Tras un día agotador

Abrió la puerta de casa y Bea suspiró de alivio de poder llegar a su hogar y estar sola unas horas antes de que sus hijos llegaran a casa del instituto. Dejó la chaqueta sobre el perchero y se quitó los zapatos sin ayudarse con las manos. La jornada de trabajo había terminado por ese día y necesitaba relajarse un rato. Desconectar del estrés acumulado.

El trabajo, los hijos, su pareja, su familia…su mente necesitaba liberarse unos minutos de todas las preocupaciones que la abordaban día a día. Se le ocurrió la idea de un baño relajante. Con el agua calentita, unas sales de baño, unas velas aromáticas y una copa de vino blanco. Eso la ayudaría a dejar la mente en blanco durante un rato. No se lo pensó más.

Caminó hasta su habitación y se desnudó con prisa. Sabía que en cualquier momento podían llegar sus tormentos a casa y la tranquilidad de Bea se terminaría. Por una fracción de segundo se miró ante el espejo sin ropa. Se excitó ante su imagen desnuda. Sus pechos estaban hinchados ante su inminente regla que pronto le bajaría y su monte de venus tenía un excesivo vello. Sin embargo, el vello no le molestaba, sino que la excitaba más todavía. Enredó sus dedos entre el pelo rizado de su entrepierna y acarició sus labios exteriores.

Sintió su cuerpo temblar ante el contacto de sus propios dedos. Miró la hora en el reloj y, al ver que tenía tiempo de sobra, se sentó al borde de la cama. Abrió las piernas y deslizó la mano entre sus pliegues. Buscó sus fluidos de excitación e impregnó los dedos con ellos. Jugó con su humedad. Acarició el espacio que había entre sus labios mayores y menores. La tensión empezaba a acumularse en su vagina y pedía a gritos que aliviara el dolor que comenzaba a sentir. Movió la pelvis ligeramente hacia arriba. El olor de sus fluidos ya comenzaba a impregnar la habitación.

Subió la mano que le quedaba libre por el estómago hasta alcanzar su pecho izquierdo y se acarició el pezón hasta que se endureció de deseo. Terminó de tumbarse en el colchón y dirigió sus esfuerzo hacia su clítoris. Usando sus cálidos fluidos, lo masajeó dibujando amplios círculos con los dedos que cada vez eran más y más pequeños. Dejó de los jadeos salieran de su garganta sin ningún control. Se mordió el labio inferior y gimió al tiempo que movía las caderas buscando obtener más placer.

Aumentó la rapidez con la que se frotaba. El botón de su entrepierna estaba muy hinchado y sobresalía por encima de sus labios. Con un dedo dibujaba líneas rectas y rápidas sobre sus clítoris hasta que el placer estalló sobre su cuerpo. Sus cuerdas vocales estallaron en un grito que se oyó por toda la casa. Arqueó la espalda formando una “C” con la columna. Sentía que el corazón iba a salírsele del pecho, pero conforme los minutos pasaban se fueron acompasando y su respiración se calmaba.

Dio una última caricia a sus sensibles pliegues húmedos y se levantó de la cama. Volvió a mirarse en el espejo y se sentía mucho más sexy que minutos antes. Sonrió de forma segura y entró en el baño dispuesta a darse su ducha relajante.

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