Ni una vez más

Una vez más esperando a que venga, una vez más sentada en el parque, esperando a que su orgullo decida marcharse y entonces podrá venir para estar conmigo. Pero mi cerebro y yo sabemos por experiencia que es muy poco probable que eso llegue a suceder. Siempre lo mismo, los mensajes de texto que luego hay que borrar y las miradas prohibidas que nunca hay que hacer para que nadie sospeche que estamos juntos. Me asegura que no se avergüenza de mi, pero mientras dice eso lleva gafas de sol y se esconde tras una maldita gorra negra. Así que, aquí estoy ahora en el banco acompañada por una paloma que, todo sea dicho no se avergüenza de mi. Miro el reloj, lleva 5 minutos de retraso pero ya estoy cansada, así que me levanto se sacudo el trasero y me dirijo a una cafetería en la que pido unos churros con chocolate y mientras espero a que me los sirvan me siento observada, miro tras de mi y veo a un chico de ojos oscuros que me mira fijamente a lo que yo le devuelvo la mirada. Cuando el camarero me avisa de que mi pedido está listo, le pago, cojo mi merienda y me dirijo al misterioso chico. Me siento a su lado, nos sonreímos y nos presentamos. Salimos de la cafetería juntos y al mirar el banco donde había estado esperando se encuentra mi “novio” vestido normal pero ya ha perdido su oportunidad. Vamos a la casa del hombre de ojos oscuros y pasamos una noche alucinante. Nada de vergüenza ni de requiminaciones. Solo sexo sin compromiso, pero por una vez me sentí querida ni ser juzgada.

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