“No puedes distinguir una lágrima en mitad de una tormenta”

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Hola, me llamo Yolanda y soy escritora, aunque gustaría llegar a ser autora y vivir de lo que me gusta hacer: escribir. Soy una bibliófila. Adoro los libros, las historias, la música y el invierno. En este pequeño espacio podréis leer los relatos de hago cada semana y, de forma alterna, trataré diversos temas relacionados con la escritura.

He colocado una sección nueva en la que os muestro todos los libros que tengo publicados tanto en Amazon como en otras plataformas, por si queréis echarle un vistazo.

Espero que disfrutéis de este espacio tanto como yo. Bss.

Miedo al manuscrito

Puede que no entiendas del todo el título del post de hoy si no has experimentado el bloqueo de escritor o el síndrome del impostor.

La última vez que tuve miedo a mi manuscrito (Proyecto Tentación) fue en julio, cuando quise darle un empujón a la escritura para poder terminar el borrador inicial. Me metí tanta presión por escribir un determinado número de palabras al día que acabé bloqueándome a mí misma. Tuve que estar dos semanas sin escribir nada para poder reponer mi cerebro y retomé la escritura poco a poco. Para eso me sirvió mucho escribir los posts del blog, ya que no son textos demasiado largos. También procuré conocer más la historia de mis personajes para comprenderlos mejor y entenderlos.

Creo que el miedo que le podamos tener a nuestros manuscritos es la propia presión que nosotr@s nos ponemos. Queremos tener nuestros libros escritos en un determinado plazo de tiempo, de una determinada forma y sin errores cuando eso no siempre es posible. Me atrevería a decir que no hay ningún primer borrador perfecto. Cuando creamos una historia, deberíamos dejar a un lado el perfeccionismo y centrarnos más en lo que ese libro nos hace sentir.

Es un consejo que yo misma debería aplicarme, pero es complicado llevarlo a cabo. Es como que queremos tener ya el borrador escrito, la corrección hecha y el manuscrito maquetado antes siquiera de haber comenzado la fase anterior. Nos preocupamos demasiado por el resultado y deberíamos ocuparnos de disfrutar de todo el proceso porque es simplemente maravilloso. Yo hoy he disfrutado con mi novela. ¿Y tú? ¿Lo has hecho?

Tengo noticias

Vengo hoy con un post rápido para decirles, después de muchos meses pensando y dándole vueltas, que ya está lista mi newsletter. ¡Estoy muy emocionada! He tenido que aprender bastante, buscar información por donde he podido al mismo tiempo que seguía escribiendo pero ya está lista.

Y, como regalo por apuntarse, recibiréis un marcapáginas diseñado por mí de mi novela Nacida de la Rabia. Cada viernes tendréis en vuestro correo un email mío hablando de mis proyectos, haré más regalos y puede que ofrezca algún capítulo en exclusiva de mis proyectos actuales. En función de la acogida de la newsletter iré haciendo algún que otro regalito.

Aquí dejo el enlace para os apuntéis:

http://eepurl.com/hIETW9

Sólo tenéis que escribir vuestro email y vuestro nombre. Automáticamente recibiréis un correo con el enlace para descargar el marcapáginas.

Y eso es todo. Sólo espero que os guste y la disfrutéis.

De padres a hijos

Hay una idea que tengo en la cabeza desde hace algunas horas y creo que necesito sacarla de mi cabeza y compartirla contigo.

Los hijos somos personas desagradecidas. No apreciamos todas las cosas que nuestros padres hacen por nosotros. Pero también he llegado a una conclusión: los padres también son desagradecidos. No valoran a sus hijos, ni los tratan como seres humanos.

Al igual que pasa con los padres, los hijos no venimos al mundo con un manual de instrucciones en el pañal sobre cómo ser el hijo perfecto y creo que esa no debería ser nuestra meta en la vida. Los hijos también tenemos sentimientos, inseguridades, sentimos dolor emocional y cometemos errores de los que nos arrepentimos o no. Tenemos orgullo y dignidad, nuestros propios valores y pensamientos que no siempre tienen que coincidir con los de nuestros padres.

Tenemos derecho a cometer errores y no la obligación de rendir pleitesía a nuestros progenitores. En mi caso y creo que en el de mucha gente, yo no le pedí a nadie venir a la vida y no pienso que se trate de una deuda que tenga que saldar. Tengo derecho a no ser perfecta, a equivocarme y discutir lo que no me parece bien o justo. Quiero poder decir mis opiniones y planes aunque sean contrarios a los de mis padres. Quiero tener la libertad de decidir lo que quiero hacer y que me den mi espacio para poder desarrollarme.

Nos ha tocado vivir en una época en la que todo es más fácil, pero a la vez muy difícil. Se le exige a la gente joven que tenga responsabilidades y trabaje, pero al mismo tiempo se les trata como niños y las empresas piden que tengamos una experiencia desorbitada. Estamos viviendo unos años en los que no nos sirven de nada los títulos que hemos conseguido. Es muy frustrante, y lo único que nos queda es disfrutar del momento agradeciendo la suerte de que aún sigamos vivos después de los meses tan convulsos que hemos pasado.

Con esto quería decir que, aunque yo no soy madre, tratemos a los hijos como lo que son: personas. No son jarrones y cajas que puedas manipular a tu antojo y sean de tu propiedad. Son seres humanos que necesitan amor y cariño. Necesitan a personas que los quieran de forma incondicional.

Tras un día agotador

Abrió la puerta de casa y Bea suspiró de alivio de poder llegar a su hogar y estar sola unas horas antes de que sus hijos llegaran a casa del instituto. Dejó la chaqueta sobre el perchero y se quitó los zapatos sin ayudarse con las manos. La jornada de trabajo había terminado por ese día y necesitaba relajarse un rato. Desconectar del estrés acumulado.

El trabajo, los hijos, su pareja, su familia…su mente necesitaba liberarse unos minutos de todas las preocupaciones que la abordaban día a día. Se le ocurrió la idea de un baño relajante. Con el agua calentita, unas sales de baño, unas velas aromáticas y una copa de vino blanco. Eso la ayudaría a dejar la mente en blanco durante un rato. No se lo pensó más.

Caminó hasta su habitación y se desnudó con prisa. Sabía que en cualquier momento podían llegar sus tormentos a casa y la tranquilidad de Bea se terminaría. Por una fracción de segundo se miró ante el espejo sin ropa. Se excitó ante su imagen desnuda. Sus pechos estaban hinchados ante su inminente regla que pronto le bajaría y su monte de venus tenía un excesivo vello. Sin embargo, el vello no le molestaba, sino que la excitaba más todavía. Enredó sus dedos entre el pelo rizado de su entrepierna y acarició sus labios exteriores.

Sintió su cuerpo temblar ante el contacto de sus propios dedos. Miró la hora en el reloj y, al ver que tenía tiempo de sobra, se sentó al borde de la cama. Abrió las piernas y deslizó la mano entre sus pliegues. Buscó sus fluidos de excitación e impregnó los dedos con ellos. Jugó con su humedad. Acarició el espacio que había entre sus labios mayores y menores. La tensión empezaba a acumularse en su vagina y pedía a gritos que aliviara el dolor que comenzaba a sentir. Movió la pelvis ligeramente hacia arriba. El olor de sus fluidos ya comenzaba a impregnar la habitación.

Subió la mano que le quedaba libre por el estómago hasta alcanzar su pecho izquierdo y se acarició el pezón hasta que se endureció de deseo. Terminó de tumbarse en el colchón y dirigió sus esfuerzo hacia su clítoris. Usando sus cálidos fluidos, lo masajeó dibujando amplios círculos con los dedos que cada vez eran más y más pequeños. Dejó de los jadeos salieran de su garganta sin ningún control. Se mordió el labio inferior y gimió al tiempo que movía las caderas buscando obtener más placer.

Aumentó la rapidez con la que se frotaba. El botón de su entrepierna estaba muy hinchado y sobresalía por encima de sus labios. Con un dedo dibujaba líneas rectas y rápidas sobre sus clítoris hasta que el placer estalló sobre su cuerpo. Sus cuerdas vocales estallaron en un grito que se oyó por toda la casa. Arqueó la espalda formando una “C” con la columna. Sentía que el corazón iba a salírsele del pecho, pero conforme los minutos pasaban se fueron acompasando y su respiración se calmaba.

Dio una última caricia a sus sensibles pliegues húmedos y se levantó de la cama. Volvió a mirarse en el espejo y se sentía mucho más sexy que minutos antes. Sonrió de forma segura y entró en el baño dispuesta a darse su ducha relajante.

Cambiando Proyectos

Holii!!

En este post voy a ir al grano directamente. Primero porque he estado toda la mañana escribiendo y no tengo mucho tiempo. Segundo porque creo que las novedades deben ir sin paños calientes. Así que, ¡vamos allá!

Desde hace unos meses estoy escribiendo el Proyecto Tentación, pero se me ha quedado demasiado largo (más de doscientas páginas). Así que he estado unas semanas pensando qué podría hacer porque luego tengo que corregir todo lo que escriba y no me gustaría desmayarme en el intento (jeje).

Entonces se me ocurrió que podría dividir la novela en dos partes, ya que cuenta dos historias paralelas. Al principio no estaba muy convencida porque la idea inicial dejaba de tener sentido, pero en los últimos días he tomado la decisión de hacerlo.

Así que ahora mismo tengo dos manuscritos entre manos: uno con casi 100 páginas y otro que las sobrepasa. Ahora estoy mucho menos agobiada y con las ideas algo más claras. Por ello, finalmente habrá una novela con la historia principal y otra con la precuela de esta historia.

También me estoy planteando hacer algunos cambios en los personajes principales pero aún no he decidido nada.

En cualquier caso, os iré informando.

¿Me contáis novedades de vuestros proyectos?

Retorno al pasado

Cuanto más tiempo pasa me doy cuenta de que estamos volviendo al pasado en lugar de ir hacia el futuro. Y cuando hablo de que volvemos al pasado me refiero a que quieren que las mujeres retrocedamos al pasado.

Nos piden que nos escondamos, que ocultemos algo que es natural, que no saquemos a la luz nuestros instintos. Yo me considero una mujer afortunada que no ha tenido que vivir muchas situaciones propias del machismo al contrario que mis amigas. Sin embargo, a medida que pasan los años, veo que los estragos del machismo se acercan a mí y me exigen cosas que no estoy dispuesta a dar.

No voy a maquillarme todos los días si no me apetece. No voy a vestirme de una forma femenina y delicada cuando salga a la calle si no me siento cómoda con ello. Saldré con mis amigas con pelos de loca y sin depilar si es lo que quiero. No tendré pareja si no conozco a una persona que me respete y me comprenda. Mi objetivo en la vida no es casarme ni tener hijos.

Me gusta ser mujer. Me enorgullezco de mi género, pero hay ciertas cosas que no soporto. Odio tener que ocultar cosas como la menstruación para que todo el mundo se siento cómodo. Tendríamos que tener ya más que aceptado el cuerpo de la mujer y su naturaleza. ¿Por qué tengo yo que tener cuidado con lo que muestro de mi cuerpo mientras que un hombre puede mostrarse sin camiseta y es lo más normal del mundo?

Es injusto que en 2021 aún tengamos que aguantar comportamientos tan retrógradas. Es injusto no poder ser libre en una sociedad que te hace pensar que sí lo eres. Lo peor es que cuanto más tiempo pase menos libre seremos.

Reflexión de Septiembre

Hola de nuevo, lectorcill@s. ¿Me habéis echado de menos? ¡Yo a vosotr@s sí! Este mes de descanso de redes y programar artículos me ha venido de perlas. Ya notaba que estaba sobrepasada con tantas cosas que hacer y noto que mi mente ha descansado mucho. Sin embargo, eso no quiere decir que haya dejado de escribir durante este mes.

Le he estado dando caña al Proyecto Tentación, la novela que empecé a escribir en abril y aún no he terminado. Me está quedando bastante larga. Ya llevo más de 80.000 palabras y estoy temiendo el momento de tener que ponerme a corregir el manuscrito. Aun así, intento no pensar demasiado en ello.

También he estado pensando en el rumbo que quiero que tomen el blog y mis redes sociales de escritora. En los últimos meses me está costando bastante ser constante con mis redes (sobre todo Instagram), así que he decidido que voy a intentar interactuar en Twitter todo lo que pueda y en Instagram sólo subiré posts cuando tenga algo que decir relacionado con mis proyectos, quiera hacer alguna reflexión o anunciar alguna decisión como estoy haciendo ahora en el blog con este post.

Respecto al blog, quiero hablar más sobre mis proyectos aquí, compartir mis pensamientos y reflexiones. Los relatos se mantendrán, pero ya no seguiré haciendo entradas de investigación sobre escritura o libros. También he estado pensando en hacer una newsletter así que si estáis interesados en ella dejádmelo en los comentarios de este post y veré la forma de hacerlo.

Por último pero no menos importante, quiero agradeceros a todos y cada uno de vosotros que gastéis vuestro tiempo en leerme. Quiero daros las gracias por cada me gusta, cada comentario y cada nuevo suscriptor del blog. Sois un amor. Nos vemos la semana que viene.

Gracias a tod@s

La escritora desconcentrada

La joven escritora se encontraba en el jardín de la casa de su ¿amante? aporreando las teclas de su portátil ante una ola de inesperada inspiración. Le encantaba escribir en el jardín, se había convertido en su lugar favorito: el aire fresco, los pies descalzos sobre la hierba, el paisaje de la playa a lo lejos…para ella era un paraíso.

Miranda, desde hacía años, había tenido la tentación de dejar de escribir siempre que alguien se acercaba, la avergonzaba que cualquier persona leyera las primeras versiones de sus escritos. Pero con Tyler había sido diferente. Dejaba que leyera lo que escribía. A veces estaba cuatro y cinco horas escribiendo, y no le importaba que lo leyera todo.

Tyler se acercó a ella y empezó a acariciarle el cuello con suaves besos. Las cosquillas le recorrían la piel, pero no dejó de escribir. Él, mientras seguía besándola, bajó su mano por el estómago de Miranda, hasta llegar a sus vaqueros. Los desabrochó, bajó la cremallera haciendo un estridente ruido, y deslizó la mano dentro de su ropa interior. Por la sorpresa, Miranda dejó de escribir unos segundos.

–Sigue escribiendo –le ordenó él con una sensual voz ronca.

Ella intentó volver a escribir, pero ya estaba desconcentrada, no podía articular ni una sola frase. Tyler usó la humedad de Miranda para masajear su clítoris y fue dibujando pequeños círculos. Notó como aquel minúsculo botón se iba hinchando de excitación al tiempo que Miranda no paraba de jadear. Mantenía los puños cerrados y movía las caderas sobre su mano en busca de más placer. El orgasmo sacudió el cuerpo de Miranda en pocos minutos y gritó dando gracias de que estuvieran solos en la casa.

Con una sonrisa, miró a Tyler y, por unos instantes, odió lo inoportuno que podía llegar a ser, pero también amaba que hiciera aquellas cosas en los momentos más inesperados. Él sacó la mano de los pantalones de Miranda y se chupó los dedos ruidosamente. Ella se fijó en el bulto que predominaba en sus pantalones.

Con dedos temblorosos, descubrió su miembro y se lamió los labios como si se encontrara ante una suculenta golosina. Le echó una mirada traviesa y cubrió con sus labios el capuchón. Recorrió con su caliente lengua cada rincón de la piel de su miembro. Besó cada centímetro de su envergadura y se ayudó de las caricias de sus dedos para excitarlo aún más. Siguió lamiendo y chupando hasta que, haciendo movimientos ascendentes con su mano, logró que Tyler se corriera.

El temblor recorrió cada rincón del masculino cuerpo y los murmullos de placer no pararon de sucederse. Miranda observaba los espasmos de su cuerpo juguetonamente mientras aprisionaba con sus dientes el labio inferior. Se estaba convirtiendo en una visión de la que disfrutaba y cada día era mejor que el anterior. Miranda se puso de pie y se adentró en la casa despacio ante la inquisitiva mirada de Tyler que sonreía ante su chulería.

Clásicos Románticos

Dentro de los clásicos de la literatura podemos encontrar todo tipo de libros y, entre ellos, los románticos. Por ello, con curiosidad, he investigado qué libros a lo largo de la historia se han publicado y correspondan a los clásicos de la literatura.

  • Romeo y Julieta de William Shakespeare.
  • Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.
  • Cumbres Borrascosas de Emily Brontë.
  • Jane Eyre de Charlotte Brontë.
  • Madame Bovary de Gustave Flaubert.
  • Como agua para chocolate de Laura Esquivel.
  • El fantasma de la ópera de Gastón Leroux.
  • Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell.
  • El amor en los tiempos de cólera de Gabriel García Márquez.

De esta lista sólo me he leído Orgullo y prejuicio, Como agua para chocolate y Lo que el viento se llevó y todas estas novelas me gustaron. Me gustaría leerme Los libros de las hermanas Brontë y El fantasma de la ópera, así que espero hacerlo pronto.

Debemos dejar de tenerle miedo a los clásicos (le dijo la sartén al cazo) porque son libros perfectamente normales y, en la mayoría de los casos, entendibles.

¿Cuál es tu clásico favorito?