¿Y quién es el?

Levanto la mirada y me encuentro con la suya. Nos observamos fijamente sin decirnos nada, separados por metros y metros de gente bailando. Como si nos sincronizáramos, bajamos la mirada y decidimos ignorarnos, a veces es mejor darte por vencido antes de que te hagas daño a ti mismo.

Sigo bailando con mi pareja de baile, mis pies se mueven como si tuvieran vida propia, pero mi cabeza está en otro lugar muy lejos de aquí. De repente, me detengo y le digo a mi pareja que estoy cansada y necesito salir a que me dé el aire. Insiste en acompañarme pero consigo convencerla de que necesito unos minutos a solas.

Salgo a la terraza y el aire invernal me golpea en el rostro, agarro la barandilla que me separa de la gran altura que hay entre mi cuerpo y el suelo. Intento apartar de mi cabeza que poco a poco va tomando forma en mi mente. Lucho contra la idea de pasar los pies por encima de la barandilla y saltar al suelo. Soy demasiado cobarde para suicidarme pero a la vez no veo otra salida, es como si mi mente hubiera entrado en una especie de bucle del que no puede salir.

– Ni se te ocurra hacerlo – al oír esa voz cierro los ojos como si me hubieran clavado un puñal en el corazón.

– No deberías estar aquí – le digo entre dientes.

– Ya, pero no voy a dejar que eches a perder tu vida por mí.

– No es por ti – soy incapaz de apartar la mirada del oscuro suelo.

– ¿Ah, no? ¿Entonces por qué? – dice colocándose a mi lado.

– ¡Por mí! ¡¿Es qué no lo entiendes?! Es por mí. No puedo soportarlo más Toni, estoy muy cansada, cansada de verte con otra, cansada de tener que fingir que no ha pasado nada entre nosotros cuando sí ha pasado. ¡Joder, estoy enamorada de ti!

– Nadia, yo también lo estoy de ti. Pero, no puedo hacer nada. A mí mis padres me desheredarían y a ti los tuyos te repudiarían. Yo también estoy enamorado de ti, pero no podría soportar que te fueras de este mundo por mi culpa, al igual que tu tampoco soportarías que lo hiciera yo. Prométeme que te vas cuidar.

Con los ojos cerrados y las lágrimas recorriéndome el rostro, asiento mudamente. Oigo como sus pasos se van alejando hasta encontrarse con su pareja de baile. Respiro hondo, me limpio las lágrimas y me recompongo para volver a encontrarme con mi pareja.

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