Cambiando Proyectos

Holii!!

En este post voy a ir al grano directamente. Primero porque he estado toda la mañana escribiendo y no tengo mucho tiempo. Segundo porque creo que las novedades deben ir sin paños calientes. Así que, ¡vamos allá!

Desde hace unos meses estoy escribiendo el Proyecto Tentación, pero se me ha quedado demasiado largo (más de doscientas páginas). Así que he estado unas semanas pensando qué podría hacer porque luego tengo que corregir todo lo que escriba y no me gustaría desmayarme en el intento (jeje).

Entonces se me ocurrió que podría dividir la novela en dos partes, ya que cuenta dos historias paralelas. Al principio no estaba muy convencida porque la idea inicial dejaba de tener sentido, pero en los últimos días he tomado la decisión de hacerlo.

Así que ahora mismo tengo dos manuscritos entre manos: uno con casi 100 páginas y otro que las sobrepasa. Ahora estoy mucho menos agobiada y con las ideas algo más claras. Por ello, finalmente habrá una novela con la historia principal y otra con la precuela de esta historia.

También me estoy planteando hacer algunos cambios en los personajes principales pero aún no he decidido nada.

En cualquier caso, os iré informando.

¿Me contáis novedades de vuestros proyectos?

Retorno al pasado

Cuanto más tiempo pasa me doy cuenta de que estamos volviendo al pasado en lugar de ir hacia el futuro. Y cuando hablo de que volvemos al pasado me refiero a que quieren que las mujeres retrocedamos al pasado.

Nos piden que nos escondamos, que ocultemos algo que es natural, que no saquemos a la luz nuestros instintos. Yo me considero una mujer afortunada que no ha tenido que vivir muchas situaciones propias del machismo al contrario que mis amigas. Sin embargo, a medida que pasan los años, veo que los estragos del machismo se acercan a mí y me exigen cosas que no estoy dispuesta a dar.

No voy a maquillarme todos los días si no me apetece. No voy a vestirme de una forma femenina y delicada cuando salga a la calle si no me siento cómoda con ello. Saldré con mis amigas con pelos de loca y sin depilar si es lo que quiero. No tendré pareja si no conozco a una persona que me respete y me comprenda. Mi objetivo en la vida no es casarme ni tener hijos.

Me gusta ser mujer. Me enorgullezco de mi género, pero hay ciertas cosas que no soporto. Odio tener que ocultar cosas como la menstruación para que todo el mundo se siento cómodo. Tendríamos que tener ya más que aceptado el cuerpo de la mujer y su naturaleza. ¿Por qué tengo yo que tener cuidado con lo que muestro de mi cuerpo mientras que un hombre puede mostrarse sin camiseta y es lo más normal del mundo?

Es injusto que en 2021 aún tengamos que aguantar comportamientos tan retrógradas. Es injusto no poder ser libre en una sociedad que te hace pensar que sí lo eres. Lo peor es que cuanto más tiempo pase menos libre seremos.

Reflexión de Septiembre

Hola de nuevo, lectorcill@s. ¿Me habéis echado de menos? ¡Yo a vosotr@s sí! Este mes de descanso de redes y programar artículos me ha venido de perlas. Ya notaba que estaba sobrepasada con tantas cosas que hacer y noto que mi mente ha descansado mucho. Sin embargo, eso no quiere decir que haya dejado de escribir durante este mes.

Le he estado dando caña al Proyecto Tentación, la novela que empecé a escribir en abril y aún no he terminado. Me está quedando bastante larga. Ya llevo más de 80.000 palabras y estoy temiendo el momento de tener que ponerme a corregir el manuscrito. Aun así, intento no pensar demasiado en ello.

También he estado pensando en el rumbo que quiero que tomen el blog y mis redes sociales de escritora. En los últimos meses me está costando bastante ser constante con mis redes (sobre todo Instagram), así que he decidido que voy a intentar interactuar en Twitter todo lo que pueda y en Instagram sólo subiré posts cuando tenga algo que decir relacionado con mis proyectos, quiera hacer alguna reflexión o anunciar alguna decisión como estoy haciendo ahora en el blog con este post.

Respecto al blog, quiero hablar más sobre mis proyectos aquí, compartir mis pensamientos y reflexiones. Los relatos se mantendrán, pero ya no seguiré haciendo entradas de investigación sobre escritura o libros. También he estado pensando en hacer una newsletter así que si estáis interesados en ella dejádmelo en los comentarios de este post y veré la forma de hacerlo.

Por último pero no menos importante, quiero agradeceros a todos y cada uno de vosotros que gastéis vuestro tiempo en leerme. Quiero daros las gracias por cada me gusta, cada comentario y cada nuevo suscriptor del blog. Sois un amor. Nos vemos la semana que viene.

Gracias a tod@s

La escritora desconcentrada

La joven escritora se encontraba en el jardín de la casa de su ¿amante? aporreando las teclas de su portátil ante una ola de inesperada inspiración. Le encantaba escribir en el jardín, se había convertido en su lugar favorito: el aire fresco, los pies descalzos sobre la hierba, el paisaje de la playa a lo lejos…para ella era un paraíso.

Miranda, desde hacía años, había tenido la tentación de dejar de escribir siempre que alguien se acercaba, la avergonzaba que cualquier persona leyera las primeras versiones de sus escritos. Pero con Tyler había sido diferente. Dejaba que leyera lo que escribía. A veces estaba cuatro y cinco horas escribiendo, y no le importaba que lo leyera todo.

Tyler se acercó a ella y empezó a acariciarle el cuello con suaves besos. Las cosquillas le recorrían la piel, pero no dejó de escribir. Él, mientras seguía besándola, bajó su mano por el estómago de Miranda, hasta llegar a sus vaqueros. Los desabrochó, bajó la cremallera haciendo un estridente ruido, y deslizó la mano dentro de su ropa interior. Por la sorpresa, Miranda dejó de escribir unos segundos.

–Sigue escribiendo –le ordenó él con una sensual voz ronca.

Ella intentó volver a escribir, pero ya estaba desconcentrada, no podía articular ni una sola frase. Tyler usó la humedad de Miranda para masajear su clítoris y fue dibujando pequeños círculos. Notó como aquel minúsculo botón se iba hinchando de excitación al tiempo que Miranda no paraba de jadear. Mantenía los puños cerrados y movía las caderas sobre su mano en busca de más placer. El orgasmo sacudió el cuerpo de Miranda en pocos minutos y gritó dando gracias de que estuvieran solos en la casa.

Con una sonrisa, miró a Tyler y, por unos instantes, odió lo inoportuno que podía llegar a ser, pero también amaba que hiciera aquellas cosas en los momentos más inesperados. Él sacó la mano de los pantalones de Miranda y se chupó los dedos ruidosamente. Ella se fijó en el bulto que predominaba en sus pantalones.

Con dedos temblorosos, descubrió su miembro y se lamió los labios como si se encontrara ante una suculenta golosina. Le echó una mirada traviesa y cubrió con sus labios el capuchón. Recorrió con su caliente lengua cada rincón de la piel de su miembro. Besó cada centímetro de su envergadura y se ayudó de las caricias de sus dedos para excitarlo aún más. Siguió lamiendo y chupando hasta que, haciendo movimientos ascendentes con su mano, logró que Tyler se corriera.

El temblor recorrió cada rincón del masculino cuerpo y los murmullos de placer no pararon de sucederse. Miranda observaba los espasmos de su cuerpo juguetonamente mientras aprisionaba con sus dientes el labio inferior. Se estaba convirtiendo en una visión de la que disfrutaba y cada día era mejor que el anterior. Miranda se puso de pie y se adentró en la casa despacio ante la inquisitiva mirada de Tyler que sonreía ante su chulería.

Clásicos Románticos

Dentro de los clásicos de la literatura podemos encontrar todo tipo de libros y, entre ellos, los románticos. Por ello, con curiosidad, he investigado qué libros a lo largo de la historia se han publicado y correspondan a los clásicos de la literatura.

  • Romeo y Julieta de William Shakespeare.
  • Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.
  • Cumbres Borrascosas de Emily Brontë.
  • Jane Eyre de Charlotte Brontë.
  • Madame Bovary de Gustave Flaubert.
  • Como agua para chocolate de Laura Esquivel.
  • El fantasma de la ópera de Gastón Leroux.
  • Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell.
  • El amor en los tiempos de cólera de Gabriel García Márquez.

De esta lista sólo me he leído Orgullo y prejuicio, Como agua para chocolate y Lo que el viento se llevó y todas estas novelas me gustaron. Me gustaría leerme Los libros de las hermanas Brontë y El fantasma de la ópera, así que espero hacerlo pronto.

Debemos dejar de tenerle miedo a los clásicos (le dijo la sartén al cazo) porque son libros perfectamente normales y, en la mayoría de los casos, entendibles.

¿Cuál es tu clásico favorito?

El hermano de mi mejor amiga

Ingrid fue a la cocina en busca de algo para comer. Escuchó cómo se abría la puerta de la entrada. Vio como el hermano menor de Mónica entraba en casa. Ingrid sintió como la boca se le secaba. No iba a dejarlo escapar. Lo siguió hasta su habitación y cerró la puerta.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Fran con confusión.

—Consiguiendo que dejes de ignorarme.

Ingrid agarró el rostro de Fran entre sus manos con brusquedad y lo besó furiosamente. Fran se resistió en un primer momento, pero pocos segundos después se relajó.

La mano de Fran se posó sobre la cintura de Ingrid y, suavemente, ascendió hasta alcanzar su pecho. El contacto provocó un placentero cosquilleó en el cuerpo de ella. Ingrid se separó con intención de marcharse, pero él la agarró de la mano impidiendo que desapareciera de su vista.

—¿Te vas? —le preguntó Fran con la respiración agitada.

—Sí. ¿Por qué? ¿Quieres algo? —Ingrid detuvo la vista en la abultada entrepierna del pantalón oscuro y se mordió el labio inferior.

—Quiero continuar—Fran miró los hinchados labios de Ingrid—. ¿Quieres tú llegar más lejos?

Volvió a acercarse a él, posó la mano sobre su pecho y lo empujó logrando que cayera de espaldas sobre la cama. Se colocó sobre el cuerpo de Fran y volvió a besarlo. Sus lenguas se entrelazaron acompañándose en un sensual baile.

Ingrid se bajó de la cama unos segundos para deshacerse del pantalón y de la ropa interior.

—¿Seguro que quieres que continuemos? —preguntó Ingrid. Altamente excitada, frotó su pubis contra el hinchado bulto de manera que el pantalón acabó manchado de sus fluidos.

Un gemido salió de los labios de Fran.

—Sí. No te detengas ahora —dijo él con una voz ahogada.

Ingrid desabrochó el botón de su pantalón y deslizó la cremallera lentamente hasta dejar a la vista su ropa interior. Ella liberó su miembro. La excitación recorría cada uno de los rincones de su cuerpo y notaba cómo un húmedo y agradable calor se instalaba entre sus piernas. Acarició el glande con el pulgar deleitándose con los sonidos que él profería.

Levantó las caderas e introdujo el miembro en su interior. La sensación que sentían era deliciosa. La piel de Fran dentro de las húmedas cavidades de Ingrid, el olor del sexo de ella impregnaba toda la habitación, el sonido de sus respiraciones deseosas de continuar.

Bruscamente, Fran se dio la vuelta, colocando a Ingrid en la parte de abajo y quedando él arriba. Fran comenzó a embestirla muy rápido y fuerte causando en Ingrid altos gritos de placer.

—Sigue. No pares. Por favor, no pares —dijo ella entre sonoros jadeos.

Ella deslizó la mano entre sus cuerpos hasta dar con el clítoris. Con dos dedos, lo acarició en círculos hasta conseguir que una intensa descarga eléctrica recorriera cada centímetro de su cuerpo. Las contracciones de su vagina causaron que Fran se corriera sin que le diera tiempo a salir de su cuerpo.

Escritores favoritos de literatura erótica

La literatura erótica es uno de los géneros que más me gusta leer y escribir. Tiene algo que no tiene el resto de géneros y consigue transmitirme sentimientos muy especiales. Hace algún tiempo llegué a la conclusión de que no todo el mundo sabe escribir erótica y no es tan fácil como parece. Por ello, he hecho una recopilación de escritores y escritoras de literatura cuyos libros he leído y me encanta como escriben.

  • Noelia Medina. Noelia tenía que estar en la primera posición ya que tengo casi una obsesión por sus libros. Escribe las escenas con sumo detalle y delicadeza, sin dejarse el erotismo aparcado en ningún momento. Es la prueba de que no todo el mundo sabe escribir literatura erótica ni sabe hacerlo tan bien. En concreto, recomiendo sus libros La hija de mi socio, 22 gemidos y Con las manos en las bragas.
  • El vecino del ático. A este autor lo descubrí antes que a Noelia Medina y, con el primer libro que me leí, ya me fascinó. Escribe sus escenas con un toque de fantasía que las hace súper especiales. Os recomiendo especialmente su primer libro ¿Jugamos? que a mí me encantó.
  • Angy Skay. De Angy lo que más destaca, aparte de pluma erótica, es su humor andaluz. Si necesitas reírte a carcajadas, lee uno de sus libros y lo harás. Recomiendo su saga Provócame.
  • Laura Nuño. De Laura destaco sus novelas de fantasía en las que las escenas eróticas no tienen desperdicio. Sus libros te dejan el corazón blandito y querer convertirte en la protagonista de sus historias. Destaco las novelas Mi custodio y Mi bestia.
  • Lucy Valiente. De esta autora sólo me he leído un libro de relatos pero me gustó tanto que he pensado en incluirla en esta lista. Sus historias son atrayentes y te enganchan desde la primera palabra. Recomiendo el libro que yo me leí, Bocados de amor.

En resumen, para mí y bajo mi experiencia, estos son los autores que más me gusta leer y con los que más disfruto.

¿Y a ti? ¿Te gusta la literatura erótica? ¿Cuál es tu autor@ favorit@?

Cada persona es diferente

Llevo un par de días con un humor bastante agrio. Discusiones familiares, ya sabéis de lo que hablo. Así que necesitaba desahogarme un poco para que mi cabeza no reventara. Y para eso está la escritura, para vaciar la mente.

Una persona me ha dicho últimamente que no hablo, pero no me lo ha dicho en un tono cordial, sino recriminatorio. Eso me ha dolido, mucho, pero también me ha hecho pensar, mucho.

Hay personas que no conocen la empatía pero tampoco saben aceptar que cada persona es diferente y no tiene nada de malo. No tengo palabras para describir el sentimiento que tengo dentro. Una persona que, supuestamente, me quiere pretende cambiarme y hacerme a su imagen y semejanza sin importarle mis sentimientos. Le da igual como me afecte eso.

Lo que más me duele es que hay gente que no es de mi sangre y, sin embargo, no dudaron en aceptarme desde el primer momento en el que me conocieron. Esto me hace pensar que hay gente que te quiere bien y gente que te quiere mal y a mí hay mucha gente que me quiere mal. Lo único que pido yo es que me dejen hacer lo que me gusta, que me dejen vivir la vida a mi manera.

Sólo pido respeto. Nada más. Cada persona es diferente, única y especial. Pienso reivindicar lo diferente. Es lo justo. Hay muchas cosas que me hacen especial. Soy extremadamente callada, observadora, me gusta escuchar, soy PAS, lloro por cualquier tontería, soy gorda, me gusta quedarme en casa, soy feliz escribiendo con un cola cao al lado, me encanta Morat y siento pasión por Freddie Mercury, quiero a mis amigas y a mis padres con toda mi alma, me preocupo en exceso por cosas que aún no han pasado, aprecio los pequeños detalles, soy empática, tengo cuidado con los sentimientos de los demás…

Esta lista podría ser interminable porque considero que no tengo defectos ni tampoco virtudes. Son cosas que me caracterizan y me hacen especial. Mi personalidad no es peor que otra, es diferente.

Creo que deberíamos plantearnos en aceptar a las personas a las que queremos si pretendemos que sean felices y no desgraciadas el resto de su vida.

La tolerancia es fundamental.

Clichés románticos

Llevo años siendo una fiel lectora de novela romántica. No sé si es porque soy una ñoña empedernida o qué pero me encanta leerla y acabo sufriendo mucho con los personajes. Pues, ¿puedes creerte que nunca he detectado un cliché? Es más. Creía que no existían en la novela romántica.

Llámame lela, si quieres, pero no me había dado cuenta.

Así que he hecho una pequeña labor de investigación para saber cuáles eran los clichés de la novela romántica que otros lectores habían detectado. Cuál ha sido mi sorpresa cuando he descubierto que hay montones y montones de clichés. Creía que me iba a dar algo, pero eso ya te lo explicaré más adelante. Por ahora voy a ponerte una pequeña lista con algunos de los clichés más comunes. Ahí van.

  • Personaje femenino principal es virgen.
  • Hombre sobreprotector.
  • Segundo hombre interesado en la protagonista.
  • El chico se pone celoso.
  • Las mujeres son propiedad del hombre.
  • Los personajes no pueden estar juntos por alguna razón.
  • El chico cambió al conocer a la chica principal.
  • Los personajes se conocen en una situación incómoda.
  • Hay una segunda mujer que es toda una maldita.
  • Todos mueren por la chica principal.
  • Tienen un malentendido que lleva al chico a disculparse en un lugar público.

Vale, ahora es cuando los que aspiramos a ser escritores de novela romántica tiramos dramáticamente el lápiz al suelo y nos echamos a llorar. ¿Cómo voy a escribir una novela romántica sin caer en ninguno de estos clichés? Tú dirás: “Ten un poco de imaginación”. Puede que tengas razón, pero demasiada imaginación hay que tener para no creer en ningún cliché del mundo. Tienes que tener en cuenta que esta es sólo una pequeña lista, la que hice inicialmente era mucho más larga pero no he querido aburrirte más de lo necesario.

Creo que esta va a ser otra de las cosas que voy a tener que asumir cómo escritora. Tendré que aprender que repetir clichés no siempre es malo, que lo importante es la forma de contar la historia. Pero créeme cuando te digo que no es algo fácil.

Cuando leo este tipo de cosas me entra la inseguridad y empiezo a pensar que nunca llegaré a conseguir nada con mis libros.

¿Tú qué piensas de los clichés? ¿Conoces alguno más de la novela romántica?

En la oficina

Terminé de archivar las facturas cuando oí la puerta de la entrada abrirse. Miré la hora en mi reloj de pulsera. Quedaban cinco minutos para la hora de cerrar y no me apetecía nada atender a otro cliente más. El día había sido demasiado largo y sentía la cabeza a punto de explotar.

Me giré lista con una sonrisa para atenderlo y me di de bruces con él. Me miraba con seriedad, como si no tuviera ni idea de lo que causaba en mí. Tragué saliva mientras sentía como un hormigueo recorría mis labios.

—¿Deseaba algo? —pregunté con la voz temblorosa.

—Venía a recoger unos documentos. Las escrituras del mes pasado —Ni una sonrisa mostró su rostro.

—Por supuesto.

Busqué los papeles que pedía demorándome el máximo tiempo posible. Metí los folios en una carpeta y los dejé a su alcance. Intenté conectar mi mirada con la suya, pero él se empeñaba en mantener la mirada baja. Le había visto en muchas ocasiones cuando iba a la oficina, pero no había forma de saber si estaba interesado en mí.

Ya no podía más. Necesitaba saber si le gustaba o no y mi paciencia se había acabado.

—Adiós —dijo él con intención de despedirse.

—Espera —dije apartándome de la mesa.

Rodeé la mesa y me acerqué a él. Sin dejarle tiempo para reaccionar, lo agarré de la nuca con una mano y lo besé agresivamente. Él se quedó quieto sin saber qué hacer. O eso supuse yo. Sus labios eran cálidos y duros y desprendía un olor a colonia de hombre que me encantaba. Pensé que me apartaría, que me daría un empujón y saldría corriendo pensando lo loca que estaba, pero empezó a corresponderme.

Comenzó a mover sus labios sobre los míos y guio mi lengua en un suave y adictivo viaje. Me empujó despacio hasta apoyarme contra el filo de la mesa. Bajó sus manos hasta la cintura de mi pantalón con intención de desabrochármelos, pero le detuve. Yo no quería tener relaciones en la oficina de manera que cualquiera pudiera vernos. Aparté sus manos de mi pantalón y él me miró con confusión. Yo me percaté del bulto de su entrepierna y mi corazón se aceleró.

Aunque tenía una excitación en el cuerpo que casi no podía controlar, debía pensar con la cabeza.

—Aquí no —posé la mano sobre su pecho con intención de detener cualquier movimiento.

—¿Dónde? —volvió a besarme agresivamente sin tener ninguna piedad con mi boca.

—Esta noche. Nos vemos a las diez.