Poderes

El cuarto estaba vacío. Se lo habían llevado todo. Desde los armarios de ropa hasta el papel que cubría las paredes. Se arrodilló en el suelo, se cubrió el rostro con las manos y se aguantó las ganas de echarse a llorar. Le costó mucho poder diseñar su despacho de escritura y reunir el dinero suficiente para poder comprarlo todo. Y en ese momento todo se vino abajo, y aunque en el fondo pensaba que era muy superficial preocuparse por algo así, no pudo evitar ser egoísta durante unos minutos.

Cuando pudo pensar con un poco de claridad se preguntó algo que le había pasado desapercibido. ¿Por qué habían vaciado la habitación? ¿Buscaban algo? ¿Y por qué habían vaciado sólo esa habitación? Había algo que no terminaba de encajar, algo que le mosqueaba sin saber por qué.

Pensando en esto estaba mientras se quedaba con la mirada perdida en la pared que tenía enfrente, la pared en la que estaban las primeras ediciones de los libros que había publicado, los libros que tanto trabajo y esfuerzo le había costado publicar, y los que mejores recuerdos le traían. En la pared podía verse la marca de la estantería que se había quedado del polvo. Se levantó y pasó los dedos por encima suavemente.

De repente, sintió un cosquilleo en sus dedos y al mirralos pudo observar un diminuto destello. Volvió a pasar los dedos y sintió la misma sensación. Colocó las manos con todas sus fuerzas sobre la sombra y cerró los ojos cegada por el desbordante destello. Al volver a abrirlos todo lo que antes estaba en la habitación había vuelto a su lugar. Estaba bloqueada, no sabía como había hecho aparecer todas las cosas, ni cómo había hecho que desaparecieran. Salió de la habitación y se dirigió hacia la terraza. Extendió uno de los brazos hacia el cielo, concentrándose todo lo posible. A los pocos segundos se vio cubierto de una húmeda lluvia que lo dejó empapado mientras su rostro estaba cubierto de una gran sonrisa.