Una llamada que lo cambió todo

El teléfono comenzó a sonar de madrugada. Sólo oí tres palabras: ven al banco. El resto de lo que el interlocutor me dijo no logré identificarlo, mi cerebro se quedó en un shock total y absoluto. Desorientada me vestí, y no tardé ni cinco minutos en llegar al banco y ponerme en la cola. Una mujer no tardó en colocarse tras de mí, me rozó la cintura y salió por la puerta. Yo la seguí rápidamente, aunque a una distancia prudencial, hasta que llegamos a un pequeño barrio oscuro y alejado.

– Hay algo que debes saber. Has enfadado a gente peligrosa y tienes que desaparecer. Debes vivir en secreto.

Me contó que el día anterior, mientras paseaba a mi perro Caspita, había habido un asesinato justo cuando me agaché y que el asesino pensaba que yo le había visto la cara. Me extendió un billete de avión con dirección a Noruega y un pasaporte y otros papeles falsos. Le pregunté quién era y por qué me ayudaba, a lo que me respondió que ella era la mujer del asesino. Tragué saliva con un miedo terrible en la mirada, sin embargo ella me aseguró que no quería hacerme ningún daño, solo pretendía ayudarme. No muy convencida seguí todas y cada una de sus instrucciones al pie de la letra y aquí estoy, en un avión en dirección a uno de los países más fríos del mundo, con un abrigo con el que casi no se me veía la cara y sin saber lo que está por venir.

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