Voy a vivir para siempre

Era mi primer día de trabajo en la lujosa finca y ya estaba nerviosa. Es algo normal pero no me gusta nada sentirme así y más cuando no es la primera vez que me contratan para este tipo de trabajos.

Mi lugar de trabajo es la piscina, eso me lo dejaron claro cuando firmé el contrato y, por ello, tengo prohibido acercarme a cualquier otro lugar de la finca. Eso me libra de tener que aguantar a los niños con sus ruidosos patinetes. Tras presentarnos, la dueña me explica que lo que quiere su haga es limpiar la piscina y encargarme de sacar del agua a cualquier persona que se esté ahogando. También tengo que mantener limpio todo el césped que hay alrededor de la piscina, así que en cuanto termina de explicármelo todo me pongo manos a la obra.

Está todo demasiado descuidado y noto el sol en su punto más alto cuando me doy cuenta de que hay alguien observándome. En ese momento caigo en la cuenta de que hay un anciano sentado en una de las tumbonas que hay junto a la piscina. Parece tener unos 80 años, tiene el pelo gris, sin llegar a ser blanco, sus ojos son marrones, su cuerpo es muy corpulento y va vestido con un antiguo traje de baño. Me observa con un brillo particular en la mirada.

– Voy a vivir para siempre – me dice.

– ¿Cómo? – le pregunto sin entender a que viene esa frase tan extraña.

-Voy a vivir para siempre – me repite sin dejar de sonreír. En ese momento entiendo que tiene alzheimer.

– ¿Ah, sí? ¿Y cuál es tu secreto? – Le pregunto de forma cómplice mientras sigo limpiando el agua.

– Es que tengo un anillo que me protege – me dice mientras me lo muestra. Lo tiene colocado en el dedo anular, así que supongo que es un anillo de bodas.

– Vaya, debería conseguir yo también uno de esos. Me vendría muy bien.

– Si quieres te lo puedo prestar.

– No, es tuyo. Puede que si me lo prestas, deje de funcionar.

Al decirle esto cambia de idea y ya no se lo intenta quitar. Sin embargo, no deja de observarme atentamente hasta que aparece mi jefa y se lo lleva para que entre en la casa. Mientras continuo con mi trabajo, no dejo de pensar en ese pobre anciano. Es increíble, y a la vez horrible, como una enfermedad puede llevarse tantas cosas, tantos recuerdos y después, todo lo que queda es un niño asustado. Un niño que ni siquiera sabe quién es y está totalmente solo en el mundo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s