Presencias vengativas

Me desperté con el aroma anaranjado del amanecer sintiendo como el calor del sol iluminaba mis párpados hasta hacerlos abrir. Sin embargo, no quería hacerlo porque sabía que era lo que me esperaba: el cuadro. Esa maldita pintura que reflejaba todos mis mayores miedos y nunca eran los mismos. A veces era la oscuridad, otras una plaga de asquerosos insectos, pero lo único que me apetecía hoy era ser ciega, me entraba pánico en solo pensar en abrir los ojos. Y aunque deseaba esto con toda mi alma, no me quedó más remedio que hacerlo. En cuanto lo hice me arrepentí; esta vez los colores mostraron a mi difunto novio, rápidamente me senté en la cama con un grito agudo saliendo por mi boca. Empecé a hiperventilar desmesuradamente, me levanté, corrí hacia el baño y mojé la nuca con agua muy fría. Me obligué a respirar más despacio, lentamente abrí la puerta del baño, me acerqué al cuadro y lo contemplé con minuciosidad. El rostro de mi novio estaba desfigurado, como si hubiera visto que no le hubiera gustado, la misma cara que tenía cuando me pilló engañándole con su hermano. Con su piel negra tersa como el mármol, sus ojos negros y sus grandes labios junto con su rizado pelo me recuerda a lo mucho que lo quise, pero cometí un error del que puedo arrenpentirme y mejorar pero no puedo volver atrás porque lo hecho, hecho está.

Con un leve temblor en las piernas, me dirijí a la cocina para prepararme el desayuno, aunque tenía el estómago cerrado. Abrí la nevera, cogí la leche de soja pero cuando la iba a echar en el vaso que había cogido, desapareció. Me quedé con el brick en el aire mientras observaba mi alrededor con cautela, y en ese momento noté una brisa que cruzaba mi mejilla, entonces me di cuenta de que la pintura de mi habitación no estaba mostrando mi miedo, era Hugo manifestándose a través del cuadro.

Intenté escapar de mi casa, llena de nuestros recuerdos con los que Hugo se hacía más y más fuerte, pero bloqueó la puerta y atascó las ventanas, fue entonces cuando me sumí en un sueño profundo en el que no pude despertar.