Turtlegirl

Me encuentro tranquilamente sentada en el sofá, rodeada de silencio por cada rincón obsevable, viendo la tele. Cada canal que paso es más aburrido que el anterior, cuando noto la alarma que se despierta en mi cabeza cada vez que alguien está en peligro. Es entonces cuando empiezo a rezar…literalmente. Soy una superheroína, puedo enfrentarme a cualquier problema por grande o complicado que sea y quienquiera que esté en peligro soy capaz de salvarlo con las manos atadas, pero un único problema y es que tengo miedo a la oscuridad. Y no, no me hago pis encima, ni salgo corriendo llamando a mi mamá, sino que me quedo paralizada y no sé reaccionar, es más, no soy físicamente capaz de moverme. Así que cada vez que tengo una alarma de estas, estoy muerta de miedo. y más a estas horas de la noche, por cierto son las diez de la noche.

Mi mente me lleva hasta un edificio bastante nuevo, me adentro en él cuando no puedo ver nada. Lo que me temía, estoy rodeada de oscuridad, cuando empieza mostrarse ante mí una visión de la víctima: una muchacha morena está siendo atacada por tres hombres, le están dando tal paliza que no puede levantarse del suelo, pero cuando consigo verle la cara no puedo creerlo…es mi hermanastra. Rápidamente voy hacia el ascensor, pero no hay nada de electricidad en el edificio. Le doy un puñetazo al ascensor y subo las escaleras hasta el octavo piso y voy hasta la puerta tres. Le pego varias patadas con la pierna derecha, en la que tengo más fuerza, hasta derrumbarla. Agudizo mi oído para oír dónde están los vándalos y los oigo en una de las últimas habitaciones. Cuando entro en la habitación todavía siguen dándole patadas y puñetazos, mi hermanastra ha empezado a sangrar por la nariz y la boca, así que ante esta borrosa visión y la oscuridad estos agresores empiezan a recibir su paliza. Al primero le doy una patada en la entrepierna, cae al suelo sujetándosela; al segundo le doy un puñetazo en la mandíbula que le deja kao y al tercero empiezo a pegarle patadas y puñetazos en sincronización hasta que está inconsciente. El primero ya se ha recuperado y se ha agarrado del cuello intentando estrángularme con todas sus fuerzas, no consigo ver la forma de defenderme hasta que dejo de intentar defenderme, el se confía y al hacerlo me pega a él, así que ahora tengo su cara a mi alcance. Le tiro fuertemente del pelo, separa sus manos de mi cuello, le tiro al suelo y empiezo a pegarle de la misma forma que lo ha hecho con mi hermanastra: en el suelo tirado y yo dándole patadas en la cara hasta que sangra y se desmaya. Para que luego digan que las mujeres son las débiles. Voy hacia mi hermana y la examino cuidadosamente mientras me quito la máscara:

– Marian, ¿estás bien? – le pregunto acariciándole el pelo.

– He estado mejor – dice en apenas un susurro – pero al menos estoy viva. ¿Tú no tenías miedo a la oscuridad?

– Creo que ver que estabas en peligro me ha dado fuerzas para reaccionar, y creo que mi vista también ha mejorado. Ha sido de todo un poco. Bueno, ¿estás lista para ir al hospital?

No dice nada, lo que me tomo como un sí.

 

Han pasado tres días desde el incidente, y ya estamos en casa, bueno, en su casa. Solo ha tenido algunas contusiones y cardenales, pero nada irreparable, es una mujer muy fuerte. Estamos en el sofá, la una frente a la otra tomando un chocolate caliente.

– Marian, aún no me has dicho por qué esos hombres te pegaron.

– Lucy, verás, yo…Alex no había tenido unas buenas compañías últimamente, cuando cortamos escondió aquí unas armas un tanto peculiares, supongo que para vengarse.

– ¿Cómo de peculiares?

– Látigos, esposas…ya sabes herramientas para el sado. El caso es que esos hombres regentaban un club de sado en el que usaban esas herramientas para traficar drogas y Alex les dijo que estaban aquí. Se presentaron en la puerta, yo les dije que aquí no había nada de lo que buscaban así que, me sujetaron y empezaron a buscar, al encontrarlos me acusaron de querer quedarme algo de ellos y empezaron a pegarme y ya conoces el resto – dice deshaciéndose en lágrimas y ambas nos abrazamos durante horas.

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