Hell

Abrí la puerta al oír el timbre, pero no había ni un sólo ser humano en el pasillo. Sin embargo, al agacharme descubrí un paquete envuelto en papel de regalo. Lo cogí y salí a la calle corriendo buscando a la persona que lo había dejado en mi puerta, pero no encontré a nadie. De repente recordé que le había prometido a mi madre llamarla por la tarde, así que como no tenía teléfono en casa salí a la calle y busqué una cabina de teléfono. Al encontrarla entré en la cabina y en unos instantes me encontraba en una madriguera. Todo estaba oscuro, no podía distinguir nada, así que empecé a palpar las paredes con una mano para poder guiarme hasta que comencé a vislumbrar un tenue parpadeo de luz morada. Sin pensarlo, dos veces la seguí corriendo en lugar de caminando y al llegar al final me encontré en un lugar con el cielo de color morado y nubes azuladas.

Me quedé tan fascinada mirando a mi alrededor que no me di cuenta de que había una persona a mi lado. Al verle pegué tal brinco que me dio la sensación de que lo sintió todo este extraño país.

-¿Quién eres? – le pregunté. Parecía una persona totalmente normal, pero me daba la sensación de que era algo muy distinto a un ser humano.

-Me llamo Tambra – dice mientras señala el paquete que llevo en la mano. Ni siquiera me había dado cuenta de que todavía lo tenía – Dame ese paquete, es para mí.

Normalmente me opondría, pero no sabía que podía hacerme, así que se lo di sin dudar. Abrió el paquete y sacó un libro dorado. Lo abrió por la primera página y comenzó a pronunciar una serie de frases que no entendía, de pronto el cielo se tornó de un tono rojo anaranjado y en ese momento me di cuenta de cuál era el sitio en el que me encontraba: el infierno. Me vi rodeada de partes de esqueletos, de restos de hogueras y se cuerpos que movían piedras de un lugar para otro. Miré al tal Tambra, le pillé observándome fijamente y, antes de que pudiera reaccionar, cogió un alfiler que estaba dentro del paquete y me pinchó el dedo corazón con él.

Empecé a sentirme en trance y a recordar las cosas que había hecho a lo largo de mi vida: atracos a bancos, asesinatos, secuestro de personas adultas, mi período en la cárcel…De pronto vi un bote con arena, usé toda la fuerza de voluntad que tenía para salir del trance y cogerlo. Al conseguirlo, vacié todo su contenido en la cara de Tambra. Comenzó a decir de nuevo palabras en otro idioma, pero entendí una frase que dijo en mi idioma.

-¡Te convertiré en corcho, te convertiré en llamas, te convertiré en cenizas!

Me alejé unos centímetros para estar fuera de su alcance y al echar un vistazo al paquete vi una pequeña cuchara de plata, me pregunté cómo podría matarlo con ella. No lo pensé más, la cogí y se la clavé en el lugar en el que debería estar el corazón. Me quedé asombrada, cuando al hacer esto, se quedó calvo al caersele todo el pelo de la cabeza y comenzó a desangrarse y a convertirse en cenizas.

Observo a mi alrededor para comprobar si algo cambia, pero todo se mantiene igual. Me acerco al paquete y veo que lo único que queda es un sobre. Al cogerlo y abrirlo veo que sólo pone una frase:

Enhorabuena, eres la nueva señora del infierno.