengo que empezar a apreciarme, y solo puedo hacerlo si me ayudas a verme como lo hacen los demás.

Solo estaba vestida con una blusa suelta que cubría mi voluminoso y rechoncho cuerpo y se ondeaba al ritmo del viento al igual que mi pelo corto rojizo. Me encontraba en uno de esos momentos en los que no tenía fuerzas nada más que para estar metida bajo las sábanas y derramar tantas lágrimas como me permitieran mis ojos. Sin embargo, esto no podía seguir así, por lo que le pedí a Marta ayuda, y tuvo la idea de hacerme una sesión de fotos que me hiciera ver como soy realmente, como me ve la cámara.

Me voy colocando en las posiciones que me sugiere, desde estar tumbada en la hierba con los brazos extendidos hasta estar de pie con los codos hacia arriba. No sé como voy saliendo, prefiero no pensarlo, solo quiero ver todo el resultado. Al terminar me dice que cierre los ojos y me quede tumbada, comienzo de nuevo a respirar profundamente, es como si me hubiera quitado un gran peso de encima. Cuando termina de pasar las fotos al ordenador me avisa, me levanto del suelo y me dirijo a la caseta.

Al ver las fotos me quedo alucinada. Ha captado una esencia de mi que nunca habría visto, ni siquiera imaginado. Sin embargo, observo mis estrías, esas odiosas líneas moradas y blancas que tanto aborrezco. A pesar de lo bonita que me veo las imperfecciones siguen ahí, nunca me desharé de ellas.

En ese momento veo una foto en la que estoy tumbada con los ojos cerrados, después de haber terminado de hacer las fotos. Es en la que mejor estoy, da igual las estrías o celulitis que tenga, forman parte de esa preciosa esencia que desprendo.

– ¿Qué tal? – me pregunta Marta con una sonrisa en el rostro.

– Me encanta – digo con un brillo especial en los ojos a punto de desbordarse.