Parecía él, pero no lo era.

Estaba sentada esperando el metro medio dormida como cada día cuando volví a tener la sensación de que iba a volver a ver a mi abuelo, de que en cuanto levantara la vista lo iba a ver. En ese momento, vi a un señor mayor en el metro, sentado solo. Me levanté, corrí hacia la puerta para ser la primera en entrar y me senté junto al anciano. Disimuladamente empecé a observarle y, decepcionada, vi que no era él. Pero comprendí que aunque no iba a volver a verle, su esencia iba a estar en cada persona mayor que encontrara.

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