Falsas acusaciones

No tenía coartada, estaba perdido. Sus dedos rodeaban los barrotes de la celda del calabozo hasta hacer que la sangre dejara de recorrer sus manos de la presión. Los policías no paraban de recorrer el pasillo del calabozo de arriba abajo sin detenerse ni un solo segundo. Le daban ganas de gritar que lo sacaran de ahí de una vez, que no había hecho nada, que él no había asesinado a su hijastra. Pero no podía demostrarlo, no podía demostrar que había estado sólo en casa toda la tarde mientras su hijastra era asesinada. Le dijo que iba al cine con unas amigas, parece que era mentira, sus amigas han negado que hubieran quedado juntas.

Se alejó de los barrotes y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo y la espalda apoyada en la pared. Las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro y todo su cuerpo empezó a experimentar temblores. Lloraba por la hija a la que había perdido, porque era eso…su hija. Era lo único que le quedaba de su difunta esposa, al morir ésta había pasado a tener su custodia. Todo este tiempo se habían tenido el uno al otro y en ese momento la policía sospechaba que él había intentado abusar de ella y al resistirse la había matado. Eso era lo que él pensaba que sospechaba la policía, por eso le tenían allí, en cualquier otro caso no le tendrían encerrado en aquel asqueroso y mugriento lugar. Presentía que le tendrían allí durante mucho tiempo.

De repente, la puerta se abrió para dejar entrar a un policía que le miraba con una extraña sonrisa en la cara. Él le observaba con los ojos inundados de lágrimas, seguro que querían interrogarle de nuevo, estaba cansado de las preguntas que no podía responder por mucho que la policía estuviera convencida de que él era el asesino. El policía se acercó a él y, sin que el acusado pudiera preverlo, le dio un patata en el estómago, y otra en las piernas, y otra en el pecho, y otra en la cabeza, y otra…No paró de golpearle hasta que perdió el conocimiento y le susurró “He disfrutado tanto dándote esta paliza como rebanándole el cuello a tu hijita”.