La cerradura

La camarera miró por el ojo de la cerradura desesperada por saber quién la había metido en aquella habitación. Sin embargo, se encontró con una ausencia absoluta, ni siquiera pudo ver un rayo de luz, cosa que sabía que era imposible ya que se veían los deslumbrantes rayos de sol a través de la ventana que se encontraba frente a la puerta. Le costaba recordar cómo había llegado a aquella habitación: en su mente permanecían los recuerdos de haber salido del trabajo, detenerse ante un paso de peatones esperando que el semáforo cambiara de color y lo último que podía recordar era estar buscando las llaves en el bolso para entrar en casa.

Alejó de la cerradura e intentó abrir la ventana de nuevo. Según la distancia podía observar que era un piso bajo, pero no había nadie en la calle a la que poder alertar para que la ayudaran. De repente escuchó un ruido, se pegó a la pared que había junto a la puerta para aprovechar cualquier ocasión para poder escapar y esperó silenciosamente.

La puerta se abrió con un chirrido, pero no entró nadie. Su corazón palpitaba a mil por hora, y le estaba costando trabajo poder respirar. No podía aguantar más la incertidumbre, así que se colocó frente a la puerta y allí no había nadie. Aprovechó la ocasión para salir de aquella habitación, se puso a correr por todos los pasillos de la casa en busca de la salida, pero por más que avanzaba no encontraba la salida.

Finalmente, se derrumbó en el suelo agotada por el miedo y el cansancio de la carrera. Entonces, se dio cuenta de que había alguien sobre ella, miró hacia el techo y se le cortó la respiración al ver a una extraña criatura que en ese momento le pareció un fantasma, pero se asemejaba más a una momia. La criatura se acercó a ella, y aunque ella intentó retroceder arrastrándose por el suelo, estaba demasiado asustada como para poder reaccionar para volver a encerrase en otra de las habitaciones que estaban abiertas.

La criatura agarró su cabeza entre sus manos y le gritó hasta que empezaron a pitarle los oídos. Seguidamente, sintió la necesidad de acercarse a la pared y comenzó a golpearse la cabeza contra la pared hasta que empezó a sangrarle y se desplomó en el suelo inerte. La criatura se acercó a ella y se metió en su cuerpo, el cuál se levantó y lanzó una sonrisa maquiavélica en dirección al techo. Esto era sólo el principio.

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