Padre soltero

Los rayos del sol iluminan el cielo anunciando un nuevo amanecer. Me levanto de la cama observando a la razón de mi existencia: sus brillantes ojos verdes están cerrados, descansando antes de abordar un nuevo día, y su boca sin dientes permanece abierta mostrando una pequeña sonrisa. Cojo en brazos su verdadero cuerpo y lo llevo al baño con cuidado de no despertarlo. Le cambio el pañal y lo llevo a la cocina para desayunar juntos. Soy padre soltero de una niña de 3 meses. Es una pena que su madre se vaya a perder lo mejor de su vida. La ha abandonado porque no se sentía preparada. Pero sé que puedo darle a mi hija la vida que necesita. Se llama Sofía como la mujer que me crió de pequeño. Le beso la cara para despertarlo, pero ni siquiera consigo que abra los ojos. Le muevo de arriba abajo y consigo que se desperece un poco. Me siento en una silla, le acomodo entre mis brazos y le doy al biberón. Empieza a supcionar con tanta fuerza como si no hubira comido desde que nació. Siempre duerme en su cuna, pero a veces me rindo y duerme conmigo en la cama. Valeria debe de estar a punto de llegar para llevarla juntos al parque. Valeria, aunque hace poco que somos pareja, trata a Sofía como si fuera su propia hija y ambas se han cogido mucho cariño.

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