En aquel hotel

Llamé a la puerta de su habitación. Volví a leer el mensaje que me había enviado aquella mañana para asegurarme de que no me había equivocado de habitación. Me abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y me abrazó con todas sus fuerzas.

Habían pasado muchos años desde la última vez que nos vimos. En aquel momento percibí su olor de una forma totalmente distinta, como si no quisiera despejarme de su piel ni de su olor. Nos separamos sin dejar de darnos las manos y nos miramos a los ojos con todo el cariño que habíamos guardado durante tanto tiempo.

Entramos en la habitación, el cerró la puerta sin apartar la vista de mí. Nos sentamos en la cama y empezamos a hablar, no parábamos de contarnos cosas, había pasado demasiado tiempo y siempre habíamos tenido una conexión muy especial. De repente, sin saber cómo ni por qué, nos quedamos callados mirándonos a los ojos. Estábamos demasiado cerca el uno del otro y nuestras miradas eran muy intensas. No pude evitarlo, me acerqué a él, pegué mis labios a los suyos y lo besé mientras sujetaba su cara con ambas manos. No se lo esperaba, pero me acabó correspondiendo.

Un calor empezó a recorrerme todo el cuerpo, sentí que comenzaba a humedecerme por segundos. Sentía la urgente necesidad de desnudarlo y de desnudarme a mí misma. No pude esperar ni un minuto más. Le pregunté si tenía preservativos. Me dijo que sí con un asentimiento de cabeza.

No esperé más para quitarle la ropa sin dejar de besarle. Él también me empezó a quitar la ropa. Nos tiramos en la cama. Él quería estar encima de mí, pero yo me negaba a quedarme en la parte de abajo, así que luché hasta colocarme arriba. Estaba muy húmeda, no quería esperar, no podía perder la oportunidad que estaba teniendo ante mis ojos. Coloqué el condón, apoyé mis rodillas en el colchón a ambos lados de su cuerpo, cogí su miembro, lo rocé desde el clítoris hasta la entrada de la vagina un par de veces antes de introducirmelo. Suspiré de placer al sentirlo dentro y esperé un par de segundos antes de sacarlo y volverlo a meter. Cada vez entraba y salía más rápido hasta que llegó un momento en el que luchaba por conseguir llegar al orgasmo.

Me sentía muy poderosa, él no paraba de mirarme a los ojos y eso me ponía muchísimo. Cogí su mano y le pedí que me rozara el clítoris con el pulgar, y en cuestión de segundos llegué al orgasmo gritando su nombre para seguidamente hacerlo él.

Caí sobre él, pero no saqué su miembro de mi cuerpo, y nos volvimos a besar. Él me apartó el pelo de la cara con ternura. Sin embargo, yo no quería ternura, necesitaba jugar, necesitaba sentirme sucia. Así que no tardamos en ponernos a jugar.

Un delicioso desvelo.

Me siento de lado con mi bol de granola y leche cruzando las piernas mientras cambio de canal en la tele. Me he desvelado, no estoy acostumbrada a dormir en una casa que no es la mía. La tarde anterior me había quedado a dormir en casa de Marcos que vive con sus padres, su hermano y su hermana. La televisión no está muy alta, por lo que no me estoy enterando muy bien de lo que dicen en las noticias, pero no me importa, siempre que estoy comiendo algo tengo que tener puesta la televisión, es como si así me sintiera menos sola.

De pronto, oigo unos pasos a mi izquierda que avanzan desde el pasillo hacia el salón, es el hermano de Marcos, Loren.

– Buenos días – le digo a lo que me responde con un gruñido y sentándose a mi lado.

– Te has levantado un poco temprano, ¿no crees, Marta? – le pregunta tras un rato en silencio.

– Me desvelo con mucha facilidad, además no suelo levantarme muy tarde – le respondo distraídamente. Sin embargo, noto que no despega la mirada de mí.

– ¿Qué estás desayunando?

– Granola. ¿Quieres probarla? – le pregunto observándole. Ahora soy yo la que no aparta la mirada de él.

Con la cuchara cojo un poco de los cereales del bol y lentamente lo acerco hasta su boca. No me había fijado en lo sensual que es su boca, mastica lentamente y traga la comida sin dejar de observarme ni un segundo. En otra ocasión podría haberme puesto nerviosa por la intensidad con la que me mira, pero en estos momentos lo único en lo que puedo pensar es en poseer esa deliciosa boca.

Acercamos nuestros rostros hasta que nuestros labios se tocan. Dejo el bol sobre la mesita que hay delante del sofá y me centro en corresponder a sus besos. Mi cuerpo comienza a encenderse por segundos, mi vagina empieza a dolerme llamando mi atención. Me coloco sobre él frotando nuestras partes íntimas, desabrocho sus pantalones, saco su pene de sus calzoncillos y comienzo a acariciarlo suavemente de arriba hacia abajo. Estamos muy excitados, pero el resto de la casa está durmiendo y no queremos que nos pillen, por lo que nos levantamos y entramos en su habitación.

Continuamos besándonos, me coloca de espaldas a la pared, frota su pene contra mi vagina y no puedo evitar soltar un largo gemido. No llegamos a la cama. Nos quitamos a la vez la camiseta, y como si de una danza se tratara, me acerca a él para agarrar uno de mis pechos y chuparlos con ferocidad. Mis jadeos lo excitan cada vez más, puedo notarlo en mi entrepierna. Me echo sobre el suelo apoyada sobre mis codos y le miro con deseo en los ojos al igual que él a mí. Me quita los pantalones cortos y la ropa interior, adentra su mano entre mis labios y tiemblo cuando me acaricia de arriba abajo rozándome el clítoris.

Por fin, introduce su pene en mi vagina y no puedo evitar soltar un jadeo ahogado al sentirle en mi interior. Es una sensación muy difícil de explicar, no siento dolor, pero tampoco placer y a la vez siento las dos cosas a la vez. No quiero que pare nunca, quiero que siga llenándome eternamente. Al principio se mueve de una forma muy suave, pero al cabo de un par de minutos comienza a embestirme duramente. Mientras, concentrada en alargar el momento todo lo posible, le beso en el cuello, en la mandíbula y, con menos frecuencia, en sus carnosos y suculentos labios. Loren consigue llegar al clímax antes que yo, pero no pienso quedarme sin mi ansiado orgasmo, así que acaricio mi clítoris hasta que estallo en un ruidoso e intenso orgasmo. Nos quedamos tumbados sin despegarnos el uno del otro hasta que nos recuperamos lo bastante para ducharnos. Ha sido una primera vez deliciosa.

Otro sueño igual

No te lo vas a creer. Hoy he soñado contigo. He soñado que nos volvíamos a ver, tras un mensaje de whatsapp habíamos quedado y, sin saber por qué, nos acabamos cogiendo de la mano. No recuerdo muy bien todo el sueño, pero recuerdo perfectamente lo dichosa que me sentía, lo feliz que estaba cogida de tu mano. Y al despertarme me di cuenta de que todo había sido un sueño, aunque yo lo sentía más bien como una pesadilla, ya que me desperté con un vacío en el pecho que en el sueño no sentía.

He buscado el significado de habernos cogido de la mano en Google y me ha dicho que lo que tengo es miedo a perderte, a alejarme de ti. Y es verdad, tengo mucho miedo, porque tú has sido una de las pocas personas que ha significado algo para mí, que me ha hecho reír y has sido un amigo en todos los aspectos, aunque llevo tiempo queriéndote como algo más que un amigo. Sin embargo, sé que tú no me ves así, por lo que sería una pérdida de tiempo ilusionarme con algo más.

Creo que no sólo ha sido el echarte de menos, sino que lo que en realidad echo de menos es el poder tener a alguien a mi lado, el poder estar junto a alguien que me quiera. No es la primera vez que tengo este tipo de sueños, y siempre me despierto con el mismo vacío, cosa que odio. Pero, ¿cómo puedes echar de menos algo que nunca has tenido? ¿Cómo podemos llegar a estar tan obsesionados con tener algo que pensamos en ello más de una vez al día y no paramos de soñar con ello?

Vaya tontería, soñar con coger a alguien de la mano, ¿no? Pues para mí no ha sido una tontería, ha sido la sensación más maravillosa del mundo y me encantaría volver a soñar lo mismo esta noche, pero creo que por más que lo intente no va a poder ser.