Un delicioso desvelo.

Me siento de lado con mi bol de granola y leche cruzando las piernas mientras cambio de canal en la tele. Me he desvelado, no estoy acostumbrada a dormir en una casa que no es la mía. La tarde anterior me había quedado a dormir en casa de Marcos que vive con sus padres, su hermano y su hermana. La televisión no está muy alta, por lo que no me estoy enterando muy bien de lo que dicen en las noticias, pero no me importa, siempre que estoy comiendo algo tengo que tener puesta la televisión, es como si así me sintiera menos sola.

De pronto, oigo unos pasos a mi izquierda que avanzan desde el pasillo hacia el salón, es el hermano de Marcos, Loren.

– Buenos días – le digo a lo que me responde con un gruñido y sentándose a mi lado.

– Te has levantado un poco temprano, ¿no crees, Marta? – le pregunta tras un rato en silencio.

– Me desvelo con mucha facilidad, además no suelo levantarme muy tarde – le respondo distraídamente. Sin embargo, noto que no despega la mirada de mí.

– ¿Qué estás desayunando?

– Granola. ¿Quieres probarla? – le pregunto observándole. Ahora soy yo la que no aparta la mirada de él.

Con la cuchara cojo un poco de los cereales del bol y lentamente lo acerco hasta su boca. No me había fijado en lo sensual que es su boca, mastica lentamente y traga la comida sin dejar de observarme ni un segundo. En otra ocasión podría haberme puesto nerviosa por la intensidad con la que me mira, pero en estos momentos lo único en lo que puedo pensar es en poseer esa deliciosa boca.

Acercamos nuestros rostros hasta que nuestros labios se tocan. Dejo el bol sobre la mesita que hay delante del sofá y me centro en corresponder a sus besos. Mi cuerpo comienza a encenderse por segundos, mi vagina empieza a dolerme llamando mi atención. Me coloco sobre él frotando nuestras partes íntimas, desabrocho sus pantalones, saco su pene de sus calzoncillos y comienzo a acariciarlo suavemente de arriba hacia abajo. Estamos muy excitados, pero el resto de la casa está durmiendo y no queremos que nos pillen, por lo que nos levantamos y entramos en su habitación.

Continuamos besándonos, me coloca de espaldas a la pared, frota su pene contra mi vagina y no puedo evitar soltar un largo gemido. No llegamos a la cama. Nos quitamos a la vez la camiseta, y como si de una danza se tratara, me acerca a él para agarrar uno de mis pechos y chuparlos con ferocidad. Mis jadeos lo excitan cada vez más, puedo notarlo en mi entrepierna. Me echo sobre el suelo apoyada sobre mis codos y le miro con deseo en los ojos al igual que él a mí. Me quita los pantalones cortos y la ropa interior, adentra su mano entre mis labios y tiemblo cuando me acaricia de arriba abajo rozándome el clítoris.

Por fin, introduce su pene en mi vagina y no puedo evitar soltar un jadeo ahogado al sentirle en mi interior. Es una sensación muy difícil de explicar, no siento dolor, pero tampoco placer y a la vez siento las dos cosas a la vez. No quiero que pare nunca, quiero que siga llenándome eternamente. Al principio se mueve de una forma muy suave, pero al cabo de un par de minutos comienza a embestirme duramente. Mientras, concentrada en alargar el momento todo lo posible, le beso en el cuello, en la mandíbula y, con menos frecuencia, en sus carnosos y suculentos labios. Loren consigue llegar al clímax antes que yo, pero no pienso quedarme sin mi ansiado orgasmo, así que acaricio mi clítoris hasta que estallo en un ruidoso e intenso orgasmo. Nos quedamos tumbados sin despegarnos el uno del otro hasta que nos recuperamos lo bastante para ducharnos. Ha sido una primera vez deliciosa.

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