Una locura convertida en maldad

Escuché un ruido y me escondí en el armario. Mi cuerno blanco chocaba contra la pared de madera y mis cuatro patas apenas podían estar estiradas. Aún recuerdo cómo he acabado oculto en este cubículo.. Estaba muy tranquilo paseando por mi pradera azul cuando un humano bastante grande y con una apariencia fornida apareció como por arte de magia. Me acerqué a él y empezó a gritar agudamente como si estuviera levemente loco. Fui tras él para alcanzarle, quería jugar a lo mismo que él aunque cuanto más cerca estaba más intentaba correr y más agudo gritaba. Me puse tras él y montándolo sobre mi cabeza lo tiré sobre mi espalda y poco a poco dejó de gritar por lo que empecé a parar.

– ¿Por qué has dejado de gritar? – le pregunté triste y aburrido por haber dejado el juego.

– Porque te tengo menos miedo – dijo con un tono de voz muy bajo

– ¿Por qué me tienes miedo? Yo no hago daño a nadie. Soy muy bueno y me encanta jugar – dije saltando en círculos – ¿Quieres que juguemos al escondite?

– Claro, no veo por qué no. Vamos a mi casa a jugar.

Fuimos a un bosque, y al colocarnos tras un árbol aparecimos de pronto en un cubículo blanco que él llamó habitación. Empezó a contar con los ojos cerrados y me metí en un armario.

Oí cómo se movía y salía de la habitación. Intento no hacer ruido para que no me descubra, pero la puerta se abre se repente y entran unos hombres con palos y cuerdas que intentan atraparme. Muerdo a uno de ellos, salgo de la habitación, voy al exterior y veo una especie de casa pequeña en la que entro, atranco la puerta con una tabla, voy a una habitación y hago en la puerta lo mismo que en la de la casa. Me quedo esperando, mirando a mi alrededor a la espera de que vengan a por mi.

No sé qué les he hecho pero parecen enfadados por algo. Es entonces cuando oigo un ruido y es la segunda vez en un mismo día que me escondo en un armario. Mi respiración está agitada, apenas puedo controlar los latidos desbocados de mi corazón. Cierro los ojos fuertemente esperando que solo sea un mal sueño.

Tras estar seguro de que han pasado varias horas, me atrevo a moverme, asomo el ojo por el hueco de la puerta, no veo a nadie y en el momento en el que asomo la cabeza los mismos hombres me apuntan a ambos lados de mi cabeza con dos pistolas. No me atrevo a volver a salir corriendo. Les sigo hasta una furgoneta en la que me pegaban para que subiera, aunque no me estaba resistiendo.

Al cerrar la puerta todo se queda oscuro y la furgoneta empieza a moverse bruscamente. Pasan varias horas en las que me siento muy solo, pero no quiero que se abran las puertas, estoy muy asustado y no sé qué es lo que quieren de mi. De pronto,  se abre la puerta y, echándome una cuerda con pinchos al cuello, me hacen salir.

Me llevan hasta un edificio muy blanco, tanto como lo es mi pelaje,, subo varios pisos, son tantos que apenas puedo caminar y, cuando ya estoy exhausto, me hacen entrar en una amplia sala. Esta llena de extraños y puntiagudos artilugios. Me atan  las patas a unos círculos de hierro que hay clavados en el suelo, entonces se acerca a mi hombre con una sierra al que reconozco: el hombre que había jugado conmigo al escondite.

Acerca la sierra a mi cuerno, y, con una maliciosa sonrisa en el rostro, empieza a cortármelo. Yo ya estaba gritando desde que empezó a acercarse a mi y cuando veo el cuerno cortado en su mano, intento lanzarme hacia él para morderle, quiero matarlo pero ni siquiera logro acercarme. De mis ojos, en lugar de azúcar glas, brota sangre a borbotones. Entonces todo se vuelve oscuro, yo sigo sintiendo, pero ya no puedo ver nada. Poco después me convierto en polvo.

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