Nos vemos en el parque

Rompió la carta y confió en su suerte que en los últimos tiempos no había sido muy buena. Observó con inquietud a su alrededor y se adentró en el solitario parque. Por primera vez desde hacía años se encontraba solo, sin nadie a quien acudir pero había tomado una decisión y no quedaba tiempo para echarse atrás.

Esperó bajo un espeso árbol a que su acompañante acudiera a su encuentro durante minutos que se le pasaron tan lentos como horas y horas que parecieron días. Acabó desistiendo en su empeño por seguir esperando y, aún con los restos de carta en el bolsillo, se marchó a su casa. Él le había prometido que se encontrarían y se marcharían lejos de allí, a una bonita casa de campo junto a un riachuelo. Le prometió que los hijos de él vivirían con ellos y serían una gran familia. Se lo había prometido muchas veces en la cama y se lo había vuelto a prometer en aquella carta de la que no debía quedar ni rastro.

Estaba destrozado. Al entrar en su casa su novia lo miró a los ojos alarmada.

– Jason, ha ocurrido algo.

– ¿Qué ha pasado? -le preguntó él frunciendo el ceño.

– Mi hermano. Ha tenido un accidente con los niños. Está muy grave.

Se le alojó un nudo en la garganta de puro terror. Sabía que si no había acudido a su encuentro era por algo grave. Sin embargo, se sentía aterrorizado. Su amado estaba herido y no podría soportar perderlo para siempre.

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