Maldita lujuria

Laura era una persona muy lujuriosa, disfrutaba de los encuentros que tenía con todos los hombres que le gustaban. Ese día se había levantado sola, cosa que era extraña en su día a día. Fue al baño para darse una ducha para despejarse.

De pronto, empezó a sentirse muy excitada. Rozó sus pezones con la yema de sus dedos, recorrió con la mano derecha el camino desde su estómago hasta su vulva. Comenzó a acariciar su clítoris utilizando un dedo dibujando círculos. Pero para Laura no era suficiente, necesitaba más. Se colocó en cuclillas, cogió la manguera de la ducha y dirigió el chorro de agua a presión hacia su clítoris el cuál estaba muy hinchado. Comenzó a jadear, le encantaba ese momento en el que su cuerpo empezaba a calentarse por la excitación y solo podía pensar en correrse una y otra vez.

Cuando llegó al éxtasis gritó tanto que sintió que todo el edificio le había oído. Cuando su corazón se calmó lo suficiente oyó que había alguien en el baño. Apartó un poco la cortina para saber quién era y vio a Charles. Charles la había oído masturbarse, eso hacía que se volviera a excitar y sabía que él también estaba excitado, su pantalón no podía ocultarlo.

Charles se desnudó y entró en la ducha, levantó a Laura en volandas y la penetró fuertemente lo que hizo que Laura ahogara la respiración. No paraba de entrar y salir de su vagina, una y otra vez, una y otra vez. Le gustaba sentirse así, como si estuviera haciendo algo sucio, aunque sabía que no era así, sólo se estaba divirtiendo con un amigo y le encantaba divertirse así. Al llegar al éxtasis, Laura recorrió con un dedo su vulva y lamió el semen de Charles mirándole a los ojos traviesamente.

Un delicioso desvelo.

Me siento de lado con mi bol de granola y leche cruzando las piernas mientras cambio de canal en la tele. Me he desvelado, no estoy acostumbrada a dormir en una casa que no es la mía. La tarde anterior me había quedado a dormir en casa de Marcos que vive con sus padres, su hermano y su hermana. La televisión no está muy alta, por lo que no me estoy enterando muy bien de lo que dicen en las noticias, pero no me importa, siempre que estoy comiendo algo tengo que tener puesta la televisión, es como si así me sintiera menos sola.

De pronto, oigo unos pasos a mi izquierda que avanzan desde el pasillo hacia el salón, es el hermano de Marcos, Loren.

– Buenos días – le digo a lo que me responde con un gruñido y sentándose a mi lado.

– Te has levantado un poco temprano, ¿no crees, Marta? – le pregunta tras un rato en silencio.

– Me desvelo con mucha facilidad, además no suelo levantarme muy tarde – le respondo distraídamente. Sin embargo, noto que no despega la mirada de mí.

– ¿Qué estás desayunando?

– Granola. ¿Quieres probarla? – le pregunto observándole. Ahora soy yo la que no aparta la mirada de él.

Con la cuchara cojo un poco de los cereales del bol y lentamente lo acerco hasta su boca. No me había fijado en lo sensual que es su boca, mastica lentamente y traga la comida sin dejar de observarme ni un segundo. En otra ocasión podría haberme puesto nerviosa por la intensidad con la que me mira, pero en estos momentos lo único en lo que puedo pensar es en poseer esa deliciosa boca.

Acercamos nuestros rostros hasta que nuestros labios se tocan. Dejo el bol sobre la mesita que hay delante del sofá y me centro en corresponder a sus besos. Mi cuerpo comienza a encenderse por segundos, mi vagina empieza a dolerme llamando mi atención. Me coloco sobre él frotando nuestras partes íntimas, desabrocho sus pantalones, saco su pene de sus calzoncillos y comienzo a acariciarlo suavemente de arriba hacia abajo. Estamos muy excitados, pero el resto de la casa está durmiendo y no queremos que nos pillen, por lo que nos levantamos y entramos en su habitación.

Continuamos besándonos, me coloca de espaldas a la pared, frota su pene contra mi vagina y no puedo evitar soltar un largo gemido. No llegamos a la cama. Nos quitamos a la vez la camiseta, y como si de una danza se tratara, me acerca a él para agarrar uno de mis pechos y chuparlos con ferocidad. Mis jadeos lo excitan cada vez más, puedo notarlo en mi entrepierna. Me echo sobre el suelo apoyada sobre mis codos y le miro con deseo en los ojos al igual que él a mí. Me quita los pantalones cortos y la ropa interior, adentra su mano entre mis labios y tiemblo cuando me acaricia de arriba abajo rozándome el clítoris.

Por fin, introduce su pene en mi vagina y no puedo evitar soltar un jadeo ahogado al sentirle en mi interior. Es una sensación muy difícil de explicar, no siento dolor, pero tampoco placer y a la vez siento las dos cosas a la vez. No quiero que pare nunca, quiero que siga llenándome eternamente. Al principio se mueve de una forma muy suave, pero al cabo de un par de minutos comienza a embestirme duramente. Mientras, concentrada en alargar el momento todo lo posible, le beso en el cuello, en la mandíbula y, con menos frecuencia, en sus carnosos y suculentos labios. Loren consigue llegar al clímax antes que yo, pero no pienso quedarme sin mi ansiado orgasmo, así que acaricio mi clítoris hasta que estallo en un ruidoso e intenso orgasmo. Nos quedamos tumbados sin despegarnos el uno del otro hasta que nos recuperamos lo bastante para ducharnos. Ha sido una primera vez deliciosa.

El hermano

Me levanto de la cama para ir a la cocina a por un vaso de agua. ¡Siento que me estoy muriendo de sed! Es el fin de semana en el que me he quedado a dormir en la casa de los padres de mi mejor amiga, por lo que es muy pronto todavía para saber dónde están las estancias de la casa. Aún es de noche, miro la hora en el reloj del microondas, son las cinco de la mañana. Cojo un vaso de cristal del armario y, con total tranquilidad, lo lleno de agua del grifo. Las tripas empiezan a rugirme, siempre suele pasarme cuando me desvelo, pero decido ignorarlas y beberme el vaso de agua.

De repente, oigo los pasos de alguien que entra a la cocina. Giro la cabeza para saber quién es, y veo al hermano de mi mejor amiga acercándose a mí. Sus ojos no dejan de observarme, pero intento no mostrar que me intimida.

-Hola, Carlos – le digo en voz baja.

Él no me responde, se sigue acercando a mí y, antes de que pueda reaccionar, me besa. Al principio intento apartarme, pero a los pocos segundos me siento tan excitada que la que sigue besando soy yo. Pego mi entrepierna a la suya dejando de besarle para mirarle a los ojos con deseo mientras arqueo mi espalda para pegarme más a él. Volvemos a besarnos agarrándonos de la ropa, siento que mi clítoris está a punto de explotar y el deseo me consume más y más.

Agarro la cinturilla de su pantalón y se lo desabrocho con las manos temblorosas. Ha tenido que venir de haber salido por ahí por sus amigos, no creo que haya estado toda la noche sólo en la calle. Le bajo los calzoncillos y le detengo unos minutos para tocar y acariciar su pene tranquilamente. Parece hecho de terciopelo. Sé que está tenso y sé le está acabando la paciencia, no creo que se pueda apretar más la mandíbula de lo que ya lo está haciendo él. Me baja los pantalones y las bragas y él empieza a llevar a cabo su dulce venganza, me acaricia toda la vulva, desde la abertura de mi vagina hasta la montaña de mi clítoris, arrastrando todos mis fluidos sin tener la menor compasión con mi excitación.

– Estás muy mojada – dice junto a mi oído.

– Carlos, – le susurro jadeando – como no pares voy a correrme.

Al oír eso se echa a reír, pero teniendo el suficiente cuidado de no hacer ruido para no despertar a nadie. Aparta la ropa sobrante con el pie, y me vuelve a mirar a los ojos, en ellos se percibe peligro, pero en lugar de sentirme asustada e intimidada, sólo consigue excitarme aún más. Levanta mi pierna derecha para que la coloque alrededor de su cintura y, sin ningún preámbulo, me penetra metiéndome toda la verga en la vagina. Estoy tan mojada que no necesito que sea cuidadoso, no necesito dulzura, quiero que sea salvaje, quiero que sea todo lo visceral posible porque yo tengo el mismo deseo…y es como si me leyera la mente.

Me sigue penetrando y conforme lo hace, va aumentando la intensidad, nuestros jadeos aumentan, pero no el volumen, tenemos que tener mucho cuidado. Comienzo a tocarme el pezón del pecho, me está costando muchísimo trabajo aguantar el orgasmo y, cuando Carlos está a punto de llegar, toca suavemente mi clítoris masajeándolo en círculos para que lleguemos juntos al clímax. Y lo consigue…bueno…lo conseguimos.

Carlos cae sobre mí, jadeando por el esfuerzo. No estoy segura de si es él el que me sujeta a mí, o soy yo la que le sujeta a él, pero nos mantenemos juntos unos segundos apoyados contra la encimera de la cocina. No sé cómo, pero en cuánto conseguimos calmarnos volvemos a sentirnos muy cachondos, pero esta vez no volvemos a hacerlo en la cocina, no quiero tentar a la suerte para que nos pillen en plena faena, me moriría de vergüenza. Nos vamos a su habitación, y en su cama me coloco yo encima para empezar a cabalgar su verga.

Esto puede terminar muy mal…

La chica del agua

Me desperté al sacar la cabeza del agua y al fin pude respirar y llenar mis pulmones de oxígeno. No tenía ni idea de dónde estaba, sólo sabía que todo estaba lleno de agua y lo único que mi vista podía alcanzar era un frondoso bosque que parecía no tener fin, pero que tampoco podía llegar hasta él, ya que estaba demasiado lejos.

Comencé a nadar durante unos minutos sin saber qué más podía hacer, hasta que noté un movimiento extraño bajo el agua. Retrocedí un poco con curiosidad por saber qué había bajo el agua, pero a la vez sentía un poco de temor, ya que no sabía con seguridad lo peligroso que era lo que podía haber debajo. En el reflejo podía observar como emergía una sombra hasta aparecer un ser humano, o más bien una chica. Me miró fijamente a los ojos y yo no pude evitar adentrarme en ellos. Era una chica bastante atractiva, sus ojos eran negros e intensos, su piel morena tostada, su cabello era rubio que al tocarlo el sol lanzaba destellos dorados, sus manos eran gruesas, como si estuviera acostumbrada a hacer trabajos en los que se usaba la fuerza.

Se acercó a mi rostro, pegando su cuerpo al mío, acariciando mi pecho suavemente, lo que me hizo suspirar de placer incapaz de controlarme. Besó mis labios adentrándose en mi boca haciendo que mi entrepierna se humedeciera y empezara a experimentar un calor que atravesaba todo mi cuerpo. No paraba de besarme ni yo quería que se detuviera. De pronto dejó de besarme, me miró a los ojos y comenzó a descender hacia el interior del agua sin dejar de observarme. Empecé a sentir que me separaba las piernas, y su lengua me recorría toda la vagina. Me costaba respirar, y no podía controlar mis ruidosas jadeos. Llegó hasta mi clítoris y cuando estaba a punto de llegar al orgasmo…me desperté entre sudores.

No podía creer que todo hubiera sido un caliente sueño, me sentía muy frustrada tanto que no pude evitar que mi mano de deslizara entre mis pliegues para acabar lo que la mujer de mi sueño había empezado.

Encuentros en la oscuridad

La oscuridad me rodea mientras oigo mi propia respiración agitada. Mis ojos intentan examinar cada rincón en el que haya un ápice de luz y sin embargo, no hay nada que me sirva de entretenimiento. Llegué con mi novio a este raro club en el que entras a un cuarto oscuro, separada de tu pareja obviamente, y esperas a que otra persona entre en la habitación. Estoy muy nerviosa, no sé qué es lo que va a pasar, ni lo que me va a hacer esta persona. Creo que ni siquiera debería haber aceptado venir, está claro que es divertido probar cosas nuevas, pero ¿no podríamos haber ido a ver una obra de teatro como hacen las parejas normales? No, teníamos que ir a un club de intercambio de parejas donde te puede pasar cualquier cosa.

De repente, mis pensamientos se detienen al escuchar como se abre la puerta, pero la luz que entra por la rendija se extingue antes de que pueda observar el rostro de mi reciente acompañante. Una tenue luz empieza a alumbrar la estancia, pero no lo suficiente como para distinguir a mi susodicho.

– ¿Cómo te llamas? – me pregunta con una voz suave.

– Adela. ¿Y tú? – le pregunto con la voz temblorosa

– Giorgio. No tengas miedo de mi. No haré nada que no quieras que haga.

Acerca su boca a la mía y me la besa dulcemente, posa sus manos en mi cintura y me acerca a él. Poco a poco, empiezo a besarle yo, al principio lo hago con timidez y después al sentir emanar el calor de su cuerpo me envalentono y acabo besándole como si me faltara el aire. Le empujo hasta llegar a la cama, le tumbo sobre el colchón y me coloco sobre él. Le beso por el cuello con dulces besos, preparándome para lo que se que debo y quiero hacer. No sé si Sebastián se estará acostando con otra chica, pero yo si lo haré. No puedo evitar sentir cosas tan ardientes.

Cojo su miembro, lo guío hacia mi cavidad y monto sobre él una y otra vez sin detenerme. Ambos jadeamos al unísono, y cuando llegamos al clímax damos tal grito que creo que se nos ha oído en toda la ciudad. Sudada y jadeando caigo sobre Giorgio y dejamos que la calma nos alcance mientras no paramos de besarnos y la oscuridad de la noche se cierne sobre nosotros.

Llegada a casa

Entré en casa tras un largo día de trabajo. No podía soportar tener los zapatos puestos ni un minuto más, así que me los quité y los dejé tirados en el suelo. Los pies me dolían un montón, pero tenía que darme una ducha, ya que sabía que una vez me sentara no me iba a poder levantar de nuevo. Tenía tanto calor que opté por una ducha muy fría y conseguí relajar mis tensos músculos.

Me sequé y me estaba poniendo el albornoz cuando alguien llamó a la puerta. Sin tener ni idea de quién era, fui hacia la puerta para abrirla.

– Hola, cariño – me dijo Toni al abrirle. Me besó tocando mi cuerpo sólo con los labios.

– Hola – le respondo mirándole con sorpresa.

Entró en mi casa sin quitarme la vista de encima, cada segundo que pasaba mirándome me calentaba cada vez más.

– ¿Qué es lo que miras? – le pregunté de forma juguetona, pero no me respondió, sólo me seguía observando.

Me dirigí hacia mi habitación y, una vez dentro, me quité el albornoz de espaldas a Toni, sabiendo que me seguía observando. Lentamente se acercó a mí, quedando todo su cuerpo pegado al mío, sentía todo su mástil en mi trasero. Con un jadeo me di la vuelta y para quedar frente a él. Estaba totalmente desnuda, empezó a acariciarme un pecho y yo me arqueé de placer. Le desabroché el pantalón y comencé a acariciar su tensa verga suavemente. Ambos estábamos muy excitados y no parábamos de acariciarnos el uno al otro.

Me separé de su ardiente cuerpo y me tumbé en la cama mirándole con los ojos llenos de deseo apoyándome sobre los codos. Observé como se desvestía y se unió a mí en la cama. Me coloqué sobre él, y metí su verga dentro de mí con un suspiro de placer. Cabalgué sobre él muy lentamente, en ningún momento dejamos de mirarnos y cuando llegamos al orgasmo, primero lo hace él y después yo, nos frotamos el uno al otro antes de desplomarme sobre él.

Reencuentro

Me dirijo a la puerta cuando oigo el timbre. Al abrir veo a Raúl con cara de enfado:

– ¿Qué haces aquí? – le increpo cruzándome de brazos

Me da un empujón y entra en mi casa

– ¿Quién te crees que eres para dejarme en ridículo delante de mi empresa?

– Sal de mi casa

– No pienso irme – dice agarrándome de los brazos me coloca de espaldas a la pared y me arrincona con sus brazos a ambos lados de mi cabeza

– No te tengo miedo – susurro mirándole a los ojos.

– Deberías – dice roncamente. Atrapa mis labios entre los suyos, intento separarme pero me agarra de las muñecas para que no me mueva. Su boca devora la mía con pasión, casi sin dejarme respirar.

Me agarra del culo y enrosco mis piernas en sus caderas. Vamos hacia mi habitación, nos desnudamos sin dejar de besarnos y antes de llegar a la cama ya me está penetrando. Ya en el colchón deja de besarme para bombear con furia dentro de mí. Es como si su pene quisiera matarme. Me hace un poco de daño, pero placentero. Cuando lo hace más despacio, me pongo encima de él y empiezo a cabalgar suavemente hasta que me corro y lo saco de mí antes de que se corra él. Le doy la ropa y le empujo hasta echarle de mi casa.