La habitación secreta

Luna empezó a dar vueltas por la cama. Estaba teniendo una pesadilla, y aunque luchaba por despertar no lograba hacerlo. De vez en cuando balbuceaba la palabra llamas. El sudor recorría todo su cuerpo, estaba empapada,..y no en el buen sentido.

De repente, la radio del despertador sonó haciendo que pegara un respingo de la cama y se despertara automáticamente. Su corazón latía agitadamente y le costaba respirar, como si hubiera estado corriendo en una carrera de obstáculos. Había tenido un sueño muy extraño, toda su casa estaba ardiendo, en cada habitación había fuego y por más que lo intentaba no era capaz de apagarlo.

En la radio sonaba la canción de “It’s a Man’s Man’s Man’s World” de Seal. Era una canción un poco tenebrosa a esas horas de la mañana. Se le había olvidado cambiar la hora del despertador la noche anterior, ese día no le tocaba ir a trabajar. Sin embargo, ya se había desvelado y no quería arriesgarse a volver a soñar con el incendio.

Caminó hasta las escaleras que llevaban a la cocina para poder picar algo pero, debido a la pesadilla, echó de menos el despacho que usaba su madre para las reuniones con sus compañeros del bufete. Hacía ya tres años que había muerto y la pesadilla la había hecho recordarla. Fue hasta su despacho y al encender la luz se dio cuenta de como había pasado el tiempo, todo estaba lleno de polvo y suciedad, nadie había entrado en aquella habitación desde que su madre se fue.

Cogió uno de los libros que más utilizaba cuando tenía que trabajar y al abrirlo vio que tenía una llave dentro. La cogió entre sus dedos y se preguntó que abriría. Miró el hueco que había dejado aquel libro y se fijó en que detrás de la estantería no había pared, sino una puerta negra. Tiró algunos libros al suelo y consiguió mover la estantería lo suficiente para que pudiera caber su cuerpo.

Introdujo la llave en la cerradura, encajaba a la perfección. Abrió la puerta, con la linterna del móvil iluminó la habitación. Lo primero en lo que se fijó fue en el techo, en él colgaba una cuerda y de ella quedaba suspendido un cuerpo…el cuerpo inerte de su madre, en el que nunca se encontró.

Luna no pudo evitar lanzar un grito tapándose la boca y que las lágrimas recorrieran su rostro hasta llegar al suelo de la habitación. No podía creer lo que veía y no soportaba que los ojos inertes de su madre la estuvieran mirando fijamente.