Agua que cae

– Parece que va a llover

Giré la cabeza lentamente cual niña del exorcista sin poder creer que hubiera dicho esa frase. Había pasado todo el día arreglándome, me había gastado un dineral en un precioso vestido largo azul eléctrico con encaje en los bordes del mismo para tener que oír al imbécil de turno hablarme sobre el tiempo.

Sin embargo, decidí respirar hondo, poner una sonrisa y cuando iba a contestarle noté como me caía una gota de agua en la cabeza.

– Será mejor que entremos antes de que nos pongamos perdidos – le dije más calmada. Tras unos segundos de reflexión, empecé a pensar que quizás solo había sacado el tema del tiempo para que no nos mojáramos.

Al entrar en el salón, vi que no había nadie, todo el mundo se había ido.

– ¿Cómo es que ya se ha ido todo el mundo? – le pregunté girándome sobre mis talones para mirarle.

– No lo sé, puede que se hayan ido a otra parte de la casa.

Empezamos a caminar por los pasillos buscando al resto de invitados y acabamos en una habitación en un tono amarillo pastel semejante a la de un niño pequeño, por la cantidad de juguetes que había. Justo cuando entramos en ella la puerta se cerró de golpe y al girarme solo pude distinguir el brillo de los ojos de mi acompañante. Lentamente, éste se acercó a mi, pude sentir su aliento en mi cuello y, sin poder aguantar el deseo, le besé los labios sujetándole el rostro. Me empujó hasta la pared que había tras de mi, me levantó la falda del vestido y me penetró con rapidez y fuerza varias veces y de pronto sentí que me mordía salvajemente en el cuello. Me sentí desfallecer y antes de desmayarme vi como tenía la boca llena de sangre con sus largos colmillos sobresaliendo de su boca y sus ojos amarillos brillaban como el sol.