La enfermedad de la gordofobia

A las personas que somos gordas siempre somos criticadas. Parece que todo el mundo tiene derecho a dar su opinión sobre nuestro físico y que l@s gord@s no podemos quejarnos ni contestar a esos supuestos consejos.

En esta sociedad hay un gran problema, y es que todo el mundo tiene un miedo atroz a engordar, el estar gord@ parece ser el gran dilema mundial por el que tod@s parecen preocuparse porque parece que es un gran problema de salud.

Me gustaría decirles a todas esas personas que critican el peso de l@s demás que el problema lo tienen los que critican, no los que son criticados. Me gustaría decirle a esas personas que estar gord@ no es lo más grave del mundo y que no se van a morir por estar gordos. Me gustaría decirles que lo prioritario en mi vida no es ese número que se muestra en un aparato, sino el que yo me sienta a gusto con mi cuerpo.

Estoy orgullosa de haber llegado a un estado en el que aprecio mi cuerpo tal y cómo es, en el que me da igual las veces que me miren mal por estar gorda, las veces que me digan que tengo que ponerme a régimen o ir al gimnasio, porque ya no me afectan esas críticas y, al igual que he hecho en el pasado, no pienso hacerles caso, ya que no se están preocupando por mi salud, sino que están molestos porque mi cuerpo es gordo, estas personas no son mis médicos, no me han hecho una analítica para ver cómo estoy de salud, no tienen derecho a criticar algo de lo que no tienen ni idea.

Son este tipo de personas las que nunca llegarán a ser felices, las que nunca estarán a gusto con otras personas porque siempre estarán sacándoles defectos físicos y, en ocasiones, son personas muy tóxicas. No voy a dar consejo porque no tengo ningún derecho sobre la vida de nadie. Sin embargo, quiero transmitiros tres palabras: AMAR VUESTRO CUERPO. Cuando seáis capaces de hablar con cariño de vuestro cuerpo habrá llegado un momento en el que os darán igual las críticas de los demás, cómo os miren y los supuestos consejos que os den. Todo esto serán tonterías sin importancia que dejarán de afectaros y podréis llevar una vida plena llena de momentos felices y dichosos.

Yo hace poco que me he dado cuenta de lo que amo a mi cuerpo, y aunque todavía me queda mucho camino por andar, cada pequeño paso que doy es un gran camino recorrido en mi autoestima.

Bss.

Aceptación

Camino despacio, dejando que mis pies desnudos se humedezcan con el rocío de la hierba, mientras mis pensamientos vagan y apenas me dejan respirar. Levanto levemente la cabeza, cierro los ojos y respiro profundamente. Intento bloquear mi cerebro para no pensar en nada más que en respirar y en sentir el calor del sol en mis brazos.

Detrás de mi oigo unos pasos tras de mi, abro los ojos levemente sin darme la vuelta, no necesito volverme para saber quién:

– ¿Estás lista? – me pregunta cuidadosamente

– No, pero vamos a ponernos a ello – digo volviéndome abrazada a mi misma.

– Si no quieres hacerlo solo tienes que decírmelo, Maca – dice Marta con un tono muy suave.

– Marta, necesito hacerlo, tengo que empezar a apreciarme, y solo puedo hacerlo si me ayudas a verme como lo hacen los demás.

Solo estaba vestida con una blusa suelta que cubría mi voluminoso y rechoncho cuerpo y se ondeaba al ritmo del viento al igual que mi pelo corto rojizo. Me encontraba en uno de esos momentos en los que no tenía fuerzas nada más que para estar metida bajo las sábanas y derramar tantas lágrimas como me permitieran mis ojos. Sin embargo, esto no podía seguir así, por lo que le pedí a Marta ayuda, y tuvo la idea de hacerme una sesión de fotos que me hiciera ver como soy realmente, como me ve la cámara.

Me voy colocando en las posiciones que me sugiere, desde estar tumbada en la hierba con los brazos extendidos hasta estar de pie con los codos hacia arriba. No sé como voy saliendo, prefiero no pensarlo, solo quiero ver todo el resultado. Al terminar me dice que cierre los ojos y me quede tumbada, comienzo de nuevo a respirar profundamente, es como si me hubiera quitado un gran peso de encima. Cuando termina de pasar las fotos al ordenador me avisa, me levanto del suelo y me dirijo a la caseta.

Al ver las fotos me quedo alucinada. Ha captado una esencia de mi que nunca habría visto, ni siquiera imaginado. Sin embargo, observo mis estrías, esas odiosas líneas moradas y blancas que tanto aborrezco. A pesar de lo bonita que me veo las imperfecciones siguen ahí, nunca me desharé de ellas.

En ese momento veo una foto en la que estoy tumbada con los ojos cerrados, después de haber terminado de hacer las fotos. Es en la que mejor estoy, da igual las estrías o celulitis que tenga, forman parte de esa preciosa esencia que desprendo.

– ¿Qué tal? – me pregunta Marta con una sonrisa en el rostro.

– Me encanta – digo con un brillo especial en los ojos a punto de desbordarse.