Solo mala suerte

Llegué al parque como cada día, pero había algo diferente, siempre me sentaba en el mismo banco pero hay había alguien. Tumbado con los ojos cerrados parecía que intentaba darse calor a sí mismo. Pero no se movía. Me acerqué despacio y le toqué la mejilla. Estaba helado, no respiraba, tampoco tenía pulso. Junto a nosotros había niños jugando en el parque, las madres y los padres miraban al muchacho pensando que era un desgraciado vagabundo dormido. Ni siquiera se han parado a observar que no se movía. No era un vagabundo, nada más lejos de la realidad. Solo era un hombre que había tenido una discusión con su pareja (no podía afirmar si su pareja era hombre o mujer) y había salido a aclararse las ideas. Pero la mancha de sangre que cubría el borde de su jersey demostraba que solo había tenido mala suerte.

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