Los escaladores

Se acercó a la entrada de la casa con curiosidad. Estaba rodeada de pequeños arbustos plantados en macetas colocados junto a la puerta. Ésta tenía un tirador sencillo pero antiguo, lo que le llevaba a pensar que aquella casa era más antigua de lo que parecía. “Tienen que cuidarla muy a menudo”, pensó Lucía agarrando el tirador y golpeando la puerta con tres golpes secos y lentos.

Nadie acudió a abrirle la puerta. Sin embargo, no podía quedarse allí con los brazos cruzados. Llevaba dos días viajando y necesitaba un poco de agua si no quería deshidratarse. Miró a su alrededor, pero no vio ninguna otra casa cerca. Apenas le quedaban fuerzas, así que no le quedaba otra opción que ingeniárselas para entrar en aquella casa.

La puerta era demasiado gruesa y pesada para intentar forzarla. Rodeó la casa buscando una ventana o un hueco por el que poder adentrarse en el interior, pero aquella casa parecía una cárcel. De pronto, se fijó en que había alguien junto a unos espesos matorrales. Se le pasó por la cabeza que alguien había tenido un accidente y nadie le había podido ayudar.

Corrió a ver cómo estaba el accidentado y se encontró con que era imposible que hubiera sido un accidente. Su cuerpo estaba lleno de marcas de cuchillos, como si hubieran querido asegurarse de que estaba muerto, y a su alrededor había un charco de sangre seca. El cadáver había empezado a descomponerse y los bichos se habían apropiado de él. De repente, se dio cuenta de que era un escalador, al igual que lo era ella.

Se preguntó si también había ido allí con la intención de encontrar cobijo o comida. Una sensación de terror invadió a Lucía. ¿Era posible de que aquella casa fuera una trampa para gente nómada como ellos? Se levantó de un salto y se alejó corriendo de aquella casa bajando por una de las colinas con tan mala suerte que acabo rodando y aterrizó en la base de la colina dándose un golpe en la cabeza con una gran roca.

Una luz en la casa se encendió y una sonrisa se mantuvo durante toda la noche.

Toy Story

La niña se despertó a medianoche desvelada. No le pasaba a menudo, pero cuando le ocurría no podía volver a dormirse, así que para no aburrirse buscó su conejo de peluche para jugar con él. Sin embargo, por más que lo buscaba por su habitación no había manera de que lo encontrara. Desilusionada, fue al salón para poner la tele, no estaba dispuesta a aburrirse, aún quedaban muchas horas de oscuridad.

Se sentó en el sofá, puso los dibujos del oso yogui y se quedó hipnotizada mirándolos hasta que oyó un ruido en la cocina. Se levantó y fue corriendo hasta la cocina. Seguro que era su padre que también se había desvelado, ahora podrían ver los dibujos juntos. Al acercarse a la entrada, vio a todos sus juguetes, los que había estado buscando por toda su habitación. Sin embargo, vio que ¡sus juguetes se estaban moviendo solos! ¡¿Cómo era eso posible?!, pensaba la niña. Se acercó a ellos.

– Hola – les dijo con total confianza y una sonrisa pintada en el rostro.

Todos ellos se dieron la vuelta siendo por primera vez conscientes de su presencia. Sus expresiones se tornaron enfadadas  y la niña se empezó a preguntar si había hecho algo para que se molestarán con ella. Los juguetes empezaron a susurrar entre ellos, la niña empezó a oír frases sueltas que decían como “sabe demasiado”, “hay que deshacerse de ella” y “con discreción”.

– ¿Os ocurre algo? – les preguntó empezando a preocuparse.

De repente oyó un portazo tras de sí. Su pequeño caballito de madera había cerrado la puerta, y el resto de sus compañeros la miraban de una forma que le empezó a asustar muchísimo. En grupo, empezaban a acercarsele y ella se estaba temiendo lo peor. Dos ositos de peluche le sujetaron los pies, lanzaron unas cuerdas que le rodearon las manos y, tirando de ellas, la desplomaron al suelo. La tenían totalmente inmovilizada y no pudo evitar echarse a llorar de puro terror.

– ¡Por favor, no me hagáis daño! Si os he hecho algo malo, ¡lo siento, no era mi intención! – sentía que no podía parar de llorar.

Los juguetes parecían ignorarla, era cómo si estuvieran totalmente hipnotizados y el cabecilla del grupo fuera su conejo de peluche, era él único que se había quedado apartado mirando. Le llamó, le pidió ayuda, pero lo único que conseguía era que se riera y que dijera que por fin iba a librarse de ella. Seguían tirando de las cuerdas que rodeaban sus extremidades, no dejaba de sentir dolor y cuando ya no pudo soportarlo más se desmayó. Los muñecos no pararon de tirar de las cuerdas hasta que le consiguieron arrancarle las extremidades y entonces desaparecieron del lugar dejando el cadáver inerte de la niña.

Cádaveres nocturnos

En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos donde llegamos al atardecer. No sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, pero atravesamos la plaza rapidamente hasta llegar a la iglesia. Nos quedamos dentro hasta que la luna se veía desde todos los ángulos que alcanzaba la vista. Mi hermana y yo salimos al exterior armadas con una pistola mojada en agua de la iglesia y un arco bañado en las cenizas de un cádaver. Avanzamos con pasos cautelosos, yo vigilando nuestra derecha y mi hermana nuestra izquierda. De pronto, oigo un chasquido por mi lado pero la oscuridad no nos facilita el trabajo, dejo que Anna siga vigilando mientras yo avanzo intentando averiguar que ha producido ese ruido. En ese momento, noto una suave brisa que me roza el hombro. Los muertos de han despertado. Lanzo mi mirada al cielo y veo como van desapareciendo las estrellas y el color del cielo pasa de un azul oscuro a un negro azabache dejando a esta ciudad iluminada solo por el reflejo de la luna. Mi giro buscando a Anna pero ha desaparecido y justo en mi espalda noto un susurro y al girarme encuentro lo que estaba buscando: tres cadáveres perfectamente conservados se acercan a mi cogeando levemente, pero antes de que puedan llegar a alcanzarme les disparo dos flechas a cada uno con lo que caen al suelo instántaneamente. Oigo unos gruñidos y sigo el sonido hasta que llego a mi hermana que está siendo atacada y asfixiada por un viejo cádaver descompuesto, los más poderosos, así que alcanzo su metralleta tirada en el suelo y le disparo hasta que cae inerte al suelo. Ayudo a Anna a levantarse y nos preparamos para la siguiente ronda.