La infidelidad y el robo

Robó la joya movida por los celos y la escondió en el bolso mientras seguía paseando por la casa. No sólo era la casa de su mejor amiga, era la casa de la amante de su mujer. No podía evitar sentir una inmensa furia hacia ella, aunque en el fondo sabía que la culpable de todos sus enfados era su esposa.

Siguió a la amante hasta su habitación. Por lo visto tenía algo que darle. Le daba lo mismo, no pensaba devolverle la joya aunque se la pillara en el bolso. Era el collar que le regaló a su mujer en su primer aniversario y pensaba tirárselo a la cara en cuanto llegar a casa.

La amante la sujetó de las manos, se la quedó mirando fijamente a los ojos y, de improviso, la besó apasionadamente en los labios. No se lo esperaba, pero cuando se separó de ella empezó a sentir un intenso frío. Bajó la vista y vio que tenía un cuchillo clavado en el estómago. Se desplomó en el suelo y antes de perder el conocimiento vio cómo la amante sacaba de su bolso la joya que había robado.

Al despertar, se encontró en una oscura habitación con una gran reja. Había vuelto a soñar con su último día de libertad.