Un embarazo deseado

En el suelo veo a un roedor comiendo un trozo de queso. No es la primera vez que lo veo zampándose mi comida. Lo cojo y lo coloco en una caja sin tapa, aunque sé que se volverá a escapar. Subo la escalera para entrar en el estudio. Soy fotógrafa profesional, pero tengo mi estudio de fotografía en mi casa, por lo que a veces hago demasiadas horas extras. Me acerco a la ventana, veo que unos hombres llevan a cuesta un ataúd y tras ellos les sigue su viuda. Es joven, por lo que supongo que lo debe estar pasando muy mal. Oigo que llaman al timbre, bajo la escalera rápido y abro la puerta.

–  ¡No vas a creer lo que he hecho! – dice mi amiga Malena entrando como un torbellino.

–  ¿Qué pasa, Mal? ¿No has podido ir hoy a clase de baile? – le pregunto con sorna apoyando la cadera en la pared.

–  ¡Qué va! Hoy tocaba bailar tango. ¡Y me ha tocado bailar con el instructor! – dice imitando los pasos que supongo que ha aprendido, aunque no creo que se le haya dado demasiado bien por lo que veo.

–  Vaya, un regalo del destino – digo riéndome a lo que ella se cruza de brazos y me mira enfadada.

–  ¿Has terminado? – dice mirándome muy seria.

–  Vale, tranquila, no te enfades.

–  Bueno, ¿puedo contarte ya lo que he hecho?

–  Claro.

–  Pues resulta que después de ir a clase de baile, me encontré a una vagabunda en el suelo. Parecía pobre pero llevaba algo en el cuello parecido a un talismán. Me pidió dinero y no le iba a hacer caso, pero me fijé en que estaba embarazada. No era muy mayor, así que le pregunté cómo se había quedado embarazada y me dijo que un día volvía a casa cuando un grupo de hombres la violaron. Cuando regresó a casa, se lo dijo a su novio y este la echó de su casa. No tenía familia ni donde dormir por lo que durante todo ese tiempo estuvo sobreviviendo en la calle y comiendo de la basura. Entonces se enteró que estaba embarazada, pero nadie quería ayudarla. Cuando terminó de contarme todo esto, me dio tanta lástima que la llevé a una asociación de ayuda a mujeres violadas y allí le ayudarán.

–      –  Vaya es increíble. Me he emocionado hasta yo – digo secándome los ojos.

–      –  Pues si la verdad, no entiendo como una persona puede abandonar a otra cuando le ha pasado algo tan terrible, me dijo que todavía guardaba la alianza de su novio, aunque yo le dije que debería prenderle fuego, la verdad.

–      –   Pues yo tengo un secreto que contarte.

–      –  ¿Así? ¿Cuál? – me pregunta con curiosidad

–      –  He pedido cita para hacer la fecundación in vitro.

–      –   Oh, Sonia, es increíble. Me alegro de que por fin puedas tener un hijo. Sé que tenías muchas ganas y estaba segura de que estar soltera no iba a ser una limitación para ti.

–      –  Sé que va a ser difícil pero estoy segura de que voy a ser una gran madre.

–      –  Claro que lo serás. Pero me gustaría acompañarte. ¿Cuándo tienes que ir?

–      –  Mañana tengo que estar en la clínica, pero me hacen las pruebas a las doce. Así que si quieres podemos pasar la tarde juntas.

–      –   Sería genial. Oye una cosa, ¿qué hay en ese frasco en la mesa?

–      –   Es pis para las pruebas de mañana.

–      –   ¡Pero si es naranja!

–      –  Será que habré comido demasiadas zanahorias – digo sonriendo

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