Segundas oportunidades

Paseando por la nave, y siendo escoltada por los guardias, recuerdo la horrible experiencia de mi secuestro. Me habían atado a una silla de hierro. Llevaba encerrada cinco semanas y dos sin comer. Habían empezado a torturarme cortando las palmas de mis manos. Estaba a punto de desmayarme cuando la puerta de acero se abrió de golpe. Entró una persona que no supe identificar, pero sabía que cambiaría mi vida. Me desató, me cogió en brazos y me sacó de aquel infierno. Ahora, tres meses después, sé por qué sentí que mi salvadora iba a cambiar mi vida: me enamoré de ella, se convirtió en el amor de mi vida. Es verdad que me he enamorado de muchos hombres, pero solo una mujer me salvó de una muerte segura y me dio algo por lo que luchar día a día: estar juntas pase lo que pase, digan lo que digan.

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