La campesina y el sobre

La campesina metió el sobre en el buzón y salió corriendo despavorida antes de que alguien tuviera tiempo de verla. Una vez llegó a su cabaña, cerró la puerta y se apoyó en ella con un suspiro. Al fin había cumplido con su cometido y podría ser libre  de una vez por todas. El contenido del sobre sólo lo sabía la campesina, ni siquiera la persona que le había obligado a mandar ese sobre sabía lo que contenía. Ya sólo le quedaba esperar cómo se desarrollarían los acontecimientos.

Esperó un día, dos días y al tercer día tuvo noticias. Un paquete llegó a las puertas de su cabaña. Ansiosa lo cogió con cuidado de que no la viera nadie, y se metió en la cabaña. Le temblaban las manos, pero la curiosidad era más poderosa que su miedo. Dentro había una nota en la que ponía “Has cumplido con tu cometido. Aquí tienes lo que prometí. Ya no tendrás más noticias de mí.”.

Debajo de la nota había una bolsa de tela cerrada con un pequeño cordel. Al abrirlo estaba todo lleno de monedas de oro, tal cantidad de monedas de oro que no era capaz de contarlas. ¡Iba a poder irse de aquel maldito pueblo para empezar una nueva vida! De pronto, alguien llamó a la puerta. Rápidamente, metió las monedas y la nota en la caja y lo escondió debajo de la mesa.

– Aurora, ¿sabes lo que ha pasado? – le preguntó alterada Manuela, su anciana vecina.

– No, ¿qué ha ocurrido?

– El padre de Martita ha muerto

– ¿Cómo ha sido?

– Alguien le mandó una carta diciéndole que su hija estaba embarazada y le dio un ataque al corazón.

– ¿Y es verdad eso?

– No, Martita es una santa. Creo que alguien ha debido de enviarle esa carta sabiendo su enfermedad del corazón para matarlo.

La carta del baúl

Caminando entre los granos de arena dejo mi mente vagar por mis recuerdos. Mi mirada se queda perdida cuando mis pies chocan con algo duro. En un primer momento se me pasa por la cabeza que podría ser una roca. Sin embargo, lo que me encuentro es un pequeño baúl de madera. Me agacho lentamente y me siento de rodillas mientras alcanzo el baúl. Tiene un candado en la parte frontal, intento manipularlo con los dedos pero no puedo abrirlo. Agito los dedos y el candado se abre. Despacio, levanto la tapa del baúl y observo lo que hay dentro: una carta, la cuál saco con cuidado y la leo:

“Si estás leyendo esta nota es porque ya no estoy viva. Llevo en esta isla 3 años y lo he intentado todo para escapar. Me ha mordido un escorpión, supongo que no me quedará mucho de vida, así que llevaré esta carta conmigo a todas partes en el baúl de mi madre. Supongo que cuando alguien encuentre esta carta ya no habrá remedio para mi, pero quiero que de algún modo mi madre sepa que luché, que no me rendí.”

Arrugo la carta cerrando mi mano en un puño y me lanzo al mar. Agito las piernas hasta que aparece mi cola de sirena. Oteo todo el oceáno hasta ver una sombra en el fondo del agua, me acerco y encuentro el cuerpo de mi hija. La estrecho entre mis brazos y le doy un leve beso en los labios. Es entonces cuando abre los ojos y me da un gran abrazo. La ayudo a llegar a la superficie y tras llenar de oxígeno sus pulmones me da un abrazo tan fuerte y largo como si no hubiera un mañana. He recuperado a mi hija desaparecida.

Si tan solo lo supieras

Si supieras como tu familia te echa de menos cada día. Al principio cada mañana al despertar me acordaba de ti y ahora cada vez que voy a ver a la abuela te añoro más. Creo que no somos capaces de asimilar que te has ido para no volver, que aunque se te olvidaran cosas te seguíamos queriendo y ahora, cuando hace apenas una semana que te has ido, es cuando me doy cuenta de lo mucho que te echo de menos. Tus cosas empiezan a desaparcer, algunos nos llevamos algunos recuerdos tuyos y sabemos que te tendremos muy presente cada día de nuestra vida.

Ayer fui a ver a la abuela, vi como te echaba de menos y, al día siguiente, la que te echa de menos soy yo. Tengo algunas de tus película y de tus libros en mi estantería y cada vez que los veo me acuerdo mucho de ti. Y cada vez que escribo algo sobre ti te mucho más de menos, cuando voy a ver a la abuela siento que me falta algo, que allí hay algo que falta y lo siento dentro del corazón. Creo que todos vamos a tardar mucho en superarlo, pero solo ha pasado poco más de una semana, aunque hemos sentido un vendaval de sentimientos en este poco tiempo. Siento que cada día que pasa te echaré más de menos, sobre todo, recordando lo que has pasado en estos últimos años, en los que habías dejado de ser tu mismo, pero yo aún recuerdo cuando era pequeña, cuando estabas bien, y tengo muy buenos recuerdos tuyos. Espero que estés donde estés hayas dejado de sufrir.