“No puedes distinguir una lágrima en mitad de una tormenta”

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Hola, me llamo Yolanda y soy escritora, aunque gustaría llegar a ser autora y vivir de lo que me gusta hacer: escribir. Soy una bibliófila. Adoro los libros, las historias, la música y el invierno. En este pequeño espacio podréis leer los relatos de hago cada semana y, de forma alterna, trataré diversos temas relacionados con la escritura.

He colocado una sección nueva en la que os muestro todos los libros que tengo publicados tanto en Amazon como en otras plataformas, por si queréis echarle un vistazo.

Espero que disfrutéis de este espacio tanto como yo. Bss.

La escritora desconcentrada

La joven escritora se encontraba en el jardín de la casa de su ¿amante? aporreando las teclas de su portátil ante una ola de inesperada inspiración. Le encantaba escribir en el jardín, se había convertido en su lugar favorito: el aire fresco, los pies descalzos sobre la hierba, el paisaje de la playa a lo lejos…para ella era un paraíso.

Miranda, desde hacía años, había tenido la tentación de dejar de escribir siempre que alguien se acercaba, la avergonzaba que cualquier persona leyera las primeras versiones de sus escritos. Pero con Tyler había sido diferente. Dejaba que leyera lo que escribía. A veces estaba cuatro y cinco horas escribiendo, y no le importaba que lo leyera todo.

Tyler se acercó a ella y empezó a acariciarle el cuello con suaves besos. Las cosquillas le recorrían la piel, pero no dejó de escribir. Él, mientras seguía besándola, bajó su mano por el estómago de Miranda, hasta llegar a sus vaqueros. Los desabrochó, bajó la cremallera haciendo un estridente ruido, y deslizó la mano dentro de su ropa interior. Por la sorpresa, Miranda dejó de escribir unos segundos.

–Sigue escribiendo –le ordenó él con una sensual voz ronca.

Ella intentó volver a escribir, pero ya estaba desconcentrada, no podía articular ni una sola frase. Tyler usó la humedad de Miranda para masajear su clítoris y fue dibujando pequeños círculos. Notó como aquel minúsculo botón se iba hinchando de excitación al tiempo que Miranda no paraba de jadear. Mantenía los puños cerrados y movía las caderas sobre su mano en busca de más placer. El orgasmo sacudió el cuerpo de Miranda en pocos minutos y gritó dando gracias de que estuvieran solos en la casa.

Con una sonrisa, miró a Tyler y, por unos instantes, odió lo inoportuno que podía llegar a ser, pero también amaba que hiciera aquellas cosas en los momentos más inesperados. Él sacó la mano de los pantalones de Miranda y se chupó los dedos ruidosamente. Ella se fijó en el bulto que predominaba en sus pantalones.

Con dedos temblorosos, descubrió su miembro y se lamió los labios como si se encontrara ante una suculenta golosina. Le echó una mirada traviesa y cubrió con sus labios el capuchón. Recorrió con su caliente lengua cada rincón de la piel de su miembro. Besó cada centímetro de su envergadura y se ayudó de las caricias de sus dedos para excitarlo aún más. Siguió lamiendo y chupando hasta que, haciendo movimientos ascendentes con su mano, logró que Tyler se corriera.

El temblor recorrió cada rincón del masculino cuerpo y los murmullos de placer no pararon de sucederse. Miranda observaba los espasmos de su cuerpo juguetonamente mientras aprisionaba con sus dientes el labio inferior. Se estaba convirtiendo en una visión de la que disfrutaba y cada día era mejor que el anterior. Miranda se puso de pie y se adentró en la casa despacio ante la inquisitiva mirada de Tyler que sonreía ante su chulería.

Clásicos Románticos

Dentro de los clásicos de la literatura podemos encontrar todo tipo de libros y, entre ellos, los románticos. Por ello, con curiosidad, he investigado qué libros a lo largo de la historia se han publicado y correspondan a los clásicos de la literatura.

  • Romeo y Julieta de William Shakespeare.
  • Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.
  • Cumbres Borrascosas de Emily Brontë.
  • Jane Eyre de Charlotte Brontë.
  • Madame Bovary de Gustave Flaubert.
  • Como agua para chocolate de Laura Esquivel.
  • El fantasma de la ópera de Gastón Leroux.
  • Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell.
  • El amor en los tiempos de cólera de Gabriel García Márquez.

De esta lista sólo me he leído Orgullo y prejuicio, Como agua para chocolate y Lo que el viento se llevó y todas estas novelas me gustaron. Me gustaría leerme Los libros de las hermanas Brontë y El fantasma de la ópera, así que espero hacerlo pronto.

Debemos dejar de tenerle miedo a los clásicos (le dijo la sartén al cazo) porque son libros perfectamente normales y, en la mayoría de los casos, entendibles.

¿Cuál es tu clásico favorito?

El hermano de mi mejor amiga

Ingrid fue a la cocina en busca de algo para comer. Escuchó cómo se abría la puerta de la entrada. Vio como el hermano menor de Mónica entraba en casa. Ingrid sintió como la boca se le secaba. No iba a dejarlo escapar. Lo siguió hasta su habitación y cerró la puerta.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Fran con confusión.

—Consiguiendo que dejes de ignorarme.

Ingrid agarró el rostro de Fran entre sus manos con brusquedad y lo besó furiosamente. Fran se resistió en un primer momento, pero pocos segundos después se relajó.

La mano de Fran se posó sobre la cintura de Ingrid y, suavemente, ascendió hasta alcanzar su pecho. El contacto provocó un placentero cosquilleó en el cuerpo de ella. Ingrid se separó con intención de marcharse, pero él la agarró de la mano impidiendo que desapareciera de su vista.

—¿Te vas? —le preguntó Fran con la respiración agitada.

—Sí. ¿Por qué? ¿Quieres algo? —Ingrid detuvo la vista en la abultada entrepierna del pantalón oscuro y se mordió el labio inferior.

—Quiero continuar—Fran miró los hinchados labios de Ingrid—. ¿Quieres tú llegar más lejos?

Volvió a acercarse a él, posó la mano sobre su pecho y lo empujó logrando que cayera de espaldas sobre la cama. Se colocó sobre el cuerpo de Fran y volvió a besarlo. Sus lenguas se entrelazaron acompañándose en un sensual baile.

Ingrid se bajó de la cama unos segundos para deshacerse del pantalón y de la ropa interior.

—¿Seguro que quieres que continuemos? —preguntó Ingrid. Altamente excitada, frotó su pubis contra el hinchado bulto de manera que el pantalón acabó manchado de sus fluidos.

Un gemido salió de los labios de Fran.

—Sí. No te detengas ahora —dijo él con una voz ahogada.

Ingrid desabrochó el botón de su pantalón y deslizó la cremallera lentamente hasta dejar a la vista su ropa interior. Ella liberó su miembro. La excitación recorría cada uno de los rincones de su cuerpo y notaba cómo un húmedo y agradable calor se instalaba entre sus piernas. Acarició el glande con el pulgar deleitándose con los sonidos que él profería.

Levantó las caderas e introdujo el miembro en su interior. La sensación que sentían era deliciosa. La piel de Fran dentro de las húmedas cavidades de Ingrid, el olor del sexo de ella impregnaba toda la habitación, el sonido de sus respiraciones deseosas de continuar.

Bruscamente, Fran se dio la vuelta, colocando a Ingrid en la parte de abajo y quedando él arriba. Fran comenzó a embestirla muy rápido y fuerte causando en Ingrid altos gritos de placer.

—Sigue. No pares. Por favor, no pares —dijo ella entre sonoros jadeos.

Ella deslizó la mano entre sus cuerpos hasta dar con el clítoris. Con dos dedos, lo acarició en círculos hasta conseguir que una intensa descarga eléctrica recorriera cada centímetro de su cuerpo. Las contracciones de su vagina causaron que Fran se corriera sin que le diera tiempo a salir de su cuerpo.

Escritores favoritos de literatura erótica

La literatura erótica es uno de los géneros que más me gusta leer y escribir. Tiene algo que no tiene el resto de géneros y consigue transmitirme sentimientos muy especiales. Hace algún tiempo llegué a la conclusión de que no todo el mundo sabe escribir erótica y no es tan fácil como parece. Por ello, he hecho una recopilación de escritores y escritoras de literatura cuyos libros he leído y me encanta como escriben.

  • Noelia Medina. Noelia tenía que estar en la primera posición ya que tengo casi una obsesión por sus libros. Escribe las escenas con sumo detalle y delicadeza, sin dejarse el erotismo aparcado en ningún momento. Es la prueba de que no todo el mundo sabe escribir literatura erótica ni sabe hacerlo tan bien. En concreto, recomiendo sus libros La hija de mi socio, 22 gemidos y Con las manos en las bragas.
  • El vecino del ático. A este autor lo descubrí antes que a Noelia Medina y, con el primer libro que me leí, ya me fascinó. Escribe sus escenas con un toque de fantasía que las hace súper especiales. Os recomiendo especialmente su primer libro ¿Jugamos? que a mí me encantó.
  • Angy Skay. De Angy lo que más destaca, aparte de pluma erótica, es su humor andaluz. Si necesitas reírte a carcajadas, lee uno de sus libros y lo harás. Recomiendo su saga Provócame.
  • Laura Nuño. De Laura destaco sus novelas de fantasía en las que las escenas eróticas no tienen desperdicio. Sus libros te dejan el corazón blandito y querer convertirte en la protagonista de sus historias. Destaco las novelas Mi custodio y Mi bestia.
  • Lucy Valiente. De esta autora sólo me he leído un libro de relatos pero me gustó tanto que he pensado en incluirla en esta lista. Sus historias son atrayentes y te enganchan desde la primera palabra. Recomiendo el libro que yo me leí, Bocados de amor.

En resumen, para mí y bajo mi experiencia, estos son los autores que más me gusta leer y con los que más disfruto.

¿Y a ti? ¿Te gusta la literatura erótica? ¿Cuál es tu autor@ favorit@?

Cada persona es diferente

Llevo un par de días con un humor bastante agrio. Discusiones familiares, ya sabéis de lo que hablo. Así que necesitaba desahogarme un poco para que mi cabeza no reventara. Y para eso está la escritura, para vaciar la mente.

Una persona me ha dicho últimamente que no hablo, pero no me lo ha dicho en un tono cordial, sino recriminatorio. Eso me ha dolido, mucho, pero también me ha hecho pensar, mucho.

Hay personas que no conocen la empatía pero tampoco saben aceptar que cada persona es diferente y no tiene nada de malo. No tengo palabras para describir el sentimiento que tengo dentro. Una persona que, supuestamente, me quiere pretende cambiarme y hacerme a su imagen y semejanza sin importarle mis sentimientos. Le da igual como me afecte eso.

Lo que más me duele es que hay gente que no es de mi sangre y, sin embargo, no dudaron en aceptarme desde el primer momento en el que me conocieron. Esto me hace pensar que hay gente que te quiere bien y gente que te quiere mal y a mí hay mucha gente que me quiere mal. Lo único que pido yo es que me dejen hacer lo que me gusta, que me dejen vivir la vida a mi manera.

Sólo pido respeto. Nada más. Cada persona es diferente, única y especial. Pienso reivindicar lo diferente. Es lo justo. Hay muchas cosas que me hacen especial. Soy extremadamente callada, observadora, me gusta escuchar, soy PAS, lloro por cualquier tontería, soy gorda, me gusta quedarme en casa, soy feliz escribiendo con un cola cao al lado, me encanta Morat y siento pasión por Freddie Mercury, quiero a mis amigas y a mis padres con toda mi alma, me preocupo en exceso por cosas que aún no han pasado, aprecio los pequeños detalles, soy empática, tengo cuidado con los sentimientos de los demás…

Esta lista podría ser interminable porque considero que no tengo defectos ni tampoco virtudes. Son cosas que me caracterizan y me hacen especial. Mi personalidad no es peor que otra, es diferente.

Creo que deberíamos plantearnos en aceptar a las personas a las que queremos si pretendemos que sean felices y no desgraciadas el resto de su vida.

La tolerancia es fundamental.

Clichés románticos

Llevo años siendo una fiel lectora de novela romántica. No sé si es porque soy una ñoña empedernida o qué pero me encanta leerla y acabo sufriendo mucho con los personajes. Pues, ¿puedes creerte que nunca he detectado un cliché? Es más. Creía que no existían en la novela romántica.

Llámame lela, si quieres, pero no me había dado cuenta.

Así que he hecho una pequeña labor de investigación para saber cuáles eran los clichés de la novela romántica que otros lectores habían detectado. Cuál ha sido mi sorpresa cuando he descubierto que hay montones y montones de clichés. Creía que me iba a dar algo, pero eso ya te lo explicaré más adelante. Por ahora voy a ponerte una pequeña lista con algunos de los clichés más comunes. Ahí van.

  • Personaje femenino principal es virgen.
  • Hombre sobreprotector.
  • Segundo hombre interesado en la protagonista.
  • El chico se pone celoso.
  • Las mujeres son propiedad del hombre.
  • Los personajes no pueden estar juntos por alguna razón.
  • El chico cambió al conocer a la chica principal.
  • Los personajes se conocen en una situación incómoda.
  • Hay una segunda mujer que es toda una maldita.
  • Todos mueren por la chica principal.
  • Tienen un malentendido que lleva al chico a disculparse en un lugar público.

Vale, ahora es cuando los que aspiramos a ser escritores de novela romántica tiramos dramáticamente el lápiz al suelo y nos echamos a llorar. ¿Cómo voy a escribir una novela romántica sin caer en ninguno de estos clichés? Tú dirás: “Ten un poco de imaginación”. Puede que tengas razón, pero demasiada imaginación hay que tener para no creer en ningún cliché del mundo. Tienes que tener en cuenta que esta es sólo una pequeña lista, la que hice inicialmente era mucho más larga pero no he querido aburrirte más de lo necesario.

Creo que esta va a ser otra de las cosas que voy a tener que asumir cómo escritora. Tendré que aprender que repetir clichés no siempre es malo, que lo importante es la forma de contar la historia. Pero créeme cuando te digo que no es algo fácil.

Cuando leo este tipo de cosas me entra la inseguridad y empiezo a pensar que nunca llegaré a conseguir nada con mis libros.

¿Tú qué piensas de los clichés? ¿Conoces alguno más de la novela romántica?

En la oficina

Terminé de archivar las facturas cuando oí la puerta de la entrada abrirse. Miré la hora en mi reloj de pulsera. Quedaban cinco minutos para la hora de cerrar y no me apetecía nada atender a otro cliente más. El día había sido demasiado largo y sentía la cabeza a punto de explotar.

Me giré lista con una sonrisa para atenderlo y me di de bruces con él. Me miraba con seriedad, como si no tuviera ni idea de lo que causaba en mí. Tragué saliva mientras sentía como un hormigueo recorría mis labios.

—¿Deseaba algo? —pregunté con la voz temblorosa.

—Venía a recoger unos documentos. Las escrituras del mes pasado —Ni una sonrisa mostró su rostro.

—Por supuesto.

Busqué los papeles que pedía demorándome el máximo tiempo posible. Metí los folios en una carpeta y los dejé a su alcance. Intenté conectar mi mirada con la suya, pero él se empeñaba en mantener la mirada baja. Le había visto en muchas ocasiones cuando iba a la oficina, pero no había forma de saber si estaba interesado en mí.

Ya no podía más. Necesitaba saber si le gustaba o no y mi paciencia se había acabado.

—Adiós —dijo él con intención de despedirse.

—Espera —dije apartándome de la mesa.

Rodeé la mesa y me acerqué a él. Sin dejarle tiempo para reaccionar, lo agarré de la nuca con una mano y lo besé agresivamente. Él se quedó quieto sin saber qué hacer. O eso supuse yo. Sus labios eran cálidos y duros y desprendía un olor a colonia de hombre que me encantaba. Pensé que me apartaría, que me daría un empujón y saldría corriendo pensando lo loca que estaba, pero empezó a corresponderme.

Comenzó a mover sus labios sobre los míos y guio mi lengua en un suave y adictivo viaje. Me empujó despacio hasta apoyarme contra el filo de la mesa. Bajó sus manos hasta la cintura de mi pantalón con intención de desabrochármelos, pero le detuve. Yo no quería tener relaciones en la oficina de manera que cualquiera pudiera vernos. Aparté sus manos de mi pantalón y él me miró con confusión. Yo me percaté del bulto de su entrepierna y mi corazón se aceleró.

Aunque tenía una excitación en el cuerpo que casi no podía controlar, debía pensar con la cabeza.

—Aquí no —posé la mano sobre su pecho con intención de detener cualquier movimiento.

—¿Dónde? —volvió a besarme agresivamente sin tener ninguna piedad con mi boca.

—Esta noche. Nos vemos a las diez.

Planificar una novela

La planificación siempre es algo importante, pero cuando llega el momento de ponerse a escribir una novela se convierte en algo esencial. Tanto si eres un escritor mapa como si eres un escritor brújula, vas a necesitar realizar una planificación de la historia que quieres escribir. Puede ser tan general como sólo saber el inicio y el final de la novela o tan concreto como planear lo que pasará en cada página.

Por ello, esta semana quiero darte una serie de consejos que puedes aplicar si todavía no saber cómo ponerte a planificar tu historia.

  • Define la idea que quieres desarrollar. Ten clara cuál es la idea principal que quieres transmitir con tu novela y ve desarrollándola poco a poco añadiéndole detalles. Cuando acabes de desarrollarla, tendrás el argumento final de tu historia con el que construirás la posterior escaleta.
  • Decide el género. Es importante tener en cuenta el género que vas a escribir. No es lo mismo escribir una historia de homofobia, por ejemplo, desde una perspectiva romántica que desde una perspectiva policíaca. Hay que tener cuidado con eso.
  • Crea el mundo y diséñalo. Este es un consejo a tener en cuenta si escribes fantasía. Las leyes del mundo, su apariencia física, la jerarquía social, la gastronomía, las costumbres, etc. En el caso de que escribas novela histórica, tendrás que hacer una intensa labor de investigación y anotar todo lo que consideres esencial para tu mundo.
  • Define los atributos y la personalidad de los personajes. Nombre, edad, familia, historia, miedos, parejas, sueños, carácter, posibles reacciones ante problemas…Cuanto más especifiques las características de tus personajes, más fácil será conocerlos y saber cómo reaccionarán a lo largo de la historia.
  • Utiliza planificadores de otros autores. Esta es una herramienta que he estado usando con el #ProyectoTentacion. Dependerá del autor que lo haya diseñado, pero suelen incorporar plantillas rellenables de fichas de personajes, de mundos, escaletas, construcción de argumento, tramas, etc. Es algo muy útil.
  • Intenta que sea lo más sencillo posible. No tienes que complicarte la vida. Intenta poner todos los puntos o elementos de la historia de la forma más básica y sencilla posible. Ya te preocuparás más tarde de desarrollar cada uno de los detalles que te encuentres.
  • El plan debe tener fechas límites pero flexible. Para que sea un verdadero plan, debes establecerte fechas límites ya sea por capítulos, partes de la historia o número de palabras. Pero este plan también debe ser flexible ya que puede haber imprevistos y tengas que hacer cambios de última hora. Además, también debes poder incorporar alguna trama o elemento que se te ocurra en el último momento.
  • Céntrate en la estructura básica (introducción, nudo y desenlace). Si ves que estás atascad@ y no sabes cómo afrontar la planificación de la historia, lo mejor que puedes hacer es repartir las ideas que se te ocurran relacionadas con la historia en cada una de las partes. Es decir, distribuir las ideas en la introducción, el nudo y el desenlace.
  • Cada escena y capítulo deben tener un propósito. Este es un punto muy importante y que debes tener en cuenta, sobre todo, en la fase de corrección. Si una escena no aporta nada a la historia, es mejor eliminarla.
  • Confía en tu historia. Este no es un punto que tenga que ver directamente con la planificación, pero te va a ayudar mucho a lidiar con el síndrome del impostor. Sigue tu instinto, escribe lo que te llene y lo que te gustaría leer. Pero, sobre todo, no te compares con otros escritores.

Esto ha sido todo por esta semana. Dime, ¿cómo planificas tus historias?

En el almacén

Entré en el local y no podía creer que Jack estuviera allí. Hacía más que una semana que no nos veíamos, ni siquiera nos habíamos encontrado en los oscuros callejones de la ciudad. Pero por esa razón estaba allí. Había albergado la esperanza de que lo encontraría en la tienda, como la última vez.

Me acerqué al mostrador y le miré a los ojos. En su mirada estaba escrita la debilidad que sentía por mí. Los deseos que no podía esconder por mucho que lo intentara.

—¿Qué haces aquí? —La voz le temblaba.

—Tenía que verte —le respondí.

—Deberías irte —bajó la mirada de forma esquiva.

No quise obedecerle. Me metí detrás del mostrador, dónde estaba él, y le cogí de la oscura mano entrelazando nuestros dedos. Logré que volviera a mirarme a los ojos y lo arrastré hasta el almacén. Me separé unos segundos y cerré la puerta. Volví a ponerme junto a él, lo empujé hasta que su espalda quedó pegada a la pared y besé sus gruesos labios.

Colocó sus manos alrededor de mi gruesa cintura y sonreí al percibir que él deseaba lo mismo que yo. La dureza de sus pantalones comenzaba a presionar mi entrepierna, y la excitación crecía en mi interior. Separé mi boca de la suya y, mirándole a los ojos, agarré la hebilla de su cinturón. Lo desabroché, desabotoné el botón del pantalón y deslicé despacio la cremallera hasta bajarla por completo. Vislumbré sus calzoncillos rojos, me mordí el labio inferior de puro nerviosismo.

Bajé el elástico de su ropa interior y saqué su oscuro miembro. Con la boca levemente abierta, le miré a los ojos unos segundos para volver a detenerme en su falo. Pasé la yema del pulgar por la punta y dibujé pequeños círculos. Su cuerpo comenzó a tener leves temblores y podía oír los jadeos que salían de sus labios. La satisfacción recorría mi cuerpo junto con un dulce calor que terminaba en mi entrepierna. El hormigueo que sentía era delicioso y no paraba de sentir unas irrefrenables ganas de calmarlo.

—Vamos a arrepentirnos de esto —dijo Jack en un leve susurro.

—¿Quieres parar? —le pregunté mirándole a los ojos.

—No.

—Entonces vamos a disfrutar mientras podamos —dije sin apartar la mano de su pene mientras con la otra mano acariciaba su pecho por encima de la camisa y le daba tímidos besos en el cuello—. Siéntate en el suelo.

Me obedeció apoyando su espalda en la pared. Yo me deshice de los zapatos, los pantalones y la ropa interior. Estaba mojada y excitada. Sentía que los pechos iban a salírseme del sujetador de lo hinchados que estaban.

—Tendremos que darnos prisa, no vaya a ser que te echen de menos —dije con una sonrisa sobre sus labios.

De pronto, noté una inesperada presión en mi vagina. De improviso, Jack había metido su miembro en mi vagina sin que me diera tiempo a reaccionar.

—Pues aprovechemos el tiempo —dijo Jack juguetonamente.

Moví la pelvis sobre su pubis buscando aliviar mi hinchado clítoris. Comencé a cabalgar sobre su polla en cuclillas y me agarré a sus hombros para evitar caerme. Su miembro entraba y salía de mi cuerpo. Los jadeos se mezclaban con los besos mientras luchábamos por alargar el momento lo máximo posible. Agarré su mano y coloqué sus dedos índice y corazón sobre mi clítoris. Un largo jadeo se me escapó al sentir las yemas de sus dedos sobre mí y arqueé la espalda incapaz de aguantar el orgasmo un segundo más.

—No aguanto más —dije esforzándome por no gritar.

—Apoya las rodillas en el suelo.

Le obedecí. Comenzó a penetrarme muy rápido en busca de su propio placer al tiempo que acariciaba mi clítoris con el pulgar. El orgasmo llegó inundando cada centímetro de mi piel de tal manera que sentí que me mareaba. Las contracciones de mi coño causaron el orgasmo de Jack logrando que se corriera dentro de mí.

Me separé de él con la respiración agitada y me senté sobre el frío suelo frente a Jack. Ambos sonreímos al oír sonar la campana de la entrada que indicaba que un nuevo cliente había llegado a la tienda. Jack se acercó a mí, aún con el miembro flácido y relajado fuera de la ropa interior, y me dio un intenso beso con el que recorrió el interior de mi boca.

Nuestra historia estaba prohibida, pero aquello era lo único a lo que nos podíamos aferrar.

5 cosas que tendrás que asumir como escritor@

No sabía qué nombre ponerle a este post. Barajé la opción de llamarlo “la dura realidad del escritor@”, pero me pareció demasiado dramático incluso para mí. Así que se ha quedado con el nombre que ves en el título.

¿Por qué he decidido escribir esta entrada? Porque cuando empecé a escribir y decidí que quería ser escritora pensaba que todo esto era un camino de rosas, que mi caso iba a ser llegar y besar al santo. No sabes lo equivocada que estaba y ahora, con todas las cosas que sé, me doy cuenta de que romantizamos la profesión de escritor@.

Con esto que os voy a explicar no quiero decir que ser escritor@ no tenga nada bueno, al contrario, las cosas que nos aportan son grandiosas pero eso no quita que tenga cosas negativas. Dicho esto, vamos con el golpe de realidad.

  • No vas a ser original. Hoy en día es muy complicado crear algo que sea original y cuanto antes lo asumas mejor. ¿Por qué es importante darse cuenta de esto? Porque puede que termines de escribir una novela o un relato y un día leas el argumento de una película que es igual que tu manuscrito. No debes venirte abajo, no has plagiado nada. Simplemente es que el 90% de las historias ya están contadas. ¿Debes dejar de escribir porque no eres original? NO. Lo importante no es crear una historia original, sino la forma que tienes de contarla. Cuando asumas esto, disfrutarás mucho más con la escritura.
  • No te vas a hacer rico, a no ser que tengas mucha suerte o seas Megan Maxwell. Vas a tener que trabajar muy duro para vender tus libros y que la gente te conozca. Tendrás que asumir que puede que un día consigas vivir de tus libros, pero también puede que no y no por ello tienes que desilusionarte. Quédate con los bueno que te aporta la escritura dejando de lado el dinero.
  • Vas a acabar aburrido de promocionarte. Y puede que tus seguidores (pocos o muchos) no te hagan caso y no te compren tus libros. Pero no pasa nada. Aunque estés cansado y ya no sepas como promocionarte sigue intentándolo. No tengas expectativas con los resultados que obtendrás, agradece todo lo que recibas de tus lectores. Puede que sean muy pocos, pero aprécialos.
  • Tendrás que dedicarle muchas horas a tu novela/poemario/obra/manuscrito. Acabarás muy cansado. Habrá días que no puedas más. Que ni siquiera quieras oír hablar de escribir. En esos días, date un descanso y piensa cuál es tu meta, objetivo. Tienes que pensar en escribir como un trabajo que debes tomarte muy en serio si quieres alcanzar tus objetivos.
  • El síndrome del impostor siempre está acechando. Algunos días creerás que lo que estás escribiendo es el próximo bestseller y otros pensarás que nada de lo que escribes le gustará a la gente. Ignora al impostor, enciérralo en un cajón. Sé consciente de que en algún momento puede acudir a ti, pero no permitas que te domine.

¿Has tenido que asumir algo más que nos esperabas como escritor@?