Un sueño demasiado real

Mi tripa estaba hinchada hasta el punto de que parecía que iba a explotar. Mis manos empezaron a acariciar mi barriga mientras sentía la brisa marina golpeando mi rostro. La arena blanca atrapaba mis pies mientras avanzaba hacia el mar para bañar mi enorme cuerpo de embarazada. En ese momento no recordaba quien era el padre del ser que habitaba en mi cuerpo. De pronto, vi a mi familia sentada en la playa bajo una sombrilla, todos me miraron esperando ver algo pero no conseguí imaginarme lo que era. El agua del mar estaba limpia y clara, cosa que me extrañaba hasta el punto de preguntarme si todo eso era real, si de verdad yo estaba en la playa y embarazada de un bebé del que no sabía quien era el padre.

Al despertarme abrí los ojos de par en par, como si me hubiera llevado un gran susto. Ya no estaba en la playa, no estaba embarazada y recuerdaba con seguridad quien era. Todavía era muy joven para ser madre, pero el haberme creído estar embarazada me hizo echar de menos la sensación de tener a un ser humano en mis entrañas. Tras pensar esto, me coloqué en posición fetal, abrazando a mi estómago con una sensación melancólica en la garganta.

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