El coche y la carretera.

Avanza por la oscura carretera conduciendo con el coche, atenta al paisaje…o lo que puede ver en él. Los faros del coche están rotos, por lo que sólo puede servirse de su vista para no desviarse y caer por el barranco. Gira el volante una y otra vez dominando las curvas del asfalto. Debería sentirse tranquila ya que todo parece estar en calma, sin embargo, ella no se siente nada tranquila. No hay nadie más en la carretera, le da la sensación de haberse quedado ella sola en el mundo, no podía evitar ponerse nerviosa.

De repente, el coche se detiene. Gira la llave, mueve las marchas, levanta y baja el freno de mano, pero el coche no se mueve ni un milímetro. Abre la puerta y se baja del coche, abre el capó, parece que todo está bien, tendría que arrancar. Vuelve a subirse al coche, vuelve a girar la llave, pero nada, el coche no quiere moverse. Ella empieza a sentir un intenso frío a la altura de los hombros, coloca la cabeza sobre el volante sin saber qué hacer. Tiene que irse a casa, es muy tarde, sus hijos estarán preguntándose dónde estará.

Coge el teléfono pero no tiene cobertura, está empezando a agobiarse por momentos, ya no sabe que más hacer y no puede pedirle ayuda a nadie. En ese momento, mira el espejo retrovisor y en él ve una sombra en el asiento de atrás. El corazón empieza latirle de tal forma que parece que iba a salirsele del pecho. Intenta abrir la puerta para salir, pero algo se lo impide. La sombra comienza a moverse, se acerca a ella, siente cómo le rodea el cuello y no puede respirar. Justo al perder el conocimiento el coche comenzó a andar de nuevo hacia el barranco mientras la sombra se desvanecía.