Alicia en el país de las maravillas

Aly salió al jardín a buscar a su perra Jamuca. Siempre tenía la costumbre de salir al jardín y no regresar durante horas.

– ¡Jamuca! ¡Ven aquí! ¡Hace mucho frío para que estés fuera! ¡Jamuca!

Avanzó entre la mala hierba, acordándose de que hacía varios meses que llevaba posponiendo la limpieza del jardín, pero era algo que le daba mucha pereza. De repente, tropezó con una piedra y se cayó al suelo. Con una maldición entre los labios, intentó levantarse pero le dolía demasiado el tobillo como para hacerlo. Levantó la vista, había árboles dónde antes sólo estaban unos andrajosos matorrales y al mirar al cielo se dio cuenta de que se había vuelto de color verde oscuro. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, al asomarse al jardín todo estaba en absoluta normalidad. Parecía una horrible  y asombrosa pesadilla.

A lo largo del cielo estrellas fugaces no paran de surcar el cielo como si de cohetes de feria se tratasen. Aly no podía apartar la mirada del espectáculo que sucedía ante sus ojos hasta que vio a un hombre moreno lleno de músculos con un disfraz de conejo blanco. Lo que más la sorprendió no era que estuviera disfrazado, sino que además saltaba y caminaba como un verdadero conejo. A Aly le estaba dando la sensación de que nada de lo que sucedía a su alrededor era una pura fantasía, pero el dolor que sentía en el tobillo era muy real.

Consiguió ponerse de pie trabajosamente cuando vio acercarse a ella a una mujer vestida de payaso con una metralleta en la mano. Estaba sintiendo que el corazón iba a salirsele por la boca.

– ¡¿Qué te crees que estás haciendo aquí?! ¡Este no es tu sitio!

Le apunta a la cabeza con la metralleta, en un acto reflejo, agarra el cañón y se la arrebata de un tirón. Ahora la payasa estaba a mi merced.

– Por favor, ten piedad de mí. No quería hacerte ningún daño

Aly sabía que intentaba engañarla, pero no se fiaba ni un pelo de nada de lo que ocurría en ese extraño mundo. Y, sin dudar ni un segundo, le disparó en la sien causando un gran estruendo. Le dio la sensación de que el mundo sólo le prestaba atención a ella, todas las criaturas que vivían en aquel extraño lugar se dirigieron en avalancha hacía ella. No iba a poder enfrentarse a todos ellos con una simple metralleta, tenía que esconderse en algún sitio. Vio que uno de los árboles del jardín tenía un hueco lo suficientemente grande como para que se pudiera esconder en él, así que se arrojó hacia él.

De repente abrió los ojos y se encontró en la cama de su habitación con el corazón acelerado. Sólo había sido una pesadilla, pero al intentar ponerse en pie para ir a la cocina a por un vaso de agua, se dio cuenta de que no podía…aún le dolía el tobillo.